FERNANDO ESTEVE MORA
Sucedió este fin de semana pasado. Doy fe de todo lo que voy a contar. Un hombre joven (31 años) denuncia a mujer sin papeles sudamericana de unos 45 años que trabajaba como limpiadora para su anciana y recién fallecida abuela por haberla sustraído 12000€. Dos días después de esta denuncia, el viernes pasado, es detenido pues la mujer le denuncia a su vez por agresión sexual. En aplicación de los protocolos, la policía detiene en calabozos durante casi dos días al denunciado hasta que se celebra un juicio rápido, que -a espera de sentencia- pone en libertad al denunciado. Entretanto, la denuncia por robo queda paralizada y, caso de que el fallo le sea de alguna manera beneficioso, los papeles de residencia le serán expedidos a la mujer de inmediato y recibirá también alguna ayuda pública por víctima de violencia de género. Se positivamente que el hombre es inocente.
A ojo de buen cubero estimo que el PSOE habrá perdido en favor de VOX unos 10-15 votos directos, los de familiares y amigos cercanos, y no puedo hacerme una idea de cuántos votos indirectos habrá perdido la izquierda en general por este desaguisado cuando su caso se difunda por esas redes sociales de dios. ¿20, 30? Ni idea.
Uno de los problemas básicos de quienes se dedican a la política es que tienen a gala "ser de letras", es decir, que tienen a gala el no saber nada de las leyes de la lógica y de la aritmética más elemental de modo que así pueden nadar sin problemas en las turbias aguas de lo moral, lo ético, y lo deseable por políticamente correcto. Así he oído repetidamente que el número de denuncias demostradamente falsas por violencia machista es un porcentaje irrisorio del total de denuncias, el 0,02% se estima. Entre 2009 y 2024, leo en internet, se presentaron 2.451.329 denuncias y sólo fueron investigadas por la Fiscalía por falsedad 489. Muy, pero que muy pocas. Algo pues más que marginal, despreciable. ¿Seguro? Veamos.
El caso es que también sucede que sólo un 17% acabó en sentencia (un 80% de ellas, condenatoria), en torno a un 40% de las denuncias por violencia de género acabaron provisionalmente archivadas en un cajón porque aunque hubiese indicios faltaban pruebas que las respaldasen y, por tanto, el 43% restantes fueron archivadas definitivamente. O sea, que un 83% de las denuncias no estaban sustentadas en pruebas. ¿Qué porcentaje de esas denuncias no judicializadas eran falsas? No lo podemos saber. La "lógica" jurídica de la presunción de inocencia obligaría a considerarlas a todas como falsas, pues nadie es culpable hasta que se demuestre su culpabilidad y la prueba de cargo está en quien denuncia. Obviamente, la lógica jurídica es patentemente ilógica ya que "lógica" lógica ni mucho menos estimaría "lógica" esa presunción general de inocencia para todos los acusados sin pruebas. Lo lógico es que un buen porcentaje de esas denuncias archivadas correspondan a agresiones ciertas, reales, pero indemostrables. Supongamos, es un suponer, que todas las archivadas provisionalmente eran denuncias ciertas y que todas las archivadas definitivamente eran falsas. Eso nos daría un porcentaje de más de un 40% de denuncias no demostrables y falsas. Si a ese porcentaje le sumamos el porcentaje de absoluciones en juicios, pues nos acercaríamos a una cifra del 50%. Es decir, que con las suposiciones realizadas, se tendría que un millón y cuarto de las denuncias presentadas por violencia de género entre 2009 y 2024 no serían "estadísticamente" ciertas, o mejor, verosímiles.
Muchas parecen, ¿no? Podría pensarse que, para llegar a una cifra correcta habría de usarse del ínfimo porcentaje de denuncias que se demostraron falsas en los juzgados, ese 0,02. Pero a nadie debería de escapársele la patente dificultad por no decir imposibilidad de demostrar fehacientemente la culpabilidad de otro cuando, como sucede en estos casos, ello pasa por demostrar la propia inocencia. En cualquier caso, como la cifra a la que hemos llegado con nuestras suposiciones parece muy excesiva, reduzcámosla. Dejémosla en la mitad. En 600.000. O incluso en menos, si así se quiere, en medio millón, para redondear. Medio millón de falsos acusados en 15 años que, sin la menor de las dudas, no votarán ni ellos, ni sus familiares, ni sus amigos a partidos de la izquierda feminista, y que por contra, aún a veces haciendo de tripas corazón, se entregarán a VOX como su único defensor ante la injusticia sentida y sufrida. ¿2.500.000 más de votos para VOX en estos años suponiendo un multiplicador de 5? ¿Es este, entonces, cuando se tienen en cuenta los efectos multiplicadores de las denuncias no sustentables y falsas, un problema marginal del que cabe escabullirse repitiendo esa cifra del 0.02% de denuncias judicialmente sentenciadas como falsas?
