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Historias de la Bolsa.

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CÓDIGO AMIGO

Trade Republic ofrece cuenta en euros al 2,02% TAE y acceso a acciones, ETFs y otros productos

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#1471

Los inversores de bonos están viendo un gran riesgo que los de las acciones no: Estanflación.


El mercado del Tesoro estadounidense empieza a lanzar una advertencia que los inversores no deberían ignorar. La combinación de un repunte claro de la inflación mayorista, un petróleo disparado por la guerra en Oriente Medio y una Reserva Federal que mantiene un tono prudente está alimentando un patrón de mercado especialmente delicado: el miedo a un entorno de estanflación, es decir, más inflación y menos crecimiento al mismo tiempo.

El mercado de bonos empieza a inquietarse



La señal más visible llegó desde la deuda pública estadounidense. La rentabilidad del bono a dos años subió con fuerza, mientras que el tramo largo avanzó menos, generando un movimiento de aplanamiento bajista de la curva. Este patrón suele interpretarse como una advertencia clara: el mercado empieza a descontar una política monetaria más restrictiva de lo esperado, al mismo tiempo que aumenta el temor a una economía más débil.


No es una señal menor. Cuando el tramo corto de la curva sube más rápido que el largo, el mercado está diciendo dos cosas a la vez: que la Fed tendrá menos margen para bajar tipos y que el crecimiento futuro puede deteriorarse. Esa combinación es precisamente la que hace tan incómodo el escenario actual.

La lectura de fondo es clara: el mercado de bonos empieza a ver un problema doble, no solo inflación, sino también deterioro del ciclo.

El PPI y el petróleo reavivan el miedo inflacionista



El detonante inmediato fue un dato de precios mayoristas más fuerte de lo previsto. El PPI de febrero subió un 0,7%, el mayor avance en siete meses, mientras que la lectura subyacente también mostró una presión relevante. Es el tercer mes consecutivo de aumento en los costes mayoristas, una secuencia que complica el mensaje de desinflación que el mercado quería seguir comprando.


A esto se suma el repunte del Brent por encima de los 109 dólares tras los ataques sobre infraestructuras energéticas en la región. Esa mezcla —precios energéticos al alza y costes empresariales creciendo— es justo la que puede terminar filtrándose a inflación final, márgenes y expectativas de tipos.

La Fed gana tiempo, pero el mercado no está cómodo



La Reserva Federal mantuvo tipos sin cambios, como se esperaba, pero dejó mensajes que el mercado no recibió con demasiada tranquilidad. Jerome Powell reconoció que se había discutido incluso la posibilidad de una subida de tipos, aunque aclaró que no es el escenario base. Ese matiz bastó para reforzar la sensación de que la Fed no tiene prisa alguna por girar hacia una política más acomodaticia.

El problema es evidente: si la inflación vuelve a repuntar por energía, la Fed tendrá menos margen para reaccionar a una eventual desaceleración. Y ese es precisamente el corazón del riesgo de estanflación: un banco central atrapado entre la presión de los precios y el debilitamiento del crecimiento.

El mercado no está diciendo que la estanflación ya haya llegado, pero sí que la probabilidad de ese escenario ha aumentado de forma visible.

Todavía no es los años 70, pero el riesgo sube


Algunos estrategas siguen defendiendo que no estamos ante una reedición de la estanflación de los años 70 y que, en realidad, el mercado se enfrenta más a un shock energético clásico que aún podría revertirse con relativa rapidez. Esa es la visión menos alarmista y, desde luego, no puede descartarse si el conflicto en Oriente Medio se desescala pronto.


Sin embargo, la señal del mercado del Tesoro es suficientemente seria como para no minimizarla. Mientras el petróleo siga alto y los datos de inflación no aflojen, el riesgo de que la economía se vea atrapada entre precios elevados y crecimiento más frágil seguirá ganando peso.



No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1472

El rebote no llega cuando todo mejora, sino cuando deja de empeorar.



 
La guerra en Irán ha llevado a los mercados a un punto de tensión extrema, donde prácticamente todos los activos —acciones, bonos e incluso el oro— han caído simultáneamente. Este comportamiento, lejos de ser habitual, suele marcar momentos de estrés máximo en el sistema financiero.

Según Variant Perception, el mercado podría estar entrando en un “pico de incertidumbre”, una fase que históricamente ha coincidido con oportunidades tácticas de compra.

Cuando todo cae: señal de capitulación



Uno de los elementos más relevantes es la caída simultánea de activos que normalmente actúan como refugio, como el oro o los bonos.

