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Causó hace un par de años cierto revuelo el estudio de tres psicólogos, J.Lammers, D.Srapel y A.Gairnsky titulado "Power Increases Hypocrisy. Moralizing in reasoning, Immorality and Behavior" en Psychological Science (2010) en el que trataban de discernir la relación entre hipocresía moral y posición social. El estudio, que era de tipo experimental, concluía que los poderosos en general tendían a ser mucho más hipócritas que los que carecían de poder, en el sentido de que juzgaban los comportamientos inmorales de los demás de modo mucho más duro que sus propios comportamientos inmorales. Es decir, que caracteriza a los que ostentan algún tipo de poder el suscribir y adoptar para ellos mismos  una "moralidad" del tipo  "ley del embudo", o sea,  altos niveles de exigencia moral para los otros, y actitud más que tolerante y permisiva para consigo mismos.  

Teniendo en cuenta además que es consecuencia obvia de la asunción de este tipo de "moralidad" el comportamiento corrupto,  pues siempre la corrupción propia hallará disculpa para quien usa de la ley del embudo, una implicación  de este estudio es que venía a confirmar el famoso dicho de Lord Acton, ése que afirma taxativamente que "todo poder corrompe". Es decir, que, a tenor de lo que se seguía del estudio, no es tanto -como a veces se piensa- que los poderosos sean corruptos porque el poder atraiga a los que ya de entrada son corruptos, sino que, más bien, lo que sucede es que es el ejercicio del poder el que vuelve corruptos a quienes lo ostentan. Y este poder corruptor del poder se daría en cualesquiera campos de la vida en que en las relaciones interpersonales estuvieran organizadas jerárquicamente, donde hubiese una clara separación entre poderosos y los demás.

La verdad es que, en principio, no parecería haber en este estudio nada sorprendente. A nadie choca, y es bien conocido a partir de los escasos datos que suele filtrar a este respecto  la Agencia Tributaria, que los económicamente poderosos, o sea, los empresarios en general, se caracterizan por lo general por su pertinaz incumplimiento de las leyes fiscales, y esto por no hablar de su actitud ante las laborales y las de medio ambiente. De igual manera, quienes se encuentran en la cúspide del mundo cultural y artístico se suelen comportar con una absoluto desprecio hacia las normas morales de la sociedad, e incluso  llevan a gala transgredir las convenciones sociales, aunque no aceptan tan fácilmente que los demás hagan lo mismo (pues, a fin de cuentas, si no hay un standard moral contra el que atentar, ¿qué sentido tendría dedicarse a épater le bourgeois, que es una de las señas de identidad de esos colectivos "artísticos"?). Y, finalmente, en el mudo de la política, la corrupción campa tanto por sus respetos como bien sabemos quienes vivímos en este país que siquiera mentarla es una redundancia.  

Todo esto es lugar común. Pero es que el estudio iba un poco más lejos. Mostraba que la hipocresía moral de los poderosos estaba en relación directa con la autoexplicación justificativa que los propios poderosos se daban acerca de las "razones" que estaban por debajo de su acceso a los puestos de poder. Sucedía que la hipocresía moral y la consigiuiente corrupción  eran mucho mayores y más profundas si el poderoso inmoral y corrupto era, además, soberbio y pensaba que su poder era merecido , es decir, que  estaba justificado por las razones que fuera. A mayor creencia en lo merecido de su poder, mayor hipocresía moral.  Por el contrario, aquellos poderosos que creían o aceptaban que debían su posición de poder a la suerte, al azar, a la casualidad, no diferían en cuanto a su nivel de hipocresía moral de quienes no eran poderosos. Incluso sucedía que  estos "humildes" poderosos, que pensaban que su poder era en último término azaroso, casual o incluso inmerecido se caracterizaban por un comportamiento opuesto a la hipocresía moral, a lo que los autores del estudio  denomimaron "hipercresía", que consistiría en la aplicación de criterios morales más duros respecto a sus propios comportamientos inmorales que los que aplican a  comportamientos semejantes de los demás, Es decir, los hipércritas serían más duros para sí mismos de lo que lo son respecto a los otros. Y esto, sin duda, es de lo más curioso.

