FERNANDO ESTEVE MORA
Pese a los años dedicados a explicar Economía del Comportamiento, a uno le siguen sorprendiendo la irracionalidad de los comportamientos humanos, y más todavía, la irracionalidad de algunos "humanos" en concreto, los que se presuponen ser los más listos y sabios, los dedicados gestionar los mimbres sociales e institucionales que articulan o enmarcan el espacio de las relaciones políticas y económicas. Los economistas saben desde siempre que "los mercados" no operan en el vacío, que es necesario un marco social, político, institucional, cultural, para que la "mano invisible" pueda jugar sus magias sin pasarse de rosca.
En el caso español, tras la dictadura franquista está claro que el PSOE ha sido una de las organizaciones básicas o centrales en la construcción de ese marco. Y en esa tarea constructiva el PSOE , paradójicamente, se fue "desconstruyéndose" hasta no parecerse en nada, salvo en las siglas y poco más, a lo que una vez fue: abandonó el marxismo y la defensa de la república como forma política, aceptó no sólo perdonar sino hasta olvidar los inconmensurables desmanes que causaron esas mismas elites militares, policiales, judiciales y económicas del franquismo en lo que se llamó la Transición, traicionó repetidamente a sus votantes, los trabajadores, aceptando las posturas de las clases empresariales enfrentándose a los sindicatos de clase, modernizó los marcos legales para hacerlos congruentes con los cambios en la sociedad (el divorcio, el aborto, la eutanasia, el matrimonio gay, la lucha violencia contra las mujeres) pese al desgaste que ello le suponía,
Por ello me resulta imposible entender "lo que está pasando". Porque lo que está pasando es que las élites económicas, mediáticas, policiales y judiciales parecen haber decidido acabar con el PSOE. No, no sólo de favorecer la natural sustitución del PSOE por la derecha en la Moncloa tras unas elecciones, sino "cargarse" al PSOE. Así, tal cual. Y eso me resulta de los más extraño porque está más que claro que el PSOE nada ha hecho para tocar su poder e incluso lo ha hecho crecer, véase si no la evolución de la distribución funcional de la renta en España en los últimos años. Haciéndole caso a aquello de que "el que pueda hacer que haga" (Aznar), parecen decididas a hundir al PSOE.
Pero, ¿qué esperan que ocurra los "erudos" sabihondos que aconsejan a los que tienen el poder económico, militar, policial y judicial? ¿Esperan acaso que los votantes del PSOE se pasen en tromba a votar al PP y a VOX (y también a Junts y al PNV)? ¿Creen, acaso, que "muerto el perro Sánchez" y con él el PSOE, se acabará la rabia, la polarización? Pero, ¿en qué cabeza cabe eso?
No dudo que algunos votantes hoy del PSOE se pasen a la derecha, pero en su inmensa mayoría esos votantes de la izquierda parroquial y moderadísima que es el PSOE se van a quedar huérfanos y con sensación de maltrato y de injusticia, por lo que es previsible que pasarán a votar a partidos menos consentidores de lo que ha sido nunca el PSOE. Eso en Cataluña y el País Vasco ya se sabe lo que implica, el ascenso de Esquerra y de Bildu, con lo que en poco tiempo, volvemos a la casilla de salida, y esta vez con más fuerza: o sea, independentismo radical en esas dos comunidades autónomas, básicas para el funcionamiento Estado. Un Estado quebrado y dividido porque en el resto, enfrentado a esas dos comunidades autónomas cada vez más alejadas de España. ahí, la derecha más radical se impondrá por lo que a la izquierda no le quedará mucho espacio para sobrevivir, al menos a la luz del día. No descarto por ello que la izquierda se vea obligada a volver para sobrevivir a su modo de vida de cuando la dictadura, o sea a la clandestinidad, en la medida que se vea acosada por un Tribunal Supremo y una Audiencia Nacional que ya le recuerdan a la izquierda al Tribunal de Orden Público franquista, apoyados por una Policía Nacional y una Guardia Civil con las que nunca se ha sentido a gusto pues nunca las ha considerado en el fondo ni neutrales ni institucionalmente leales. Y, ¿en el mundo laboral? La colaboración sindical se va a revelar imprescindible para hacer frente a los retos que la implementación de la IA va a suponer, y entonces, en un país sin izquierda moderada, ¿quiénes van a ser los mediadores con ese mundo laboral en problemas desde el PP y VOX y los demás partidos de la derecha? Sencillamente, no existen.
En suma, que como economista, no entiendo nada de esto que está pasando. No entiendo cómo los poderes fácticos (me da la impresión que Felipe VI es el único que tiene en esto cierta visión realista de futuro y anda preocupado con razón por lo que se nos viene) se hayan metido tan alegremente en esto de "cargarse" al PSOE.
Hace unos años leí un libro de una historiadora, Barbara Tuchman, titulado The March of Folly. From Troy to Vietnam. En él Tuchman revisaba una serie de comportamientos de las élites dirigentes (de reyes, de papas, de presidentes de gobiernos) en varios momentos históricos en que tomaban decisiones alocadas, definiendo ser una locura no por ser en sí irracionales o inmorales, sino por estar en contra de sus propios intereses, aún a sabiendas de que lo eran. Nadie conoce el futuro, pero me da la impresión que lo que está pasando hoy en España podría encontrar su lugar en una edición aumentada de ese libro.