Este fenómeno suele interpretarse como una liquidación forzada, donde los inversores venden indiscriminadamente para cubrir pérdidas o reducir riesgo.

Clave de mercado: cuando todo cae a la vez, el problema no es fundamental, es de liquidez.

Además, el repunte de los tipos de interés y el aumento de la volatilidad (VIX elevado) refuerzan esta idea de estrés extremo.

El patrón histórico: semana 3, punto de inflexión



El análisis histórico aporta una pista clave. Según Deutsche Bank, en grandes crisis geopolíticas:
  • El mercado suele tocar fondo en torno a las tres semanas tras el shock inicial.
  • La recuperación comienza progresivamente a partir de ese punto.
  • En torno al día 30-35, los índices tienden a recuperar niveles previos.

Dado que el conflicto actual se acerca a ese punto temporal, el mercado podría estar cerca de un suelo táctico.

Catalizadores para un rebote



Más allá del patrón técnico, existen posibles catalizadores que podrían desencadenar un rebote:

  • Mayor implicación de China, afectada por el suministro energético.
  • Señales de estabilización en el conflicto.
  • Relajación en precios energéticos o tipos de interés.

En mercados dominados por expectativas, basta un cambio en la narrativa para provocar movimientos bruscos al alza.

Conclusión: el rebote no llega cuando todo mejora, sino cuando deja de empeorar. 



No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1473

Las acciones están al borde de una Gran Corrección. ¿Por qué podría fracasar la estrategia de "TACO"?


Las bolsas estadounidenses están cada vez más cerca de entrar en territorio de corrección, y con ello empieza a cuestionarse una de las ideas que mejor había funcionado en los últimos meses: el llamado “TACO trade”. Esa estrategia se apoyaba en una premisa sencilla: cada vez que el mercado caía con fuerza por decisiones agresivas de Donald Trump, el propio Trump acababa moderando su postura… y las bolsas rebotaban.

Ahora el contexto ha cambiado. Y con él, la eficacia de esa lógica.

El mercado se acerca a la corrección



Los principales índices ya acumulan caídas relevantes desde sus máximos:

  • S&P 500: -6,8%
  • Dow Jones: -9,2%
  • Nasdaq: -9,6%

El Nasdaq y el Dow están prácticamente a las puertas de una corrección técnica (caídas del 10%), un umbral que suele marcar un cambio en el comportamiento del mercado. Y lo más relevante es que la caída se está produciendo en un entorno mucho más complejo que en episodios anteriores.

La diferencia no es la caída, es el contexto en el que se produce.


El “TACO trade” empieza a fallar



Durante meses, muchos inversores han operado bajo una idea casi automática: ante cualquier caída provocada por decisiones políticas agresivas, lo razonable era comprar. ¿Por qué? Porque el propio mercado actuaba como freno para la administración.

Ese patrón funcionó con episodios como el “Liberation Day” del año pasado, cuando Trump anunció aranceles masivos y posteriormente dio marcha atrás tras la reacción negativa de los mercados.

Pero esta vez hay un problema: no es tan fácil revertir una guerra como revertir una política comercial.

El petróleo lo cambia todo



El conflicto con Irán introduce un factor que no estaba presente en episodios anteriores: el impacto directo sobre la energía. Con el petróleo por encima de los 100 dólares, el mercado se enfrenta a un escenario mucho más difícil:

  • Más inflación
  • Menor margen para recortes de tipos
  • Mayor presión sobre consumo y crecimiento

Esto hace que incluso aunque Trump suavice su postura, el mercado no tenga garantizado un rebote rápido. El daño puede ser más profundo y, sobre todo, más duradero.
El mercado puede recuperarse de decisiones políticas. Pero no siempre de shocks energéticos.


Un entorno menos favorable que en 2025



Otro elemento clave es el cambio en el fondo macro. En episodios anteriores, el mercado contaba con el apoyo de:

  • Expectativas de crecimiento sólido
  • Inflación controlada
  • Política monetaria flexible

Ahora el panorama es distinto. La inflación vuelve a ser una amenaza, el crecimiento pierde visibilidad y los bancos centrales tienen menos margen para actuar.


Eso reduce significativamente la capacidad del mercado para absorber shocks sin consecuencias más duraderas.





No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1474

Las acciones estadounidenses parecen baratas por primera vez en un año.