Max Weber, aquel grandísimo sociólogo, distinguió entre tres tipos de poderes o modos de dominación en función del tipo de legitimación que los sustentaba, tipos que vienen aquí bien al caso si consideramos que legitimación social y creencia en merecimiento personal suelen ir de la mano. Es decir, que si socialmente se estima que alguien está legitimado a un puesto de poder, normalmente también este individuo tenderá a creer que se lo merece. Pues bien, para Weber había tres tipos de poder merecido. Está, en primer lugar,  el poder carismático, que es aquel en que el poderoso  se explica o justifica su legitimación para tenerlo acudiendo a una "razón" excepcional de tipo mágico, religioso  o extraracional (recuérdese que carisma viene del griego "karisma", que significa gracia divina). El poderoso carismático (y no sólo él, también aquellos que aceptan su posición de poder por ése su carisma) se creería merecedor de serlo por estar en posesión de alguna característica o don especial o único que le distinguiría de los demás, don particular que pondría al poderoso al margen en cierto sentido del resto de los miembros de la colectividad, lo que se traduciría en que no se vería obligado a cumplir las normas de ésta. En segundo lugar, había otro tipo de poder, al que Weber denominaba  poder tradicional, que se caracteriza porque la dominación que ejerce el poderoso se construye o explica acudiendo a la continuidad en el respeto a una convención histórica. El poderoso tradicional ejerce el poder porque así se ha hecho "siempre". Es el respeto al pasado lo que le justifica, lo que vala su poder. Finalmente, Weber hablaba de un poder "racional", "legal" o "burocrático", que sería aquel en el que el poderoso justifica su dominio por causas "racionales" por haber sido legalmente elegido o capacitado para ello, o por razones legales o por formar parte de una estructura burocrática. En este tipo de poder, la legitimación del poder que ejerce el poderoso le viene dada por la legitimidad que los demás le dan. 

Si bien los tres tipos de poder merecido incitan como se ha dicho a la hipocresía moral y la corrupción, sin duda que el tipo de poder más susceptible o propenso a las mismas es el poder carismático. Si el poderoso se explica su posición por causas extrahumanas, irracionales o mágicas, el camino al abuso está enteramente despejado pues ¿qué otra instancia humana o racional tendría la mas mínima autoridad para juzgar o ponerle freno o veto a sus comportamientos?  Todos aquellos que tuvimos la desgracia de crecer en este país en los tiempos de aquel increíble  dictador que fue el general Franco, sabemos con precisión qiue siginifica el poder carismático y sus consecuencias. Parecerá increible para las jóvenes generaciones el que en todas las monedas, el susodicho tuviera la increíble desfachatez de inscribir un texto orlando su efigie grabada que rezaba lo siguiente: "Francisco Franco Caudillo de España por la Gracia de Dios" y, creo recordar, que alguna vez dijo que sólo  Dios le podría pedir cuentas a sus actos. Resulta obvio que si uno se cree "caudillo" por que ha sido elegido por el mismo Dios, pues ¡para de contar! ¿a ver quién es el que se atreve a discutir cualquiera de sus incontables corruptelas, crimenes y desmanes?

Y, ahora que lo pienso, quien goza del máximo poder carismático a este respecto, es el Papa de Roma. Elegido por un cónclave de "iguales" -el resto de cardenales-, pero de modo extraracional pues recuérdese que se dice que lo hacen guiados en su decisión por un cierto "Espíritu Santo", el Papa es claramente alguien con un don más que especial, ¡y tanto! El Papa es el sedicente "vicario" del mismísimo Dios en la Tierra. Y por ello su poder es un poder magnífico, maravilloso y mágico que obviamente implica también el nada desdeñable atributo de la infalibilidad, así como la capacidad de disculparse o perdonarse cualquier infamia o inmoralidad que cometa. ¿Sorprende acaso que la historia del papado sea una larga sucesión de  comportamientos tutbios moralmente hablando cuando no inmorales hasta para la propia moralidad cristiana? Tampoco extrañará nada que, en la medida que los miembros de la Iglesia participan de alguma manera es este poder carismático, sus comportamientos hayan sido frecuentemente de una increíble bajeza moral. Sirva como ejemplo aquí el último de los comportamientos eclesiásticos indecentes de los que hemos tenido noticia: el caso de las "monjitas" que durante los años del franquismo (y hasta ya en democracia) se dedicaron a ejercer una de las más nefandas actividades delictivas contra natura que se conocen: el robo de niños recién nacidos a sus madres. Y lo hacían con la entera convicción que se estaban comportando moralmente. 

El poder de tipo tradicional también ofrecería una justificación para la hipocresía moral, si bien es argüíble que en menor grado que el carismático. Si es el pasado, si es la historia quien refrenda el poder del hoy poderoso, como sucede en las aristocracias y monarquías, la posibilidad de laxitud moral está servida. Pues si, como a veces suelen decir los poderosos de tipo tradicional, sólo ante la historia son responsables, nadie de hoy, de aquí y ahora, puede pedirles cuentas de sus actos y corruptelas, que sólo tendrían como vago freno el respeto que tuviesen al buen ejemplo de sus antepasados o el miedo a que la institución o la convención tradicional en que se basa su poider vea comprometido su futuro por sus inmoralidades presentes.

