El "caso" del casoplón de los señores de Iglesias-Montero y el problema de la naturaleza humana

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Uno de los asuntos más debatidos desde siempre en el terreno de las Humanidaes y de las "Ciencias" Sociales es el de las características de las motivaciones que animan a los seres humanos a lo largo de la dimensión egoísmo-altruismo. A grandes rasgos se puede decir que, a este respecto, hay tres posturas enfrentadas.

 

Por un lado están quienes sostienen que los seres humanos son genéticamente, por "naturaleza", individualistas y profundamente egoístas, de modo que cada uno persigue su propio interés sin tener en cuenta las más o menos afortunadas o desafortunadas consecuencias que de su comportamiento se sigan para el resto. Cierto que ese egoísmo sustancial de los seres humanos no es enteramente  excluyente, y así los individuos a veces actúan de modo altruísta hacia "otros", aunque ello les suponga un coste personal. Esos "otros" son sus descendientes directos, los objetos y receptores de sus sentimientos amorosos,  sus decendientes indirectos y sus amigos (por este orden, normalmente).

Este es el punto de vista que sostiene como cimiento de sus construcciones teóricas la economía dominante o neoclásica.  Es el punto de vista que defendía también Adam Smith en su libro "La Riqueza de las Naciones", de 1778, libro en que se mantiene, al contrario de las ideas dominantes en la época, que  para que una sociedad constituída por individuos egoístas funciones no se requiere de un poder coercitivo fuerte que controle y castigue los desmanes que ese egoísmo pudiera acarrear, sino todo lo contrario. Una sociedad libre de mercado, una economía capitalista, sería -ello se dice- capaz de tener exito encauzando los intereses egoístas hacia el interés general, pues como una suerte de Mano Invisible, el mercado convierte la persecución de cada cual de su propio interés en el método más eficiente (eso defendía Smith y, desde él, el resto de economistas neoclásicos) de satisfacer el interés general. En suma, que el egoísmo, consustancial a los seres humanos, no sería además condenable ética o moralmente pues  se convertiría en un factor de progreso en una sociedad capitalista.

 

Una segunda posición estaría representada por Karl Marx. Para Marx, fuera de algunos instintos básicos compartidos con el resto del mundo animal y especialmente con nuestros más cercanos en el mismo: los otros primates, los seres humanos tendríamos una naturaleza "moral" muy maleable. Consecuentemente con su filososfía materialista, para Marx, nuestras posiciones morales, y singularmente nuestra posición en el espectro egoísmo-altruísmo dependería del tipo de sociedad en la que nos hubiésemos formado. De modo que no es nada extraño que en una sociedad capitalista, que nos educa para el egoísmo y la persecución del propio interés y premia a aquellos que aprenden esa lección más y mejor, los individuos seamos "esencialmente" egoístas. Diferente, pues, sería nuestra "naturaleza" en las sociedades prehistóricas de cazadores-recolectores o en la futura sociedad comunista, que alumbraría -como decía Che Guevara- a un "hombre nuevo". En esas sociedades, como los antropólogos lo han constatado cuando han estudiado a las sociedades prehistóricas, los individuos serían mucho más altruístas de lo que lo que lo son en las sociedaes de mercado o capitalistas.

Esta posición de Marx le suponía un enorme problema a la hora de "justificar" el -para él-  ineluctable hecho futuro de la revolución que pondría el punto final al capitalismo. En efecto, si por la propia lógica marxista en una sociedad capitalista es "natural" que los individuos seamos básica o "esencialmente" egoístas y perseguímos nuestro propio interés, ¿quién, entonces, va a hacer una revolución comunista en interés de todos, con los costes personales que ello implicaría? Cabe imaginar que puedan existir algunos "atletas" de la moral que por introspección y esfuerzos continuados logren superar sus tendencias hacia el egoísmo personal consecuencia del mundo capitalista en el que se habrían educado y formado. Estos podrían quizás ser la vanguardia revolucionaria. Pero, obviamente, serían pocos, muy pocos. Exigir esa capacidad de renuncia personal, casi religiosa, a las grandes masas, o a la entera clase trabajadora, que según la lógica marxista, sería quien habría de hacer la revolución es, claramente, pedir demasiado.