Las acciones estadounidenses empiezan a parecer más razonables en valoración, al menos sobre el papel. El dato que está llamando la atención es que la ratio precio/beneficio a futuro del S&P 500 ha caído hasta 19,95 veces, situándose por debajo de su media de los últimos cinco años por primera vez desde mayo del año pasado. Eso no convierte automáticamente a Wall Street en una ganga, pero sí indica que la sobrevaloración extrema se ha reducido de forma visible.

La corrección ha hecho más digerible la bolsa de EE. UU.


Parte del cambio se explica por el castigo sufrido por los grandes índices en lo que va de 2026. El S&P 500 no marca máximos desde enero y el Nasdaq sigue lejos de sus techos, mientras que la presión sobre las grandes tecnológicas y sobre el software ha enfriado múltiplos que hace unos meses parecían difíciles de justificar.

El ajuste ha sido todavía más visible en tecnología. El sector de tecnologías de la información presenta ahora una ratio precio/beneficio a futuro de 21,48 veces, claramente por debajo de su media de cinco años, que ronda las 26 veces. Eso ha llevado a que nombres como Nvidia, Amazon o Microsoft empiecen a ser vistos por algunos como valores con perfil más atractivo del que tenían hace unos meses.

El mercado estadounidense no está “barato” en términos absolutos históricos profundos, pero sí está menos caro que hace unos meses. Y esa diferencia importa.

El gran riesgo: que los beneficios no aguanten



El problema es que una parte importante de esa mejora en valoración no depende solo de la caída de los precios, sino de unas expectativas de beneficios que siguen siendo exigentes. El consenso de analistas todavía proyecta un crecimiento del 17% en los beneficios del S&P 500 en 2026. Y ahí está la trampa: si el conflicto con Irán, el petróleo o una desaceleración económica más clara obligan a revisar esas cifras, las valoraciones volverían a parecer menos atractivas muy rápido.

Ese es el punto que divide al mercado. Algunos creen que ya hay valor suficiente para empezar a construir posiciones. Otros ven un optimismo excesivo en las previsiones de crecimiento, especialmente cuando el impacto del shock energético sobre márgenes, costes y consumo todavía no se ha reflejado de verdad en las estimaciones.


No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1475

El agua gana peso en bolsa como una de las grandes inversiones estratégicas del futuro



 
El agua está dejando de ser solo un recurso básico para convertirse, cada vez más, en un eje de poder geopolítico. Esa es la idea central que plantea Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad, al subrayar que el abastecimiento hídrico condiciona fronteras, relaciones entre Estados, estabilidad regional y, cada vez con mayor claridad, prioridades de inversión. En un mundo más poblado, más tensionado y más expuesto al cambio climático, el agua gana peso como activo estratégico.

Un recurso renovable, pero no ilimitado



Como explica Pedro del Pozo, el agua comparte con el petróleo una condición fundamental: ambos son puntos de fricción geopolítica. La diferencia es que el agua puede regenerarse, reciclarse o potabilizarse. Eso la convierte en un recurso renovable, pero no infinito. Su distribución geográfica desigual, unida a la presión demográfica y al deterioro climático, está elevando de forma estructural su importancia.

Ese desequilibrio se percibe con especial crudeza allí donde la escasez es ya una amenaza cotidiana. Y ahí aparece el gran problema: cuando un recurso es imprescindible, escaso y geográficamente asimétrico, se convierte automáticamente en un instrumento de influencia y en una fuente potencial de conflicto.

La advertencia de fondo es clara: el agua no tiene por qué provocar guerras, pero sí puede convertirse en una palanca de presión política, económica y militar cada vez más relevante.

Ríos, cuencas y control territorial



Pedro del Pozo
pone dos ejemplos muy reveladores. Por un lado, Turquía, que controla el origen del Tigris y el Éufrates, dos arterias históricas para Oriente Medio. Por otro, China, que domina la meseta del Tíbet, donde nacen ríos esenciales para países como India, Pakistán o Bangladesh. Quien controla el nacimiento y la gestión de grandes cuencas dispone de una herramienta de presión geopolítica muy poderosa sobre sus vecinos.

Eso no significa que el conflicto sea inevitable. De hecho, compartir recursos hídricos puede y debe obligar a cooperar. Pero cuando las reglas internacionales se debilitan, el margen para el uso estratégico del agua se amplía. Y ahí aparece un riesgo evidente de inestabilidad, especialmente en regiones donde el equilibrio político ya es frágil.

Infraestructuras críticas y objetivo militar



Otro punto clave del análisis de Pedro del Pozo es que el agua no solo importa por su control natural, sino también por las infraestructuras que garantizan su acceso. Plantas desalinizadoras, redes de canalización, centros de tratamiento y sistemas de abastecimiento se están convirtiendo en activos estratégicos de primer nivel. Precisamente por eso, en contextos bélicos, pasan a ser objetivos potenciales.

