¿Que el estado pillaría algo de retenciones del trabajo al currito y de cotizaciones de seguridad social al empresario? Eso no está nada claro, pero que nada de nada. Atento a la jugada:
Soy empresario, contrato por un año a un amiguete y obtengo 400 € de subvención o bonificación, como quieras llamarle. Sólo lo hago si puedo deducir mensualmente esa cantidad de las cotizaciones, porque, como no soy tonto, no contrato si debo esperar para cobrar esa subvención; soy perro viejo y sé que si esa subvención está sujeta a disponibilidad presupuestaria puede que no la vea nunca.
Lo contrato a mitad de año, ingreso las retenciones de IRPF y deduzco la bonificación. A los seis meses lo despido o causa baja voluntaria pactada previamente. La cotización media mensual de un salario medio equivale al importe de la subvención, por lo que durante ese tiempo no me ha costado un duro la seguridad social. Después mi amiguete solicitará la devolución vía declaración renta de sus retenciones y ya se apañrá para cobrar subsido o desempleo en base a dichas cotizaciones que se sumarán o no a otras anteriores.
Conclusión, tu medida ha propiciado lo que sigue:
1. Contrato en fraude de ley.
2. El estado no ve una peseta de las retenciones.
3. Mi amiguete se lleva un subsido y acumula cotizaciones.
4. Los salarios no cobrados por mi amiguete (pactamos la jugada) me sirven para deducir gastos em mi empresa.
5. El coste final al estado es muy superior a esos 400 €/mes.
Así que nada de subvenciones y, mucho menos, para los pobrecitos empresarios. Hay más, pero no quiero seguir dando ideas.