Y, entonces, si ello es así ¿quiénes harían la "soñada" revolución  anticapitalista? Esta pregunta ha atenazado a los políticos de inspiración marxista desde siempre. En mi opinión, la única respuesta posible la ofreció el filósofo Herbert Marcuse en un libro todavía magnífico titulado "El Hombre Unidimensional". En ese libro, Marcuse señalaba que el "proletariado" en una sociedad capitalista desarrollada estaría "integrado" en la misma, y "pasaría" de veleidades revolucionarias. Lo único que los trabajadores querrían sería satisfacer sus necesidades individuales y egoístas de mayores niveles de consumo, cosa que el capìtalismo no tendría dificultad en hacer o no habría tenido hasta ahora problemas en hacerlo. En otras palabras, lo que los "pobres" querrían es ser ellos también "ricos", no acabar con los "ricos". En consecuencia, la revolución que pronosticaba Marx era imposible porque el sujeto revolucionario que él pensaba que lo iba a hacer no estaría por la labo,r porque cada vez los trabajadores vivirían mejor y no se estarían cumpliendo las predicciones marxistas de que la clase obrera se iría empobreciendo cada vez más. Y, además, de ello se seguiría que las revoluciones contra el capitalismo  que hasta ahora se habían dado como la rusa, la china o la cubana, no lo eran tales, sino que habrían sido más bien el mecanismo a través del cual se habría producido una mera sustitución de élites, el medio que las elites revolucionarias habrían usado para, "dándole la vuelta a la tortilla", perseguir sus fines egoístas y ocupar ellas las posiciones jerárquicas en las nuevas sociedades socialistas. Para Marcuse, todo ello no implicaba que la revolución no fuese necesaria o imposible. Necesaria lo seguía siendo pues la sociedad capitalista produce individuos profundamente enfermos, alienados e infelices. Posible en la medida que la sociedad capitalista siempre produce masas de individuos "no-integrados", que "no tienen nada más que perder que sus cadenas". Marginados que, en su tiempo, Marcuse identificaba con los estudiantes, los miembros de grupos excluídos etnica, sexual o económicamente y las masas empobrecidas del por entonces llamado Tercer Mundo. Ni qué decir tiene que tras las reformas post-mayo del 68 en favor de la inclusión social de los excluídos, y tras los cambios que ha supuesdto la globalización, esas posibilidades de revolución se antojan aún más lejanas. 

 

Finalmente, y también lógicamente, habría una tercera posición respecto al problema que nos ocupa y que vendría representada por la izquierda no marxista. Tanto anarquistas como socialdemócrataes "beben" de Rousseau, del Adam Smith de "La Teoría de los Sentimientos Morales" y del pensamiento cristiano en general, y su punto de vista es que el hombre es, por "naturaleza", sustancialmente "bueno" moralmente hablando. Es decir, sociable, altruista y generoso. Es el "pecado original" en opinión de San Agustín, o la sociedad moderna en opinión de Juan Jacobo Rousseau o el Estado para un anarquista como Kropotkin, quien nos obliga a torcer esa bondad primigenia y a comportarno de modo egoísta. Y de ahí saldrían el resto de problemas sociales. La solución, obvia. O bien siguiendo los mandamientos de la Iglesia, o bien acabando con el Estado y los grupos y "castas" que lo defienden pues se benefician de él, o bien reformando culturalmente o educativamente la sociedad, nuestros instintos altruistas y generosos podrían desarrollarse plena y espontáneamente. 