Lo que se ha visto en Ucrania o en Oriente Medio refuerza esta idea: cuando una guerra rompe infraestructuras civiles, el daño no se limita a la energía o al transporte. También golpea al agua. Y eso castiga sobre todo a la población civil. Aunque el derecho internacional prohíbe este tipo de ataques, la realidad demuestra que esos límites saltan por los aires con demasiada facilidad cuando un conflicto se degrada.

El agua también es logística militar: en una guerra, su prioridad estratégica se sitúa a la altura del combustible o la munición. No es un asunto secundario. Es una pieza central del sostenimiento operativo.

La inversión será la gran respuesta


La salida a este escenario no pasa por el fatalismo, sino por la inversión. Pedro del Pozo defiende que el camino lógico está en reforzar desalación, reciclaje, depuración y redes de distribución. En otras palabras, convertir el agua en una prioridad seria de infraestructura civil. Eso será especialmente importante en regiones vulnerables, donde el cambio climático puede empujar tensiones ya latentes a niveles mucho más altos.

Desde la óptica financiera, sigue siendo difícil saber si el agua llegará a ocupar en los mercados un lugar comparable al del petróleo en el siglo XX. Pero su relevancia humana y estratégica no deja de crecer. Y eso, tarde o temprano, terminará reflejándose también en decisiones de inversión pública y privada. 



No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1476

La inflación ya refleja el golpe de Irán, pero el verdadero riesgo aún no está descontado


El dato de inflación de marzo en España deja una primera conclusión evidente: el conflicto con Irán ya ha empezado a notarse en los precios. El IPC general ha escalado del 2,3% de febrero al 3,3%, en un movimiento que encaja con el fuerte repunte del barril de crudo y del gas licuado durante las últimas semanas. Es, en esencia, la primera fotografía clara del impacto energético de esta nueva crisis geopolítica sobre la economía española.

Ahora bien, dentro de un dato claramente alcista, también hay dos elementos que moderan la lectura más negativa. El primero es que el repunte ha sido inferior a lo esperado, al quedar tres décimas por debajo de la previsión del 3,6%. El segundo es que la inflación subyacente repite en el 2,7%, una décima por debajo de lo que descontaba el mercado. De momento, por tanto, el mensaje es que el shock sigue concentrado sobre todo en la energía y todavía no se ha trasladado con fuerza al resto de la economía.

El papel amortiguador de la electricidad



Una de las razones por las que el dato ha sido algo menos duro de lo temido está en la evolución de la electricidad. En el caso español, el peso de las energías renovables sigue actuando como cierto factor corrector frente a la presión que llega desde el petróleo y el gas. Eso no elimina el problema, pero sí ayuda a contener, al menos por ahora, una escalada más agresiva del IPC general.

La importancia de este matiz es grande. Si la subyacente se hubiera disparado al mismo ritmo que el índice general, el mercado estaría leyendo una contaminación mucho más seria del shock energético sobre bienes y servicios. Pero no es eso lo que muestran hoy los datos. De momento, lo que vemos es una inflación de energía, no una inflación plenamente extendida al conjunto del sistema.

El mercado puede respirar algo aliviado con este dato, pero solo de forma temporal. La clave no está en marzo, sino en lo que ocurra en las próximas semanas con Ormuz, el crudo y las infraestructuras energéticas de la región.

El verdadero riesgo aún no está descontado del todo



El problema es que esta fotografía puede deteriorarse con rapidez si las hostilidades continúan. No se trata solo del bloqueo práctico del tráfico en el estrecho de Ormuz y del cuello de botella logístico que eso implica. El riesgo de fondo es mucho mayor: la destrucción o interrupción de infraestructuras petrolíferas y gasísticas en una región crítica para el suministro mundial.

Y ahí cambia por completo la naturaleza del problema. Si el encarecimiento de los precios se produce por esta vía, ya no hablamos de una inflación clásica ligada al exceso de demanda o al crecimiento económico, sino de una inflación de oferta. Es decir, una inflación mucho más incómoda para los bancos centrales, porque sube los precios al tiempo que debilita la actividad.

De la inflación al riesgo de estanflación



Por eso, los próximos días van a ser determinantes. Si la tensión militar se mantiene, el shock energético puede terminar convirtiéndose en una crisis más profunda, con una palabra que empieza a ganar peso en los análisis: estanflación. Eso significaría convivir con más inflación, menor crecimiento y menos margen de maniobra para las autoridades monetarias.