Pese a los años dedicados a explicar Economía del Comportamiento, a uno le siguen sorprendiendo la irracionalidad de los comportamientos humanos, y más todavía, la irracionalidad de algunos "humanos" en concreto, los que se presuponen ser los más listos y sabios, los dedicados gestionar los mimbres sociales e institucionales que articulan o enmarcan el espacio de las relaciones políticas y económicas. Los economistas saben desde siempre que "los mercados" no operan en el vacío, que es necesario un marco social, político, institucional, cultural, para que la "mano invisible" pueda jugar sus magias sin pasarse de rosca.
En el caso español, tras la dictadura franquista está claro que el PSOE ha sido una de las organizaciones básicas o centrales en la construcción de ese marco. Y en esa tarea constructiva el PSOE , paradójicamente, se fue "desconstruyéndose" hasta no parecerse en nada, salvo en las siglas y poco más, a lo que una vez fue: abandonó el marxismo y la defensa de la república como forma política, aceptó no sólo perdonar sino hasta olvidar los inconmensurables desmanes que causaron esas mismas elites militares, policiales, judiciales y económicas del franquismo en lo que se llamó la Transición, traicionó repetidamente a sus votantes, los trabajadores, aceptando las posturas de las clases empresariales enfrentándose a los sindicatos de clase, modernizó los marcos legales para hacerlos congruentes con los cambios en la sociedad (el divorcio, el aborto, la eutanasia, el matrimonio gay, la lucha violencia contra las mujeres) pese al desgaste que ello le suponía,
Por ello me resulta imposible entender "lo que está pasando". Porque lo que está pasando es que las élites económicas, mediáticas, policiales y judiciales parecen haber decidido acabar con el PSOE. No, no sólo de favorecer la natural sustitución del PSOE por la derecha en la Moncloa tras unas elecciones, sino "cargarse" al PSOE. Así, tal cual. Y eso me resulta de los más extraño porque está más que claro que el PSOE nada ha hecho para tocar su poder e incluso lo ha hecho crecer, véase si no la evolución de la distribución funcional de la renta en España en los últimos años. Haciéndole caso a aquello de que "el que pueda hacer que haga" (Aznar), parecen decididas a hundir al PSOE.
Pero, ¿qué esperan que ocurra los "erudos" sabihondos que aconsejan a los que tienen el poder económico, militar, policial y judicial? ¿Esperan acaso que los votantes del PSOE se pasen en tromba a votar al PP y a VOX (y también a Junts y al PNV)? ¿Creen, acaso, que "muerto el perro Sánchez" y con él el PSOE, se acabará la rabia, la polarización? Pero, ¿en qué cabeza cabe eso?
No dudo que algunos votantes hoy del PSOE se pasen a la derecha, pero en su inmensa mayoría esos votantes de la izquierda parroquial y moderadísima que es el PSOE se van a quedar huérfanos y con sensación de maltrato y de injusticia, por lo que es previsible que pasarán a votar a partidos menos consentidores de lo que ha sido nunca el PSOE. Eso en Cataluña y el País Vasco ya se sabe lo que implica, el ascenso de Esquerra y de Bildu, con lo que en poco tiempo, volvemos a la casilla de salida, y esta vez con más fuerza: o sea, independentismo radical en esas dos comunidades autónomas, básicas para el funcionamiento Estado. Un Estado quebrado y dividido porque en el resto, enfrentado a esas dos comunidades autónomas cada vez más alejadas de España. ahí, la derecha más radical se impondrá por lo que a la izquierda no le quedará mucho espacio para sobrevivir, al menos a la luz del día. No descarto por ello que la izquierda se vea obligada a volver para sobrevivir a su modo de vida de cuando la dictadura, o sea a la clandestinidad, en la medida que se vea acosada por un Tribunal Supremo y una Audiencia Nacional que ya le recuerdan a la izquierda al Tribunal de Orden Público franquista, apoyados por una Policía Nacional y una Guardia Civil con las que nunca se ha sentido a gusto pues nunca las ha considerado en el fondo ni neutrales ni institucionalmente leales. Y, ¿en el mundo laboral? La colaboración sindical se va a revelar imprescindible para hacer frente a los retos que la implementación de la IA va a suponer, y entonces, en un país sin izquierda moderada, ¿quiénes van a ser los mediadores con ese mundo laboral en problemas desde el PP y VOX y los demás partidos de la derecha? Sencillamente, no existen.
En suma, que como economista, no entiendo nada de esto que está pasando. No entiendo cómo los poderes fácticos (me da la impresión que Felipe VI es el único que tiene en esto cierta visión realista de futuro y anda preocupado con razón por lo que se nos viene) se hayan metido tan alegremente en esto de "cargarse" al PSOE.
Hace unos años leí un libro de una historiadora, Barbara Tuchman, titulado The March of Folly. From Troy to Vietnam. En él Tuchman revisaba una serie de comportamientos de las élites dirigentes (de reyes, de papas, de presidentes de gobiernos) en varios momentos históricos en que tomaban decisiones alocadas, definiendo ser una locura no por ser en sí irracionales o inmorales, sino por estar en contra de sus propios intereses, aún a sabiendas de que lo eran. Nadie conoce el futuro, pero me da la impresión que lo que está pasando hoy en España podría encontrar su lugar en una edición aumentada de ese libro.