FERNANDO ESTEVE MORA
Dediqué un par de entradas a Donald Trump. Una cuando llegó por primera vez a la Casa Blanca (https://www.rankia.com/blog/oikonomia/3387239-donald-trump-triunfo-empresariado ), la otra, el año pasado, cuando llegó por segunda vez (https://www.rankia.com/blog/oikonomia/6283137-regreso-donald-trump ). De la primera han pasado ya 10 años, la segunda es del año pasado.
Y, ¡mira por dónde!, aunque cada vez tengo más claro que me equivoqué o al menos que no dí tanto en el calvo como pensaba, me siguen gustando y estoy sustancialmente de acuerdo con lo que en ellas decía, salvo -eso sí- con la ingeniosa tesis de la primera entrada de explicar el energumenísmo estético, moral, intelectual y político del que hacía y ha seguido haciendo gala Trump, a la manera borgiana , o sea, como una manera de tratar de conseguir precisamente que no se le votara y así no llegar a la presidencia de los EE.UU. pues nada -pensaba yo- se le había perdido a un empresario de su calaña en ella. Resulta claro que, si eso a lo mejor pudiera haber sido cierto allá por el año 2016, dejó de serlo posteriormente y Trump, eso está claro, disfruta siendo presidente.
En ambas entradas usaba por otra parte como el proverbial hilo conductor la idea de que el comportamiento de Donald Trump como presidente se explicaría y hasta se predeciría a partir de su "cableado" o software mental que era obvio, era y es de tipo empresarial. Me hacía cruces deduciendo de ello que, quizás, a pesar de sus evidentes carencias intelectuales y de sus proclamadas estupideces y salidas de tono, muy características por cierto de los empresarios que no suelen ser propensos a " perder el tiempo" en cosas que exigen o requieren sutilezas intelectuales (no hay más que echar una ojeada en las librerías a los estantes de libros para empresarios, sí esos del tipo "¿Quién me ha robado mi queso?" o "Shakespeare (o Maquiavelo o Cervantes o Sun- Tzu) para empresarios", libros de pocas páginas y de letras hipergrandes, como los libros para niños), esperaba de él sin embargo que las tradicionales virtudes empresariales: la negociación y el acuerdo al margen de lo ideológico y hasta de lo moral, y la búsqueda de la rentabilidad pudiesen ser de utilidad para resolver algunos de los problemas en que más enquistado se encontraran los EE.UU. y el mundo. Sobre todo tenía la esperanza en que siendo la guerra un claro inconveniente para la mayoría de los negocios (exceptuando los del complejo militar industrial) confiaba en que la hegeliana astucia de la razón, encarnándose inesperadamente en un energúmeno como Trump llevase al final de guerras empantanadas y peligrosas en la medida que se revestían de los disfraces de la moral y la religión. Es decir, que esperaba que quizás un empresario presidente fuese mejor de lo esperado.
Me he equivocado. Y no porque crea que mi "tesis" fuera incorrecta sino porque al final Trump ha resultado ser no un empresario-presidente de los EE.UU., sino un presidente-empresario. Es decir, no un empresario "de raza" que ahora esté haciendo de presidente, sino como un presidente que está usando de su situación privilegiada para comportarse como un empresario. o sea, para "hacer pasta". Y esa diferencia aparentemente gramatical, formal, es fundamental y con implicaciones conceptuales y efectos muy serios.
Veamos, un empresario que haga de presidente puede tratar, como repetía yo en mis anteriores entradas sobre Trump, de afrontar problemas políticos enmarañados, metidos en callejones sin salida a causa de discrepancias morales o políticas, tratándolos como problemas económicos/empresariales, y desde esta perspectiva una solución en que ambas partes ganen casi siempre es posible, pues no es infrecuente llegar a acuerdos que beneficien a todas las partes implicadas si estas pasan de ser enemigas a ser rivales, como lo son los empresarios cuando compiten en los mercados, es decir cuando los problemas precisamente se dejan de considerar como problemas sólo morales o éticos, pues es característico de este tipo de problemas el que para ellos no valgan componendas, ya que entre el Bien y el Mal no hay término medio.