Y esa es, probablemente, la parte más relevante de este momento. Aunque bolsas y bonos ya han empezado a corregir, los mercados todavía no parecen haber descontado plenamente ese escenario más duro. De ahí que el dato de IPC de marzo, siendo malo, no sea todavía el centro del problema. El verdadero riesgo está en lo que pueda venir después si la guerra deja de ser un shock transitorio y se convierte en una perturbación persistente para la economía global.




No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1477

El S&P 500 encara una semana delicada por una operación de opciones que puede intensificar las caídas


El S&P 500 podría enfrentarse a una nueva fase de inestabilidad en los próximos días por el vencimiento y reajuste de una de las operaciones con opciones más vigiladas de Wall Street. Según explican Gordon Gottsegen y Joseph Adinolfi, el foco está en el JPMorgan Hedged Equity Fund, un fondo cuya estrategia de cobertura tiene un tamaño suficiente como para influir en la dinámica del mercado cuando llega el momento de renovarla.

Qué hay detrás de esta operación



La estrategia que utiliza este fondo es una put-spread collar, una estructura pensada para limitar las pérdidas de los inversores cuando cae el mercado, aunque a cambio también recorta parte del potencial alcista. El mecanismo es relativamente sencillo: el fondo compra opciones de venta para proteger la cartera ante descensos del índice y financia parte de esa cobertura vendiendo opciones de compra en niveles superiores.

El problema no está en la estructura en sí, sino en su enorme tamaño. Al mover volúmenes tan relevantes, los creadores de mercado y dealers tienen que ajustar continuamente sus coberturas con futuros del S&P 500, y ese proceso puede amplificar los movimientos del índice. Por eso esta estrategia de JPMorgan se sigue tan de cerca al cierre de cada trimestre.
La clave es esta: no se trata solo de una apuesta de un fondo, sino de una operación tan grande que obliga a otros participantes a reaccionar, y ahí es donde aparece la volatilidad.

El nivel que puede mover al mercado: 6.475 puntos



Según recogen Gottsegen y Adinolfi, uno de los niveles críticos de esta estrategia se sitúa en los 6.475 puntos del S&P 500. Esa referencia se ha convertido en una especie de zona magnética para el mercado, porque alrededor de ella los dealers necesitan comprar o vender futuros para mantenerse cubiertos.


Cuando el índice cae hacia ese nivel desde arriba, puede aumentar la probabilidad de rebotes bruscos. Pero si lo perfora claramente a la baja, la dinámica cambia: las ventas de cobertura pueden acelerarse y agravar la presión bajista. Y eso es exactamente lo que inquieta ahora a parte del mercado, porque el índice ya ha caído por debajo de esa referencia.


En otras palabras, el nivel de 6.475 no importa por análisis técnico clásico, sino por mecánica de mercado. Es un punto donde la estructura de coberturas puede alimentar movimientos más violentos de lo normal.

Por qué la próxima semana puede ser incómoda



El reajuste trimestral está previsto para el 31 de marzo, y eso significa que el mercado puede atravesar unos días especialmente incómodos antes de que se renueven esas posiciones. Si el S&P 500 continúa por debajo del strike clave justo antes del reset, los dealers podrían verse obligados a vender más futuros para completar sus coberturas, añadiendo presión a la baja.

Ese es el riesgo que varios analistas ponen sobre la mesa: no tanto un desplome inmediato y caótico, sino una especie de goteo bajista forzado, muy técnico, capaz de inquietar a los inversores porque no responde a una noticia nueva sino a una estructura que se está reajustando sola.

Eso es lo delicado del momento: el mercado puede caer no porque aparezca un nuevo shock, sino porque las coberturas obliguen a vender más mientras se acerca el vencimiento.

Después del reajuste, la presión podría aflojar



La parte menos negativa de la historia es que, una vez se complete el reajuste de la estrategia, parte de esta presión técnica debería reducirse. Es decir, la propia operación que ahora puede estar amplificando la inestabilidad dejaría de tener ese mismo efecto cuando se renueve el collar.

Eso no implica automáticamente que el mercado vaya a subir después. Solo significa que uno de los factores técnicos que están contribuyendo a la volatilidad podría perder intensidad. Y, en un entorno ya de por sí cargado de tensión por petróleo, tipos y geopolítica, quitar aunque sea una fuente adicional de presión no es un detalle menor.

