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Imagine el lector a dos trabajadores que, por las razones que sea, cobran dos salarios distintos. Uno, el trabajador A, gana 2000€ al mes; el otro, el trabajador B, 1000€. Y ahora suponga que, por las razones que sea, les suben los salarios a ambos un 100%, o sea, se les dobla a ambos sus ingresos,  por lo que el trabajador A pasa a ganar 4000€ y el B, 2000€. La pregunta es la de si, tras ese ascenso salarial, la desigualdad entre ellos ha subido o se ha mantenido o si ha decrecido

 

Pues bien, la respuesta es que no se sabe. Y la razón de ello es que la respuesta depende de de cómo se mida la desigualdad, de si se hace en términos absolutos o relativos. Los economistas, por razones nunca demasiado bien explicitadas, suelen no obstante decantarse por la opción de que la desigualdad entre A y B ni habría crecido ni disminuido, pues el trabajador A sigue ganando tras el ascenso salarial el doble de lo que gana el B. Y es que los economistas prefieren los indicadores de desigualdad de tipo relativo, medidas o índices que se caracterizan porque las variaciones proporcionales de las rentas que perciben los individuos no alterarían la desigualdad. Las mediciones de tipo relativo, como por ejemplo el popular Índice de Gini,  tienen la ventaja de que no dependen de la escala.

 

Pero volvamos al ejemplo. Si nos fijamos, la diferencia entre el salario que gana el trabajador A respecto al trabajador B sucede que ha crecido tras el cambio. Antes de la subida salarial, A ganaba 1000€ más que B, pero tras el cambio, A ha pasado a ganar 2000€ más,o sea, que la diferencia absoluta entre los ingresos de A respecto a los de  B ha crecido en 1000€,  por lo que decir que la desigualdad entre A y B se ha mantenido, como diría la mayoría de economistas,  no sería cierto si la desigualdad de mide en términos absolutos, como la diferencia (no el cociente) entre lo que ganan en una situación y la otra.

 

Por supuesto que si el sueldo de A hubiese subido el triple (o sea, a 6000€) y el de A sólo el doble (a 2000€), la desigualdad habría crecido en términos tanto absolutos como relativos. En términos absolutos habría pasado de ser 1000€ a ser 4000€ (o sea, se habría multiplicado por 4). Y en términos relativos, la desigualdad habría pasado de ser 2 (= 2000€/1000€) a ser 3 (= 6000€/2000€).

 

Pero, también, puede ocurrir y ocurre que la desigualdad en términos relativos caiga en tanto que crezca la desigualdad en términos absolutos. Volvamos al ejemplo de los dos trabajadores. Sólo que ahora vamos a suponer que -respecto a la situación inicial- al trabajador A le suben el sueldo un 75%, de modo que pasa a ganar 3500€, en tanto que al trabajador B se lo suben el 100%, de modo que pasa a ganar 2000€. En términos relativos la desigualdad entre A y B habría decrecido pues habría pasado de ser 2 (=2000€/1000€) a ser 1,5 (=3500€/2000€). Pero, obsérvese que la diferencia entre lo que gana uno y otro habría CRECIDO pues, antes de la subida, la diferencia era de sólo 1000€ y ahora, tras la subida, ha pasado a ser 1500€ (=3500€ - 2000€), o sea, que la desigualdad entre A y B medida en términos absolutos habría crecido  un 50% en tanto que habría decrecido en términos relativos en un 25% . Y, entonces, ¿con qué nos quedamos? ¿ha aumentado la desigualdad o no?.

 

Como ya he señalado, los economistas de forma generalizada se apuntan a que la desigualdad entre A y B habría decrecido pues, de forma generalizada, sólo usan de indicadores de desigualdad de tipo relativo. Y ello, claramente, tiene un sesgo ideológico. Pues hace pasar como claros avances en la igualdad lo que serían claros retrocesos en la igualdad si se usaran indicadores de tipo absoluto. Por ejemplo, en nuestro país se sostiene que la desigualdad ha decrecido en los últimos 30 años. Lo cual es cierto cuando la desigualdad se mide en términos relativos, usando el tradicional Índice de Gini. Pero también es cierto que la desigualdad ha crecido y mucho si se usa un Índice de Gini en términos absolutos (en donde no se divide por la renta media). En este caso, nuestra sociedad se ha hecho mucho más desigual pues han crecido las diferencias entre las rentas de los más ricos y los más pobres.  Lo que sucede es que la inmensa mayoría de los economistas desconoce la existencia y los argumentos a favor de los índices de tipo absoluto.