 

A la hora de decantarse por alguna de estas tres grandes posturas respecto a nuestra naturaleza "moral" cabría recurrir a la Ciencia. La Biología pareció que podría dar respuesta al interrogante acerca de la precisa definición de la naturaleza humana en el espectro egoismo-altruismo. Y aquí, la teoría de la selección darwiniana dió en un primer momento dar la razón a los partidarios de la primera postura, aquellos que sostienen que el hombre es por naturaleza egoista. Para los llamados darwnistas sociales, la selección natural favorecería a aquellos que -genéticamente- persiguen su propio interés por encima de los que privilegian el interés colectivo, por lo que a la larga, la población de los genéticamente egoístas "expulsaría" a los "no-egoístas". El altruismo se reduciría a los más cercanos familiar o socialmente hablando. Sin embargo, pronto los biólogos se dieron cuenta de que la Naturaleza tiene ejemplos para todos los gustos. Desde los machos que llegan a devorar a sus propias crías si las hembras no lo impiden, hasta los animales sociales como las termitas o las abejas, la panoplia de comportamientos egoístas o altruístas en diversa.

En el caso humano, la historia ha demostrado que el comportamiento egoísta generalizado no confiere ventajas evolutivas. El hombre es un ser social, es decir, que se define como tal por sólo poder vivir en grupos. Ahora bien, los grupos en los que predominan los comportamientos individuales egoístas e insolidarios tienen una desventaja evolutiva con respecto a los grupos en los que no ocurre así. La biología moderna ha dado, pues, la razón a Kropotkin quien, en su magistral obra "El Apoyo Mutuo", subrayaba que la capacidad de prestar asistencia a otros del grupo es un factor selectivo frente a las inclemencia naturales o la guerra contra otros grupos, como ha recalcado modernamente Ian Morris en su explicación del porqué las guerras han sido un factor de progreso. Los grupos en que sus miembros no sólo "trabajan" para sí mismos sino en atención al interés colectivo son más aficientes económica y militarmente habalndo, por lo que han acabdo ganando a los grupos compuestos de gentes más egoístas relativamente. Y por cierto, que lo mismo que pasa en el mundo biológico e histórico pasa en el mundo económico. Las empresas que privilegian entre sus miembros la competencia entre ellos y la búsqueda del propio interés (caso ejemplificado hasta lo indecible por Enron, un tiempo exaltada como ejemplo de efectividad por todos los gurús empresariales...hasta su hundimiento) labran su propia quiebra, pues en la medida que los trabajadores y empleados son incentivados a persiguir sólo su propio interés compitiendo entre ellos, pronto descubren que una manera de triunfar en esa carrera es actuando contra sus "colegas", poniéndoles zancadillas, minando la eficiencia de los demás es una manera obvia para cada uno de ganar.

Por otro lado, la Economía del Comportamiento ha mostrado hasta la saciedad en multitud de experimentos que los seres humanos no perseguímos consistente o racionalmente nuestro intereses más egoístas. El altruismo, la preocupación por el "status", la idea de lo que es de justicia distributiva interfieren o nos alejan del comportamiento que deberíamos seguir si sólo buscásemos satisfacer nuestro propio y egoísta interés.

 

No somos, pues, egoístas radicales, pero tampoco se puede decir que seamos altruístas congénitos exclusivamente. En la práctica ocupamos el amplio especto de las posiciones intermedias, de modo que el que lo seamos más o menos es susceptible de manipulación e influencia. Se diría, por tanto, que Marx no andaría muy desencaminado a la hora de entender eso de la naturaleza humana dentrol de los límites que marca la biología, la genética.