El poder "racional", "legal" y/o "burocrático" sería en términos relativos posiblemente el menos susceptible a la corrupción en la medida en que el comportamiento del poderoso vendría enmarcado en mayor o menor medida por las normas de la institución que le permite ejercerlo, o bien se vería cuestionado por aquellos sobre los que ejerce el poder. Si el poder se ganó en una competencia (por ejemplo, una elección), el mal comportamiento, el compoertamiento inmoral, podría llevar a perderlo si los "electores" lo estiman merecedor de castigo. Si el poder se debe a estar en una posición elevada dentro de una jerarquía burocrática, tambien la corrupción puede llevar a perderlo si tal institución dispone de un sistema de "asuntos internos" de vigilancia y castigo. En cualquier caso, en la medida que los poderosos de este tipo son responsables en alguna medida ante aquellos sobre los que ejercen su poder, su capacidad para la hipocresía moral está un tanto disminuída.   

Pero este es un blog de Economía. Y, en principio, no parecería que en el mundo económico nos fuesemos a tropezar con muchos poderosos del tipo que sea. Al menos, y eso nos cuenta el modelo del mercado competitivo, el poder económico es nulo. Las empresas (y, por tanto, sus dirigentes) en competencia perfecta, no tienen ningún poder. Por no poder, no pueden ni fijar el precio  de venta de su producto, pues este le viene dado por el mercado. De igual manera, dentro de la empresa, la capacidad autónoma de decisión de sus dirigentes, también es nula. El salario que pagan a sus trabajadores así como la definición de las condiciones de trabajo también les vienen dadas. Nada pueden hacer por alterarlas. Dicho con otras palabras, en un mercado en competencia perfecta, nadie tiene poder. Y, en consecuencia, no hay posibilidad para la hipocresia moral y la corrupción.

Pero, claro está, el modelo de competencia perfecta es eso: un modelo. Y, en la realidad económica, sí que hay poder y no todo el mundo tiene el mismo poder. Hay poderosos. Lo son quienes están arriba en las jerarquías burocráticas de las empresas. lo son tgambién quienes son sus dueños. Parecería que en el mundo económico no habría poderosos de otro tipo que no fuera del tipo racional/legal/burocrático, en la medida que la legitimación a su poder vendría por el hecho de haber ganado su posición a otros en la más o menos libre o abierta competencia en los mercados reales (caso de los empresarios) o en la competencia por ascender en la escala burocrática (caso de los ejecutivos y managers de las empresas). Habría tambien alguinos poderosos cuyo poder sería de tipo tradicional, que son poderosos por razones dinásticas, por formar parte de una aristocracia familiar de los negocios, cuyo poder económico se deriva de lo que consiguieron las generaciones precedentes.

Ahora bien, lo recién dicho ha de ser cualificado wen atención a un hecho característico del mundo económico cual es la altísma mortalidad empresarial. La vida en el mercado es dura y más conforme hay mayor competencia. Frente a quienes sólo se fijan en los aspectos de inovación y creación que trae la competencia, no hay que olvidar el otro lado, el oscuro, el que acentuaba Schumpeter cuando al definir la competencia en los mercados como "destrucción creativa" ponía en primer lugar la palabra "destrucción". No son muchas las empresas que sobrepasan los 25 años de vida, y muchas menos las que llegan a los 50 y no digamos a los 100. Cada año, por término medio, desparecen entre un 5 y un 10% de las empresas, y la mortalidad "infantil" (en sus 2-4 primeros años de vida) de las empresas recién "nacidas" es muy superior a esas cifras.

Y ante esta mortalidad tan elevada, ¿habría acaso que extrañarse de que quienes -empresarios y managers- sobreviven tiendan a pensar de sí mismos  de que tienen unas capacidades en cierta manera excepcionales?. En mi opinión, no.  Parece "natural" que los empresarios y managers de mucho éxito se conceptúen a sí mismos como dotados de un don muy especial a la hora de tomar decisiones arriesgadas. Y si digo "muy" especial es que dado que las decisiones empresariales se han de tomar siempre tras un velo de ignorancia pues siempre son decsiones respecto al futuro, el empresario que acierta  en una decisión  parecerá siempre investido del poder para traspasar ese velo, para sondear y predecir el futuro. En una palabra, que no es nada extraño que los empresarios de mucho éxito consideren su poder como un poder, más que racional/legal/burocrátioco o tradicional,  carismático. El poder más propenso a la hipocresía moral y la corrupción.