En resumen, el mercado se enfrenta a unos días en los que la fragilidad del S&P 500 puede verse agravada por una mecánica muy concreta de opciones. No es una historia especialmente vistosa, pero sí importante: cuando una cobertura institucional es tan grande, el mercado deja de moverse solo por narrativa y empieza a moverse también por pura estructura.



No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1478

Poner a prueba la paciencia de los mercados



  • La guerra en Oriente Medio sigue poniendo a prueba la paciencia de los mercados y mantiene a los inversores lejos del riesgo.

  • El escenario central sigue siendo el de una crisis energética temporal, aunque aumentan los riesgos de una deriva más dañina para la economía global.

  • Tanto la Fed como el BCE deberían actuar con cautela ante un shock de oferta que no se resuelve con tipos más altos.

La guerra en Oriente Medio sigue pesando sobre el ánimo de los inversores y amenaza con desgastar la paciencia de los mercados. Según explica Sebastian Paris Horvitz, director de análisis de LBP AM y accionista mayoritario de LFDE, el principal problema no es solo el conflicto en sí, sino también la errática comunicación de Donald Trump, que alterna mensajes sobre conversaciones prometedoras con Irán con amenazas directas de destruir la infraestructura energética del país. Esa mezcla de negociación y agresividad impide que el mercado construya una expectativa estable.

Un conflicto que aún no ha llevado al mercado al extremo



El escenario central que maneja la firma es que este conflicto, marcado por unos objetivos militares poco definidos por parte de Estados Unidos, no debería extenderse mucho más allá de uno o dos meses. Esa hipótesis sigue siendo, por ahora, la base sobre la que descansa la relativa resistencia de los mercados. Aunque los inversores se mantienen prudentes, las caídas bursátiles en las grandes economías han sido, de momento, moderadas.


Eso sugiere que el mercado aún no está descontando un escenario extremo. En parte, porque sigue existiendo una expectativa razonable de que la crisis termine encontrando una salida antes de convertirse en algo mucho más destructivo. También ayuda el hecho de que todavía hay cierto margen para aliviar parcialmente la crisis energética, tanto mediante la liberación de reservas estratégicas por parte de países de la OCDE como a través de medidas fiscales puntuales.


El mercado sigue inquieto, pero no en pánico. Y esa diferencia es importante: refleja que aún se considera posible una salida limitada en tiempo y daño económico.


El riesgo de escalada va en aumento



El problema es que la probabilidad de escenarios más adversos está creciendo. La decisión de Estados Unidos de enviar refuerzos terrestres ante una posible intervención directa en territorio iraní eleva claramente el riesgo geopolítico. Y cuanto más se fortalezca esa percepción, más difícil será que el dinero regrese con convicción a los activos de riesgo.
Si la alteración del suministro global de hidrocarburos fuera severa y duradera, el golpe sobre la economía mundial sería serio. Y no solo en términos macroeconómicos. También tendría un fuerte coste político para Trump, especialmente si el encarecimiento de la energía acaba dañando el poder adquisitivo de los consumidores estadounidenses de cara a las elecciones legislativas de final de año.

Ese es uno de los grandes límites del conflicto: a medida que suben los costes económicos, también sube la presión política. Y eso hace pensar que Washington tiene incentivos para no dejar que la guerra se eternice. Pero una cosa es no querer una guerra larga y otra muy distinta lograr evitarla.

Prudencia en mercado y cautela para los bancos centrales



En este contexto, la firma mantiene una posición prudente a corto plazo. No porque espere un escenario de colapso, sino porque entiende que el binomio rentabilidad-riesgo sigue siendo delicado mientras la guerra no ofrezca señales más claras de desescalada. Aun así, sigue considerando que, si la crisis energética se mantiene acotada en el tiempo, el interés por los activos de riesgo terminará regresando.

Desde esa misma lógica, también defiende que los bancos centrales deberían actuar con mucha más cautela ante un eventual repunte de la inflación ligado a la energía. Endurecer la política monetaria frente a un shock de oferta puede sonar ortodoxo, pero no resuelve el origen del problema y sí puede agravar el daño sobre el crecimiento.

La tesis es bastante clara: subir tipos para combatir una inflación provocada por la energía puede ser más castigo que solución, especialmente si la economía ya empieza a perder tracción.


La Fed prioriza el crecimiento ante una crisis de oferta



En Estados Unidos, las estadísticas continúan mostrando una resistencia razonable. Sorprendió, por ejemplo, que la confianza de los hogares medida por la Universidad de Michigan apenas retrocediera en marzo, aunque siga situada en niveles históricamente bajos. Además, el hecho de que las expectativas de inflación a largo plazo permanezcan contenidas supone una señal positiva para la Reserva Federal.