 

Un ejemplo paradigmático y revelador de las complejidades del tema lo puede ofrecer el comportamiento de la pareja formada por los políticos de Podemos don Pablo Iglesias y doña Irene Montero. Como miembros fundadores de Podemos la pareja Iglesias-Montero se adscribirían sin la menor duda la tercera posición entre las descritas previamente, con arreglo a lo cual la naturaleza de los seres humanos se pensaría que sería sustancialmente comunitaria y generosa, de modo que si en la realidad cotidiana no pareceiera serlo, ante la ubicuidad o abundancia de ejemplos de comportamientos egoístas, la razón de ello sería la represión de esos instintos generosos a la que somete a la mayoría de la gente una "casta" que se ha alzado a las posiciones del poder social, político y económico.

 

Pero que los individuos del común de las gentes no son de natural insolidarios y egoístas se podría atisbar en sus formas de vida cuando están fuera del dominio de la casta. En los barrios populares, en las asambleas ciudadanas, en las ayudas que se prestan entre sí para solventar los problemas económicos se verían ya hoy ejemplos del apoyo mutuo que podría generalizarse si Podemos llegase alguna vez a alcanzar el poder.

 

Y sin embargo. ¡Ay! Sin embargo. ¿qué es lo que han hecho los señores de Iglesias-Montero cuando se han planteado dónde vivir tras recibir la alegre noticia de que van a ser padres de dos niños? Pues largarse de esos barrios donde florece el apoyo mutuo y la naturaleza humana más generosa, y mudarse a uno de esos lugares donde vive la "casta". Y la razón de esa mudanza ha sido darwnianamente obvia.

 

Quieren, según han manifestado -y no hay razón para no creerles al pìe de la letra- que sus niños se eduquen en el colegio público de esa zona, colegio en donde -a lo que parece- se practica un tipo de educación muy especial y "progresista". O sea, que se van a vivir allí donde viven en su mayoría gente de la "casta" no porque les guste (o, al menos, no han dicho nada de ello) sino por sus futuros hijos. Normal, ¿no? Quieren lo MEJOR, o sea, la mejor educación para sus hijos, cosa que ese colegio público se la puede dar

 

Ahora bien, el problema es que ello es que, como las estadísticas de desempeño escolar lo muestran fehacientemente y los señores Iglesias-Montero bien lo saben tanto por su profesión de políticos como por  su experiencia personal acerca de cómo funcionan los colegios públicos en los barrios populares, la efectividad educativa de un centro depende del porcentaje de niños "problemáticos" que asistan a sus aulas más que del método de enseñanza. Es decir, que lo que los Iglesias-Montero han comprado al instalarse en el "casoplón" de la exclusiva zona resdencial de Galapagar donde van a vivir es el derecho a que sus hijos asistan a un colegio "público" en el que a diferencia de los que hay en sus anteriores zonas de residencia no hay, no porque se lo prohiba nadie, sino porque sus familias no pueden vivir en esa exclusiva zona,  hijos de inmigrantes, gitanos, hijos de familias desestructuradas o con problemas económicos, niños con problemas de integración y de comportamiento, y demás casos terribles que aquejan a tantos niños de los barrios populares. Sí, está claro los proyectos educativos son más eficientes conforme "actúan" sobre niños con menos problemas de todo tipo. Y ello sin contar la importancia que -está demostrado- para la carrera profesional futura de una persona tienen los amigos que te echaste en la epoca colegial. Como bien se sabe quienes forman la "casta" se conocen desde críos pues estudiaron en los mismos colegios. Dicho con otras palabras, los señores de Iglesias-Montero no quieren que sus hijos se eduquen con los hijos del común de las gentes, de la "chusma" por decirlo en una palabra y sí con los hijos de la "casta".

 

Y del caso paradigmático del comportamiento de los señores de Iglesias-Montero qué conclusión extraigo. No, no creo que los seres humanos seamos genéticamente egoístas como presume la economía neoclásica. Tampoco creo que seamos generosos genéticamente y egoístas por manipulación, como presuemen anarquistas y cristianos. Me apunto, más bien, a la tesis de Marx/Marcuse. A lo que parece los señores Iglesias-Montero han llegado en su devenir político a la fase de descreer de las posibilidades de que alguna vez lleguen a alcanzar el poder, y, entonces, ya pensando en el futuro de sus hijos, han decidido empezar con buen pie el camino de su integración total en esta sociedad.  