Por contra, un presidente que vaya de empresario de lo que va es de hacer caja, o sea, de usar de sus poderes para enriquecerse. Pues bien, repetidamente están saliendo noticias que muestran a las claras cómo Donald Trump y su familia y sus coleguitas se están enriqueciendo sencillamente porque operan en los mercados con información privilegiada. Concretamente saben con precisión, ¡cómo no!, cuando Donald Trump va o no va a hacer algo o se va a echar para atrás en cualquiera de sus amenazas que obviamente afectan a los mercados. Se ha visto con absoluta regularidad en el año que lleva en su presidencia. Tanto en su política interior como en sus políticas exteriores ya sea de aranceles o de tipo internacional, sea cual haya sido el "escenario" donde se haya inmiscuido. Por supuesto, en la medida que los "mercados" empiezan a conocer su errático comportamiento y este empieza a dejar de serlo y aparece así cada vez más claro que hay "método en su locura" y empieza a ser predecible (TACO. "Trump-Alñways-Chicken-Out", "Trump siempre acaba echándose atrás" es ya un mantra repetido), se ve obligado a invertir más esfuerzos en forma de un nivel de amenazas más elevado o un cambio de postura más forzado para conseguir que los mercados reaccionen como él y los suyos quieren para "hacer caja".
Ese ha sido el caso estos últimos días. Tras amenazar nada menos que con un ataque contra Irán que llevaría nada menos al final de una civilización (por cierto, ¿de cuál?) si Irán no se plegaba a sus exigencias, lo que llevó lógicamente a dispararse el precio del petróleo y a caer las bolsas, de pronto y nadie sabe a resultado de qué negociación, el "acuerdo" salió adelante mál que bien y, como era de esperar, los precios del petróleo cayeron y las bolsas repuntaron. Gran negocio haber jugado a la baja y al alza para quien supiese lo que iba a pasar. Y una vez más, se ha sabido que hay quien ha hecho muchísimo nuevamente dinero en esta nueva versión de esta repetida función teatral. O sea, ha habido mucho dinero para Trump y los suyos. Una vez más se ha repetido la misma historieta, el presidente-empresario llenándose los bolsillos con una información privada privilegiada, y tanto que privada y tanto que privilegiada si es la que él, el mismo Presidente de los EE.UU. de América produce.
Sí, ya se que resulta de salida poco creíble que todo un presidente de los EE.UU. comprometa su política a esos movimientos para "ganar pasta". Y sí, cierto que cualquiera podría pensar que Trump ya tendría más de lo suficiente y que, más bien, sus deseos de "figurar" hoy y labrarse una reputación para que su nombre "figure" también en el futuro en nada se conjugarían con esa política de movimientos carentes de lógica interna sólo generadora de rentas especulativas. Pero en contra puede decirse Trump es Trump, que el "colorao" parece moverlo más que cualquier otra cosa, y que esas dos hipótesis no son contrapuestas en alguien que está como él lo está convencido de que lo que es bueno para él es lo mejor para los EE.UU., de modo que el que el gane dinero parece parecerle la antesala normal a que "América" también lo gane, en lo que se resumiría y se cumpliría su objetivo de "hacerla de nuevo grande".
Finalmente, ha de resultar por cierto evidente que, dada la capacidad de asimilar y descontar las noticias e informaciones que tienen los mercados en la medida que su adaptación y tolerancia es mucho más elevada que la de los yonquis a la heroína, es enteramente predecible que la próxima vez que Trump quiera "hacer caja" a lo grande se verá obligado a recurrir al arma nuclear si quiere quye tenga un impacto lo suficientemente potente como para que él pueda aprovecharse del miedo provocado. No sé si contra Irán, o Rusia o China, pero el próximo vayvén en los mercados seguro que ya se habla de guerra nuclear. Y eso eso dejaría de ser un asunto de trileros a lo grande para pasar a ser algo peligroso, muy peligroso.