 

Cosa que, por supuesto, han conocido de siempre muy bien los negociadores sindicales, cuando actúan en defensa de los que menos ganan, defienden sistemáticamente las subidas LINEALES de salarios frente a las subidas proporcionales, como medio de mantener la desigualdad. Y siempre han sabido que las subidas proporcionales son una engañifa que realmente beneficia a los que más ganan aunque se vendan como subidas "igualitarias" o "equitativas".

 

O sea, por seguir con el ejemplo, que para mantener la desigualdad medida en términos absolutos no bastaría ni mucho menos con que los salarios de nuestros dos trabajadores creciesen en la misma proporción, sino que sería necesario que creciesen en la misma cuantía. En el ejemplo, la desigualdad medida en términos absolutos sólo se mantendría si, tras la subida,  el salario de A pasase a ser 3500€ y el de B pasase a ser 2500€ .

 

Pero, por ir acabando, ¿cuál de los dos tipos de  medidas de desigualdad recoge mejor la idea, concepto o noción de desigualdad? Pues, para mí, las medidas de tipo absoluto tienen una ventaja conceptual clara ya que mercan la mayor o menor dificultad en el acceso no a las "cosas necesarias" para la vida, sino a las "cosas buenas" de la vida. Me explico. Las "cosas buenas" de la vida suelen escasas en términos absolutos (por eso son tan "buenas"), o sea, que el acceso a ellas no es generalizable. Las "cosas buenas" tienen un "algo" de exclusividad, de privilegio, de modo que o bien no hay de para "todo el mundo", o bien si su uso se generaliza, su calidad tiende a desvanecerse. En términos o jerga económica, las "cosas buenas" de la vida tienen pues una oferta inelástica incluso en el largo plazo. Lo que ello implica es que el acceso a ellas, a esas cosas tan buenas,  depende para cada individuo  no de tener renta, de tener dinero,  sino de tener más renta, más dinero,  que los demás en términos absolutos más que relativos.

 

Por seguir con el ejemplo. Imaginemos que A y B desean, porque lo consideran la auténtica  "chispa" de la vida, el mismo tipo de bien, al que llamaremos el bien X, pero que -por las razones que sea- no hay suficiente del mismo como para satisfacer las necesidades o deseos que del mismo tienen uno y otro individuos. En casos como este o similares,  que el mercado  asigna el disputado y deseado bien X mediante el conocido mecanismo de subasta al alza o "subasta inglesa" (la que se ve en las subastas de los objetos de arte), o sea, que X como representante de las "cosas buenas de la vida" se lo queda quien más está dispuesto a pagar por él. Como, por cierto, ocurre en la realidad.

 

 Supongamos, además, por seguir con el ejemplo, que tanto a A como B dedican 500€  a bienes de consumo "normales" y el resto, al bien X, a la "chispa de la vida". Obviamente, en la situación inicial, todo el bien X, o sea, todas las "buenas cosas de la vida" se las queda A pues puede dedicar 1500€ a X en tanto que B sólo puede dedicar 500€ (recordemos que A gana 2000€ y B gana 1000€) . Ahora, supongamos un cambio en la distribución de la renta de modo que A pase a tener 1501€ y B pase a tener 1499€. Se trata, obviamente, de  un cambio radical, revolucionario, podría decirse, pues A PIERDE dinero en tanto que B lo gana.

