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            Triste sin duda ha sido el papel que ha desempeñado la Economía en el desarrollo de los  acontecimientos relacionados con el tercer rescate a Grecia. Como dijo asombrado  Yanis Varoufakis, hablando de su experiencia  en el eurogrupo, “allí no se hablaba de Economía”, había “un rechazo sin rodeos a entrar en argumentaciones económicas…Expones un argumento que has estado elaborando de verdad –para garantizar que resulte lógicamente coherente- y lo que te encuentras son miradas con los ojos en blanco. Es como si no hubieras hablado. Lo que dices tú es independiente de lo que dicen ellos. Lo mismo habría dado que te pusieras a cantar el himno nacional sueco…la respuesta habría sido la misma. Y eso resulta alarmante para alguien que está acostumbrado al debate académico …en que la otra parte siempre entra en el juego”. En parecidas palabras se expresó su sucesor en las negociaciones. Pardillos académicos inexpertos en política se les ha motejado…pero si  en el eurogrupo la Economía brillaba por su ausencia, ¿dónde sí, por el contrario, brillaba por su presencia?

                Pues está claro que en los medios de comunicación. Allí periodistas económicos, tertulianos sabelotodo, economistas mediáticos y de salón, y también algún que otro economista académico despistadillo  han hablado largo y tendido de Economía y de la economía griega, aunque siempre eso sí ateniéndose a un mismo viejo guión de sobra conocido para lods que padecímos la "adecuada" educación judeocristiana: Grecia era culpable de un sinfín de pecados económicos por lo que “los griegos” se merecían lo que les estaba pasando (¿incluso, cabe preguntarse,  "los griegos" recién nacidos hoy mismo o los que nacerán en los próximos años? ),  por lo que una vez hizo Alexis Tsipras en su nombre, es decir, en el nombre de todos los griegos, los vivos y los por vivir,  el examen de conciencia oportuno y  el obligado acto de contrición, sólo les quedaría a “los griegos” cumplir la correspondiente penitencia económica para que su país pudiera reincorporarse al grupo de los limpios de pecados económicos. 

                Esta concepción de la Economía en clave penitencial  no es la única existente, o mejor, no debería ser la única existente. Así, fuera de aquellos economistas académicos para quien la Economía se debiera poner como ejemplo a imitar a la Física, y que al final han devenido en  economistas autistas o metafísicos ajenos a las realidades de este mundo, no es aventurado afirmar que para muchos economistas el espejo dónde debiera mirarse la Economía es el de la Medicina. Ya  Keynes, en aquella  conferencia que dio en la Residencia de Estudiantes de Madrid en 1930 bajo el título de “Las posibilidades económicas de nuestros nietos”, manifestó su esperanza de que los economistas se viesen a sí mismos como "gente humilde y competente" (sic), como los dentistas. Pues bien, aunque pensar en la Economía como la Medicina de la sociedad sea una mera analogía puede ser útil. Y es que del mismo modo  que la Medicina se ocupa de las enfermedades de nuestros  cuerpos físicos, cabe imaginar que la Economía se enfrenta a las enfermedades que afectan a la parte económica del cuerpo social.

Si se acepta este punto de partida  se sigue que no estaría nada mal  que los economistas aceptasen como suya una posición deontológica semejante a la de los médicos que les obliga a no ejercer su profesión ante un enfermo a partir de los juicios morales que la vida o el comportamiento de ese enfermo les suscite, sino como técnicos en la resolución de un determinado tipo de problemas, los problemas de salud que ese paciente tiene. Viene aquí como anillo al dedo la diferencia entre Higiene y Medicina que apuntara con precisión un cínico penetrante como lo fuera H.L.Mencken para quien  “la Higiene es la Medicina corrompida por la moralidad. Es imposible encontrar un higienista que no envilezca su teoría de lo sano con una teoría de lo virtuoso. Todo el arte de la Higiene se condensa, ciertamente, en una exhortación ética. Esto determina que en última instancia entre en un conflicto radical con la Medicina propiamente dicha. El verdadero fin de la Medicina no consiste en hacer virtuosos a los hombres sino en salvaguardarlos y recatarlos de las consecuencias de sus vicios. El médico no predica el arrepentimiento, sino que ofrece la absolución”. Pues bien, resulta evidente que en el caso del asunto del rescate a Grecia la mayoría de los economistas mediáticos no han pasado de ser unos economistas-higienistas, bien alejados de lo que debiera haber sido su papel como médicos-economistas. 

Pues bien si se enfoca la Economía como Medicina difícil es concluir otra cosa que la magnitud de la deuda externa en el caso de Grecia, la virulencia de la enfermedad que padece, es tal que no hay  otra solución terapéutica que, o bien proceder a su condonación en una buena parte, o bien  dotar a Grecia  de recursos financieros a fondo perdido para que pueda hacerle frente. Consideraciones acerca de si Grecia se merece o no esa terapia o del ejemplo que ello supondría para otros países, son consideraciones de Higiene económica o política  no de Medicina económica, en términos de la distinción de Mencken. Y un planteamiento terapéutico similar sería el adecuado para los demás países de la eurozona aquejados aunque de forma más leve de la misma enfermedad, como es España o Portugal o Irlanda o Italia.. 

Frente a este diagnóstico se suele argüir que la eurozona no se puede permitir este tipo de aproximación terapéutica. Se dice a este respecto que  al igual que en el caso de los trasplantes de hígado o  de pulmón o corazón,  cuya escasez “natural” obliga a los médicos a elegir en quién hacerlos atendiendo a criterios de todo tipo, incluso de merecimiento o de efectividad, lo que les llevaría a negárselos a los fumadores o bebedores empedernidos, es decir, que habría pacientes que no se merecerían esos tratamientos por ser en último término "culpables" de sus enfermedades por su carencia de hábitos saludables, lo mismo pasaría en la crisis de la deuda en la eurozona.  Los recursos de la eurozona, su dinero, debiera dedicarse a quien se lo merece. Y Grecia no se lo merecería pues sus comportamientos económicos pasados estarían bien alejados de lo que serían unos comportamientos económicos saludables.

Tal argumento, tan aparentemente sensato, olvida que en tanto que sí que  hay una escasez “natural” de órganos para trasplantar, no hay escasez de dinero op fondos para resolver el problema de la deuda. Y es que si bien hubo un tiempo (un tiempo de barbarie en palabras de Keynes) en que  sí que había  una escasez “natural” de dinero, el tiempo en que el dinero tenía que tener una base metálica como el oro o la plata, ese tiempo ha ya que ha pasado por lo que no se puede hablar de ese mismo tipo de escasez para el dinero en la actualidad.

Keynes deseaba que para el tiempo de sus nietos, para nuestros tiempos, la Economía fuese como la Odontología. Ni se le pasó por la imaginación que ya en tiempos de sus hijos, o sea, en la década de los años 60 la Odontología fuese usada como herramienta de tortura en los interrogatorios al servicio de determinadas ideas de higiene moral, social y política en algunos países latinoamericanos o del este de Europa. Ojalá la Economía no siga el mismo camino y deje de lado el papel penitencial que algunos pretenden que debe tener.

  1. #1
    12/08/15 00:43

    Parece que a Alemania no le gusta condonar deudas, como sí se las condonaron a Alemania.
    Parece que tomar Europa por la fuerza militar Nazi es impopular, pero por lo monetario es dictadura sutil y aplastante.

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