Jerome Powell insistió precisamente en esa idea: las expectativas siguen ancladas, aunque todavía es pronto para calibrar plenamente el impacto de la guerra. También dejó claro que la Fed tiene un margen muy limitado para actuar frente a una perturbación de la oferta y un encarecimiento del petróleo. En el fondo, eso sugiere que el banco central estadounidense se inclina más por proteger el crecimiento y el empleo que por reaccionar agresivamente ante un repunte inflacionista de este tipo.

Europa acusa el golpe, sobre todo en el consumo



En la eurozona, las encuestas de marzo de la Comisión Europea muestran ya un impacto negativo de la guerra sobre la actividad, aunque todavía de intensidad moderada. Ese diagnóstico encaja con el mensaje que venían trasladando los índices PMI: desaceleración, sí, pero sin desplome inmediato.

Donde sí se aprecia un deterioro más visible es en el frente del consumidor. El indicador definitivo de confianza ha mostrado una caída sustancial, rompiendo la dinámica de recuperación que se venía observando desde comienzos de año. Y ese punto no es menor, porque una economía europea con un consumidor más débil tiene menos capacidad para absorber un nuevo shock energético sin resentirse.

En definitiva, el mercado sigue sosteniéndose sobre la idea de que la crisis será limitada en el tiempo. Pero esa paciencia no es infinita. Si Trump continúa mezclando amenazas y promesas sin una dirección clara, y si el conflicto empieza a escalar de verdad, la tolerancia del mercado se reducirá mucho más rápido de lo que ahora parece.

Sebastian Paris Horvitz, director de análisis de LBP AM




No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1479

Tom Lee ve el suelo cerca: las bolsas suelen tocar fondo al inicio de las guerras



  • Tom Lee defiende que las bolsas suelen tocar suelo al principio de las guerras, no al final.

  • Fundstrat cree que el S&P 500 podría haber encontrado soporte en la zona de 6.200-6.300 puntos.

  • La firma sostiene que el mercado ya ha descontado gran parte del riesgo y que la caída estaría entre un 90% y un 95% completada.

Las bolsas podrían estar mucho más cerca del suelo de lo que teme el mercado. Esa es la tesis que defiende Tom Lee, cofundador y director de análisis de Fundstrat, al recordar que, históricamente, la renta variable suele tocar fondo en las primeras fases de los conflictos bélicos, y no en su desenlace.

Según su análisis, basado en siete grandes guerras desde 1900, los mercados tienden a descontar los riesgos más duros con rapidez, lo que provoca que el mínimo bursátil llegue pronto. De hecho, Lee subraya que, en promedio, las bolsas suelen marcar suelo dentro del primer 10% de la duración de una guerra. La lectura es clara: el mercado reacciona antes que la política y antes que la propia evolución del conflicto.



Fundstrat cree que el mercado ya ha purgado gran parte del miedo



En esta ocasión, Lee interpreta que las declaraciones de Donald Trump sobre una posible desescalada con Irán actuaron como recordatorio de hasta qué punto el posicionamiento de los inversores ya era extremadamente defensivo. El rebote inmediato de Wall Street tras esos mensajes refuerza, en su opinión, la idea de que el mercado había incorporado una dosis elevada de pesimismo.

En línea con esa visión, el responsable técnico de Fundstrat, Mark Newton, considera que la zona de 6.200-6.300 puntos en el S&P 500 podría representar el suelo de esta corrección. Tras el fuerte rebote reciente, Lee va un paso más allá y afirma que la caída estaría ya entre un 90% y un 95% completada.


La tesis de Fundstrat es directa: los mercados suelen exagerar el miedo al inicio de las guerras y, cuando el peor escenario no se materializa de inmediato, el rebote puede ser rápido y violento.

El petróleo no sería tan dañino como parece



Otra de las claves de su argumento está en el crudo. Lee sostiene que la economía estadounidense puede soportar un petróleo en torno a los 100 dólares bastante mejor de lo que muchos inversores creen. Recuerda que Estados Unidos es exportador neto de energía y que, además, un barril a ese nivel sigue muy por debajo del máximo real alcanzado en 2008 si se ajusta por inflación.

Su cálculo es llamativo: para igualar en términos reales el pico de entonces, el WTI tendría que moverse hoy en una zona de 220 a 240 dólares. A ello añade otro factor: el incremento del gasto en defensa derivado de la guerra estaría aportando entre 20.000 y 30.000 millones de dólares al mes al PIB, compensando parcialmente el impacto negativo del encarecimiento energético.