 

Pero, si nos fijamos un momento, ese cambio radical, revolucionario, que ha hecho decrecer de manera enorme la desigualdad entre A y B medida tanto en términos relativos como absolutos, no se traduce en el más mínimo cambio significativo en el acceso al bien X, a las "buenas cosas de la vida", que siguen yendo a A en su totalidad. Pues sucede que lo que importa para quedarse con X es estar dispuesto a pagar algo más, 1€ más, que B, o sea, cosa que en el ejemplo sucede, o sea que A se seguirá quedando con X siempre  que se mantenga una diferencia por mínima o pequeña que sea entre lo que gana él respecto a lo que gana el otro. Obsérvese que, descontando los 500€ para gastos de consumo "normal" o necesario tanto en A como en B, el primero puede pujar 1001€ por X en tanto que B sólo puede pujar 999€, en consecuencia A se lleva X.

 

Dicho con otras palabras, lo que importa, lo que realmente importa cuando se habla de desigualdad son las diferencias absolutas, y por ello, creo que son más útiles los indicadores absolutos de desigualdad. Esta es la razón por la que antes he dicho que, en mi opinión, el uso generalizado entre los economistas de los indicadores relativos, como el Índice de Gini, esconde un sesgo ideológico en ellos en contra de los más pobres.

 

Finalmente, un último punto. Todo lo que se ha dicho respecto a los cambios cuando crece la renta o los salarios, hay que invertirlo cuando lo que se contempla es una rebaja salarial. En este caso, y como siempre han sabido los sindicatos, si hay que negociar caídas salariales, lo que siempre defienden en términos de equidad por ellos son las rebajas proporcionales y no lineales, de los salarios, pues ello hace recaer la pérdida salarial más en quienes más ganan.  

 

 

 

 

 

  1. #3
    15/03/20 12:22

    Claro que tiene un importante sesgo ideológico, si los resultantes van en detrimento del sistema, se busca los subterfugios necesarios para maquillar la cuestión.
    De ahí la prolífica y muy cuestionable doctrina de la bajada de impuestos, de una manera muy pedagógica habría que explicar al grueso de la población, que la única política económica que es redistributiva es la fiscal, porqué yo me pregunto: ¿quien sale más beneficiado del pago de impuestos?,
    Un ejemplo podría se una comunidad de vecinos, digamos de Madrid, en el cual los impuestos locales son importantes, o una empresa como Amazon, ¿quien hace más uso de las infraestructuras?, ¿Quién paga más impuestos?, ¿quien obtiene más bonificaciones o dádivas por parte de las administraciones?, ...

    Un saludo.

  2. en respuesta a Fernando Labaig
    #2
    08/03/20 13:01

    Por supuesto. El problema es, como casi siempre, terminológico. ¿Qué significa la "bondad" aquí? ¿qué es eso de las "buenas" cosas de la vida? En este blog no cabe recurrir a unna definición ética o filosófica, sino a algo mucho más barriobajero y pedrestre: la definición económica. En atención a ella, las cosas buenas de la vida se definen por dos criterios empíricos. El primero es que sean bienes "de lujo" en términos económicos, es decir que se demanden proporcionalmente más conforme más renta o dinero se tiene. El segundo tiene que ver con la oferta, y es que la oferta del bien de marras no pueda crecer "pari passu" con la demanda cuando se tiene más dinero, por lo que ello supone que su precio inexorablemente subirá en el curso del crecimiento económico. Y es que cuando todos tenemos más dinero, queremos tener más de eso que que la renta nos pone al alcance de la mano, ...pero no todos pueden extender su mano y alcanzarlo, pues al subir el precio, sólo los que ya antes eran ricos (y ahora lo son más) pueden seguir permitiéndoselo. Es muy posible por ejemplo que a la mayoría de ciudadanos de Madrid les gustase vivir en una casa que da al Retiro o si son de Barcelona, les gustase vivir por Pedralbes, pero está claro que el crecimiento económico no puede permitirles a TODOS satisfacer sus deseos. Para poderse comprar un piso en esas zonas no basta con quererlo y tener dinero, hay que tener más dinero que los demás que aspiran a lo mismo.
    Un saludo

  3. #1
    08/03/20 10:25

    Creo que identificar las cosas buenas de la vida con las que tienen un precio más alto tiene un claro sesgo ideológico. No hace falta ser Diógenes pididendo que el gran Alejandro se aparte y le deje tomar el sol, para comprender que eso no es así. Por lo demás, totalmente de acuerdo.

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