 

  1. en respuesta a alguien2015
    #11
    20/05/18 19:17

    Dejando a un lado los dolares bolivarianos e iranies, y el resto de financiación extranjera de agenda oculta que esta presente en todos los partidos.... no es una cuestión de donde se gasta uno el dinero, es una cuestión de cinismo.....

    La mujer del César.... no sólo no debe ser puta....! tampoco ha de parecerlo (y todos sabemos quien era Mesalina, Popea....)

    saludos

  2. en respuesta a Jjv123
    #10
    20/05/18 19:01

    No temas hombre, lo que me ha sorprendido positivamente y es meritorio es que lo hayan comprado y no lo hayan "oKupado"...

    Fíjate lo bien que se lo va a pasar Pablo limpiando la piscina, cortando el césped, arreglando el jardín, y ella limpiando toda esa casa con salones de varios ambientes.... o quizás tras este ataque de aburguesamiento contraten jardinero, cocinera, limpiadora, etc al modo echenike?....

    Ánimo Pablo, de ahí al palacio real en dos añitos mas....para que disimular las intenciones cuando la sociedad española (incluidos tus votantes) esta tan idiotizada?

  3. en respuesta a alguien2015
    #9
    20/05/18 18:52

    Vaya, uno que no sabe que es la responsabilidad hipotecaria... supongo que das por sentado que los otros 620000 euros de intereses se los perdona el banco a cambio de "favores"

    Quien toma prestado se hace esclavo!; aunque puestos a impagar la hipoteca (como defienden algunos en ese partido) que sea a lo grande..

  4. en respuesta a berebere
    #8
    20/05/18 17:38

    Dicen q lo van a someter a votación su escaño y cargo en el partido. Ufff si tienen q dejar la política no se como pagarán el casoplon.

  5. en respuesta a José Manuel Durbá
    #7
    19/05/18 18:42

    Bueno, ya has soltado el temita folc´rorico del milenio jajaja
    Quizá algún día tengas hueco en este escaparate y nos justifiques otras cosas de las que aburren a las ovejas: el temita del papá del Presidente, mantenido y cuidado por los españoles, los Diputados que "simulan" vivir en provincias pero que en realidad tiene "casoplones" en Madrid, las carreras ésas que van saliendo debajo de la alfombra...
    Hay mucho de lo que hablar, sigamos.

  6. #6
    19/05/18 11:52

    Estoy bastante en desacuerdo con el artículo cuando concluye que el egoísmo es malo. Como escribió Adam Smith en La riqueza de las naciones:

    "It is not from the benevolence of the butcher, the brewer, or the baker that we expect our dinner, but from their regard to their own self-interest. We address ourselves not to their humanity but to their self-love, and never talk to them of our own necessities, but of their advantages"

    El ánimo de lucro es lo que hace que los individuos quieran mejorar. Si tu esfuerzo no va a mejorar tu vida ¿Para qué esforzarse?

  7. en respuesta a José Manuel Durbá
    #5
    18/05/18 22:51

    850 cada uno = 1700 al mes, por 12 meses = 20400 por 30 años = 612000
    Cuadra perfectamente.

  8. en respuesta a alguien2015
    #4
    18/05/18 21:25

    El problema es que el dinero lo están ganado con el etc. Algo se sale de lógica, algo no cuadra.

  9. #3
    18/05/18 19:23

    Ya son de la KASTA!!.... (con K de kaka)

  10. #2
    18/05/18 19:05

    Que cada uno se gaste su dinero como quiera.

    Mientras no sea dinero ganado mediante chanchullos, corrupción, prevaricación, etc.

    Saludos.

  11. #1
    18/05/18 19:01

    habría que hacer un estudio si el egoísmo ayuda a perpetuar la especie...

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