Una visión claramente contraria al consenso más bajista



Lee también se apoya en indicadores de sentimiento, como la ratio put-call, que vuelve a niveles vistos en los mínimos de abril de 2025 tras el anuncio de la nueva política arancelaria de Trump. Para Fundstrat, ese tipo de señal suele aparecer cuando el miedo ya está bastante avanzado.

En el fondo, el mensaje es simple: el mercado puede haber corrido demasiado al descontar el peor escenario. Y si esa lectura es correcta, abril podría traer una recuperación más rápida de la esperada, especialmente si el conflicto no se prolonga tanto como teme el consenso más pesimista.



No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.

#1480

El S&P 500 pierde fuelle tras Trump y se juega ahora un soporte decisivo


El mercado estadounidense ha vuelto a enfriarse. El S&P 500 ha borrado buena parte de las ganancias acumuladas desde el martes después de que el discurso de Donald Trump sobre la guerra con Irán no ofreciera el giro que muchos inversores esperaban. En lugar de una señal clara de distensión, el presidente repitió un tono firme, mantuvo su sesgo agresivo y dejó al mercado con la sensación de que el conflicto sigue lejos de resolverse.


La decepción no vino solo por lo que dijo, sino también por lo que no dijo. Parte del mercado había interpretado los mensajes previos como una posible apertura a un final negociado del conflicto, incluso sin exigir de forma inmediata la reapertura del Estrecho de Ormuz. Sin embargo, ese optimismo se fue desinflando rápidamente al comprobar que la Casa Blanca seguía manejando plazos amplios y condiciones que dejan mucho margen para nuevas tensiones.

El mercado corrige porque el relato de desescalada pierde fuerza



El rebote reciente se había apoyado en la idea de que Washington podría estar dispuesto a rebajar el conflicto con Irán. A eso se sumaron declaraciones desde Teherán apuntando a una posible disposición para poner fin a la guerra si existían garantías suficientes. Pero el discurso posterior de Trump rompió esa lectura: no hubo novedades reales, no se concretó una hoja de ruta y volvió a insistirse en una posición dura.


El problema para las bolsas es que el mercado había corrido demasiado deprisa con una narrativa todavía muy frágil. Trump, además, volvió a vincular cualquier alto el fuego a la situación en el Estrecho de Ormuz, pese a haber suavizado ese punto apenas un día antes. Esa contradicción deja a los inversores en el peor escenario posible: mucho ruido político y poca visibilidad operativa.



La lectura es clara: el mercado no está castigando solo el tono de Trump, sino la sensación de que el conflicto puede alargarse más de lo que se había empezado a descontar.

Nivel técnico clave: 6.530 puntos



Desde el punto de vista técnico, el índice ha regresado a la zona de 6.530 puntos, un soporte importante que ahora concentra toda la atención. Es un nivel donde los compradores podrían intentar reconstruir posiciones, utilizando un riesgo relativamente acotado por debajo del soporte para buscar un nuevo tramo de rebote.


Pero si ese nivel termina rompiéndose, el escenario cambia. En ese caso, los bajistas ganarían argumentos para ampliar la corrección con un objetivo técnico en torno a los 6.363 puntos. Es decir, esta no es una zona cualquiera: es el punto que puede separar un simple retroceso dentro de la tendencia de fondo de una corrección más seria a corto plazo.

Qué vigilar a muy corto plazo



En gráficos de corto plazo, la referencia inmediata está en una pequeña directriz bajista que ordena el movimiento correctivo reciente. Si el índice rebota pero choca contra esa línea sin superarla, los vendedores podrían volver a presionar para llevar al S&P 500 a nuevos mínimos de corto plazo. En cambio, una ruptura al alza daría algo de oxígeno y permitiría mirar de nuevo hacia la gran directriz superior, situada en torno a 6.670 puntos.

A partir de aquí, el foco del mercado se desplaza también a los datos macro. Las peticiones semanales de subsidio por desempleo y, sobre todo, el informe oficial de empleo de mañana pueden añadir más volatilidad a un mercado que ya llega muy sensible por el frente geopolítico.

En definitiva, el S&P 500 ha vuelto a una zona donde se decide mucho. Si aguanta, el mercado aún podrá intentar reconstruir el rebote. Si no, la corrección puede ganar bastante más cuerpo. Ahora mismo, el problema no es solo técnico: es que la geopolítica sigue impidiendo que el mercado confíe de verdad en una desescalada.




No importa lo fuerte que pegues, lo importante es mantenerse en pie.