Dediqué un par de entradas a Donald Trump. Una cuando llegó por primera vez a la Casa Blanca (https://www.rankia.com/blog/oikonomia/3387239-donald-trump-triunfo-empresariado ), la otra, el año pasado, cuando llegó por segunda vez (https://www.rankia.com/blog/oikonomia/6283137-regreso-donald-trump ). De la primera han pasado ya 10 años, la segunda es del año pasado.
Y, ¡mira por dónde!, aunque cada vez tengo más claro que me equivoqué o al menos que no dí tanto en el calvo como pensaba, me siguen gustando y estoy sustancialmente de acuerdo con lo que en ellas decía, salvo -eso sí- con la ingeniosa tesis de la primera entrada de explicar el energumenísmo estético, moral, intelectual y político del que hacía y ha seguido haciendo gala Trump, a la manera borgiana , o sea, como una manera de tratar de conseguir precisamente que no se le votara y así no llegar a la presidencia de los EE.UU. pues nada -pensaba yo- se le había perdido a un empresario de su calaña en ella. Resulta claro que, si eso a lo mejor pudiera haber sido cierto allá por el año 2016, dejó de serlo posteriormente y Trump, eso está claro, disfruta siendo presidente.
En ambas entradas usaba por otra parte como el proverbial hilo conductor la idea de que el comportamiento de Donald Trump como presidente se explicaría y hasta se predeciría a partir de su "cableado" o software mental que era obvio, era y es de tipo empresarial. Me hacía cruces deduciendo de ello que, quizás, a pesar de sus evidentes carencias intelectuales y de sus proclamadas estupideces y salidas de tono, muy características por cierto de los empresarios que no suelen ser propensos a " perder el tiempo" en cosas que exigen o requieren sutilezas intelectuales (no hay más que echar una ojeada en las librerías a los estantes de libros para empresarios, sí esos del tipo "¿Quién me ha robado mi queso?" o "Shakespeare (o Maquiavelo o Cervantes o Sun- Tzu) para empresarios", libros de pocas páginas y de letras hipergrandes, como los libros para niños), esperaba de él sin embargo que las tradicionales virtudes empresariales: la negociación y el acuerdo al margen de lo ideológico y hasta de lo moral, y la búsqueda de la rentabilidad pudiesen ser de utilidad para resolver algunos de los problemas en que más enquistado se encontraran los EE.UU. y el mundo. Sobre todo tenía la esperanza en que siendo la guerra un claro inconveniente para la mayoría de los negocios (exceptuando los del complejo militar industrial) confiaba en que la hegeliana astucia de la razón, encarnándose inesperadamente en un energúmeno como Trump llevase al final de guerras empantanadas y peligrosas en la medida que se revestían de los disfraces de la moral y la religión. Es decir, que esperaba que quizás un empresario presidente fuese mejor de lo esperado.
Me he equivocado. Y no porque crea que mi "tesis" fuera incorrecta sino porque al final Trump ha resultado ser no un empresario-presidente de los EE.UU., sino un presidente-empresario. Es decir, no un empresario "de raza" que ahora esté haciendo de presidente, sino como un presidente que está usando de su situación privilegiada para comportarse como un empresario. o sea, para "hacer pasta". Y esa diferencia aparentemente gramatical, formal, es fundamental y con implicaciones conceptuales y efectos muy serios.
Veamos, un empresario que haga de presidente puede tratar, como repetía yo en mis anteriores entradas sobre Trump, de afrontar problemas políticos enmarañados, metidos en callejones sin salida a causa de discrepancias morales o políticas, tratándolos como problemas económicos/empresariales, y desde esta perspectiva una solución en que ambas partes ganen casi siempre es posible, pues no es infrecuente llegar a acuerdos que beneficien a todas las partes implicadas si estas pasan de ser enemigas a ser rivales, como lo son los empresarios cuando compiten en los mercados, es decir cuando los problemas precisamente se dejan de considerar como problemas sólo morales o éticos, pues es característico de este tipo de problemas el que para ellos no valgan componendas, ya que entre el Bien y el Mal no hay término medio.