Ahora bien, obsérvese que en cualquier caso, los poderosos económicos simepre considerarían su poder como merecido. Pero. ¿lo es realmente?  La verdad es que no lo sabemos pues una de las grandes debilidades de la Economía es que carece de una adecuada teorización acerca del éxito o del fracaso empresarial. Veamos lo que esto quiere decir. Cuando en el modelo de competencia perfecta se analiza una industria concreta y se estudia lo que pasa cuando cae la demanda, el resultado final está claro: ante la caída de la demanda. algunas empresas se verán obligadas a cerrar, pero ¿cuáles?. El modelo no nos lo dice pues en la medida que todas las empresas son iguales o muy semejantes en sus capacidades técnicas, productivas y de gestión como supone el modelo, el que una empresa se vea obligada a cerrar y otra no sería totalmente fruto del azar.

Ahora bien, si del modelo teórico competitivo pasamos a la economía real, la cuestión sigue en pie, ¿Qué es lo que hace que unas empresas, o sea sus empresarios y dirigentes, acierten en sus decisiones y otras no? Una primera respuesta vendría de la mano de la diferente capacidad de trabajo y asunción de riesgos, pero esta respuesta no me parece convincente. No creo que los dirigentes de las empresas que fracasan sean más vagos o estén menos dispuestos a correr riesgos para salvar sus empresas que aquellos que están en empresas que sobreviven. Y si dejamos de lado la vagancia y la aversión al riesgo como explicación, volvemops a lo mismo: a esa  capacidad excepcional de predecir el futuro que tendrían los empresarios y dirigentes de las empresas de éxito. Pero, ¿es esto sostenible a un escrutinio más preciso? Alguien puede creer sensatamente en que los empresarios son videntes con poderes parapsicológicos. Pues me parece que no. 

El único texto que conozco que se ha ocupado de esta cuestión del fracaso de las instituciones es el de Paul Ormerod titulado "Why Most Things Fail. Evolution, Extinction and Economics" (2005), y su análisis lleva ineludiblemente a pensar que el éxito empresarial tiene un componente mayor de azar, de suerte o de casualidad de lo que los que por su éxito se convierten en poderosos les gustaría pensar. Dicho con otras palabras, que el poder de los económicamente poderosos sería en buena medida no merecido (lo que en absoluto  quiere decir que sea inmerecido). No tengo mucha experiencia con empresarios pero la poca que tengo me permite afirmar que una de las razones que he constatdo que está tras el fracaso empresarial de los casos que conozco de cerca es, precisamente, la creencia de los empresarios después de un éxito inicial en que están dotados de unas  capacidades o dotes especiales, lo que les ha llevado a imaginar que cualquier otro proyecto les saldría igualmente bien, un sueño o ilusión  presuntuosa que acabó convirtiéndose para su desesperación y sorpresa en  pesadilla.  Nadie puede adivinar enteramente el futuro por lo que en el éxito o el fracaso de un proyecto el azar juega siempre un papel relevante. Tan no merecido es el éxito como el fracaso. 

La historia de Windows y, por extensión, del triunfo de Bill Gates es, a este respecto, paradigmática e instructiva. Siendo como es Bill Gates el hombre más rico del mundo, el más poderoso económicamente hablando, no sorprende que muchos le consideren adornado de poderes casi mágicos (al igual que los que se les supone al otro "mago" de los negocios, Warren Bufett) pues fue capaz de crear casi de la nada (de su garage, por ser más específicos) una empresa, Microsoft que no sólo es hoy la más valiosa del mundo sino que ha sido la que, al llevar la informática a la vida cotidiana de familias y empresas de todo tipo, ha traido toda una revolución en las formas de vida.

Pero ¿se debe todo a los poderes visionarios de Mr. Gates? Veamos como cuenta Paul Ormerod la historia de Bill Gates-Windows- Microsoft a partir del libro de Marlin Eller, Barbarians Led By Bill Gates, (Eller fue de 1982 a 1995 el desarrollador gráfico jefe de Microsoft para Windows). Pues bien, en la introducción de su libro, ya Eller señala el punto central que es el que  "hay un total desconexión entre la visión desde dentro de lo que mis compatriotas y yo estabamos experimentando en las trincheras, y la visión que se tenía desde fuera....En su búsqueda de causalidad, (los de fuera) tienden atribuir cualquier éxito a una brillantez Maquiavélica más que a la simple y llana buena suerte. A ellos les gusta dejarse llevar por la idea de que los capìtanes de la industria y los negocios son como capitanes de grandes cargueros cuya tarea es diseñar rutas estratégicas, dirigiendo sus naves cuidadosa y graciosamente a través de los estrechos. Desde dentro, por el contrario,  la visión más bien parece la de unma canoa de rafting en aguas turbulentas: ¡Oh, Dios mío!. ¡Cuidado! ¡Una roca ahí delante! ¡Todo el mundo a la izquierda! Pero....NO, NO, NO.  ¡No a esa izquierda!¡ Echaros a  la otra"!. 

Cuenta Ormerod que "al final de los años 1980, el objetivo estratégico de Microsoft era la alianza con IBM. En particular, sucedía que las dos empresas estaban desarrollando conjuntamente un nuevo sistema operativo, el OS/2. Windows entretanto meramente renqueaba por detrás. En 1983, Bill Gates en la feria mayor del sector, COMDEX, dió un golpe publicitario al anunciar quie Windows 1.0 estaría disponible para la primavera de 1984. Después de un esfierzo inmenso, apareció finalmente en noviembre de 1985. Y las críticas fueron terribles de todo punto....Tal y como lo describió Eller suicintamente, "el producto era esencialmente inútil". En consecuencia el equipo de soporte dentro de Microsoft para Windows se cortó a sólo tres personas. Como contraste, un gigantesco esfuerzo se dedicó a la relación con IBM. En octubre de 1988, las dos compañías lanzaron el OS/2 Presentation Manager. Bill Gates proclamó: "Este será el entorno de informático de oficina en los años 90". Marlin Eller cita a Steve Ballmer, el número dos de Gates, diciendo: "Esto es lo que hay, tras esto ya no va a haber más Windows. Todo ya es OS/2". Entretanto Windows 2 había sido lanzado con poco éxito. Sólo un par de personas quedaron en Microsoft para mantener el producto. Desarrollos esporádicos del producto todavía se llevaron adelante con vistas a la siguiente versión del programa,  Windows 3.0, pero un artículo en National Review resumía el punto de vista de la industria: "Microsoft abandonaría el desarrollo de su software Windows después del lanzamiento de Windows 3.0...El OS/2 de IBM se convertiría en el sistema operativo de los PC en los 90" , El 22 de Mayo de 1990, el Windows 3.0 estuvo disponible para el público. Se vendieron dos millones de copias sólo en los primeros seis meses"

La cuestión no es que Gates no se merezca su poder económico. Lejos de ello. Bill Gates ha demostrado a las claras una capacidad y una flexibilidad dignas de elogiopara adaptarse a los cambios y detectar oportunidades de negocio. Como dice Ormerod, "el punto es que, pese a las enormes habilidades para el negocio de Gates y su equipo, no pudieron prever que sería Windows y no OS/2 el que se llevaría el gato al agua".  

 

  1. #3
    28/03/11 22:02

    Nos has preparado un buen coctel, antes de agitarlo bien vamos a ver los ingredientes, la iglesia católica ninguna otra religión, continuamos con Windows, la agencia triburaria, "Francisco Franco Caudillo de España" y alguno que otro más.

    Vamos observar con mucha devoción el cónclave de este tratamiento con la psicología apropiada a este fantástico artículo.
    Un saludo

  2. #2
    28/03/11 17:54

    A mi me encantaría un estudio sobre la salud mental de los políticos, porque arengar a la gente a pelear, fomentar los odios, los juegos de poder y todas esas cosas uno sólo las ve en ambientes laborales improductivos, disfuncionales y psicóticos. La política como un ambiente laboral más, no parece ser la excepción.

    También sería bueno ver un estudio sobre la ludopatía del lobby y la adicción al dinero de los políticos.

  3. #1
    28/03/11 15:15

    Leí en alguna parte que en los años del general Franco, los chistosos cambiaban “Caudillo por la Gracia de Dios” por “Caudillo por una gracia de Dios”. En mi opinión, Franco tuvo una potra impresionante para llegar al poder: que le destinaran a Canarias, lo que ponía a su alcance el ejército del África; que Sanjurjo, que era el jefe de la sublevación, se matara en un accidente de aviación; que la zona republicana fuese un absoluto desastre en organización; que la situación internacional le fuese favorable.

    La sabiduría popular ¡que acertada estuvo!

    Enhorabuena por el post y un cordial saludo.

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