Por contra, un presidente que vaya de empresario de lo que va es de hacer caja, o sea, de usar de sus poderes para enriquecerse. Pues bien, repetidamente están saliendo noticias que muestran a las claras cómo Donald Trump y su familia y sus coleguitas se están enriqueciendo sencillamente porque operan en los mercados con información privilegiada. Concretamente saben con precisión, ¡cómo no!, cuando Donald Trump va o no va a hacer algo o se va a echar para atrás en cualquiera de sus amenazas que obviamente afectan a los mercados. Se ha visto con absoluta regularidad en el año que lleva en su presidencia. Tanto en su política interior como en sus políticas exteriores ya sea de aranceles o de tipo internacional, sea cual haya sido el "escenario" donde se haya inmiscuido. Por supuesto, en la medida que los "mercados" empiezan a conocer su errático comportamiento y este empieza a dejar de serlo y aparece así cada vez más claro que hay "método en su locura" y empieza a ser predecible (TACO. "Trump-Alñways-Chicken-Out", "Trump siempre acaba echándose atrás" es ya un mantra repetido), se ve obligado a invertir más esfuerzos en forma de un nivel de amenazas más elevado o un cambio de postura más forzado para conseguir que los mercados reaccionen como él y los suyos quieren para "hacer caja".
Ese ha sido el caso estos últimos días. Tras amenazar nada menos que con un ataque contra Irán que llevaría nada menos al final de una civilización (por cierto, ¿de cuál?) si Irán no se plegaba a sus exigencias, lo que llevó lógicamente a dispararse el precio del petróleo y a caer las bolsas, de pronto y nadie sabe a resultado de qué negociación, el "acuerdo" salió adelante mál que bien y, como era de esperar, los precios del petróleo cayeron y las bolsas repuntaron. Gran negocio haber jugado a la baja y al alza para quien supiese lo que iba a pasar. Y una vez más, se ha sabido que hay quien ha hecho muchísimo nuevamente dinero en esta nueva versión de esta repetida función teatral. O sea, ha habido mucho dinero para Trump y los suyos. Una vez más se ha repetido la misma historieta, el presidente-empresario llenándose los bolsillos con una información privada privilegiada, y tanto que privada y tanto que privilegiada si es la que él, el mismo Presidente de los EE.UU. de América produce.
Sí, ya se que resulta de salida poco creíble que todo un presidente de los EE.UU. comprometa su política a esos movimientos para "ganar pasta". Y sí, cierto que cualquiera podría pensar que Trump ya tendría más de lo suficiente y que, más bien, sus deseos de "figurar" hoy y labrarse una reputación para que su nombre "figure" también en el futuro en nada se conjugarían con esa política de movimientos carentes de lógica interna sólo generadora de rentas especulativas. Pero en contra puede decirse Trump es Trump, que el "colorao" parece moverlo más que cualquier otra cosa, y que esas dos hipótesis no son contrapuestas en alguien que está como él lo está convencido de que lo que es bueno para él es lo mejor para los EE.UU., de modo que el que el gane dinero parece parecerle la antesala normal a que "América" también lo gane, en lo que se resumiría y se cumpliría su objetivo de "hacerla de nuevo grande".
Finalmente, ha de resultar por cierto evidente que, dada la capacidad de asimilar y descontar las noticias e informaciones que tienen los mercados en la medida que su adaptación y tolerancia es mucho más elevada que la de los yonquis a la heroína, es enteramente predecible que la próxima vez que Trump quiera "hacer caja" a lo grande se verá obligado a recurrir al arma nuclear si quiere quye tenga un impacto lo suficientemente potente como para que él pueda aprovecharse del miedo provocado. No sé si contra Irán, o Rusia o China, pero el próximo vayvén en los mercados seguro que ya se habla de guerra nuclear. Y eso eso dejaría de ser un asunto de trileros a lo grande para pasar a ser algo peligroso, muy peligroso.