No lo sé. Nadie lo sabe. Pero me parece que no, que no es un asunto menor, y que cometen un error los políticos de izquierda que lo eluden y creen que sólo es fruto de la manipulación de los medios y las redes de extrema derecha que distorsionan la percepción del personal respecto a la violencia de género. No dudo que hay esa manipulación, pero no dudo tampoco de que hay un problema real subyacente. El caso a que he hecho referencia es el tercero que de forma directa me llega a los oídos. Sea lo que fuere, lo que sí es más que sabido es que la legislación contra la violencia de género ha alejado del feminismo y de la izquierda a una gran parte de la población masculina de este país sin, a lo que parece dados las datos, haber tenido la menor influencia en las cifras de violencia de género a tenor de las cifras de denuncias. Sin contar con otros efectos colaterales indeseables. El hombre con cuyo caso empezaba esta entrada, un pequeño empresario, ha pasado a jurar y perjurar que nunca contratará a una mujer, que las mujeres pueden ser más que problemáticas, muy peligrosas dado el sesgo favorable que, en su opinión, disfrutan cuando denuncian por violencia de género, y por lo que me cuentan, esa idea cada vez encuentra más adeptos entre los pequeños empresarios varones.
¿Significa todo lo anterior que no hay violencia de género, que no hay machismo, que la igualdad entre hombres y mujeres no es deseable? Pues, obviamente, NO. Lo que significa es que la legislación es ineficiente por mal diseñada pues a la vez que incentiva que las mujeres denuncien cuando sufren maltrato incentiva también las denuncias no verdaderas, no sustentables e incluso aquellas quizás excesivas o abusivas (y me estoy refiriendo aquí a casos como las denuncias presentadas contra Errejón que -creo que no sólo a mí- me parecen un tanto excesivas) y no protege adecuadamente los denunciados varones inocentes.
Sucedió este fin de semana pasado. Doy fe de todo lo que voy a contar. Un hombre joven (31 años) denuncia a mujer sin papeles sudamericana de unos 45 años que trabajaba como limpiadora para su anciana y recién fallecida abuela por haberla sustraído 12000€. Dos días después de esta denuncia, el viernes pasado, es detenido pues la mujer le denuncia a su vez por agresión sexual. En aplicación de los protocolos, la policía detiene en calabozos durante casi dos días al denunciado hasta que se celebra un juicio rápido, que -a espera de sentencia- pone en libertad al denunciado. Entretanto, la denuncia por robo queda paralizada y, caso de que el fallo le sea de alguna manera beneficioso, los papeles de residencia le serán expedidos a la mujer de inmediato y recibirá también alguna ayuda pública por víctima de violencia de género. Se positivamente que el hombre es inocente.
A ojo de buen cubero estimo que el PSOE habrá perdido en favor de VOX unos 10-15 votos directos, los de familiares y amigos cercanos, y no puedo hacerme una idea de cuántos votos indirectos habrá perdido la izquierda en general por este desaguisado cuando su caso se difunda por esas redes sociales de dios. ¿20, 30? Ni idea.
Uno de los problemas básicos de quienes se dedican a la política es que tienen a gala "ser de letras", es decir, que tienen a gala el no saber nada de las leyes de la lógica y de la aritmética más elemental de modo que así pueden nadar sin problemas en las turbias aguas de lo moral, lo ético, y lo deseable por políticamente correcto. Así he oído repetidamente que el número de denuncias demostradamente falsas por violencia machista es un porcentaje irrisorio del total de denuncias, el 0,02% se estima. Entre 2009 y 2024, leo en internet, se presentaron 2.451.329 denuncias y sólo fueron investigadas por la Fiscalía por falsedad 489. Muy, pero que muy pocas. Algo pues más que marginal, despreciable. ¿Seguro? Veamos.
El caso es que también sucede que sólo un 17% acabó en sentencia (un 80% de ellas, condenatoria), en torno a un 40% de las denuncias por violencia de género acabaron provisionalmente archivadas en un cajón porque aunque hubiese indicios faltaban pruebas que las respaldasen y, por tanto, el 43% restantes fueron archivadas definitivamente. O sea, que un 83% de las denuncias no estaban sustentadas en pruebas. ¿Qué porcentaje de esas denuncias no judicializadas eran falsas? No lo podemos saber. La "lógica" jurídica de la presunción de inocencia obligaría a considerarlas a todas como falsas, pues nadie es culpable hasta que se demuestre su culpabilidad y la prueba de cargo está en quien denuncia. Obviamente, la lógica jurídica es patentemente ilógica ya que "lógica" lógica ni mucho menos estimaría "lógica" esa presunción general de inocencia para todos los acusados sin pruebas. Lo lógico es que un buen porcentaje de esas denuncias archivadas correspondan a agresiones ciertas, reales, pero indemostrables. Supongamos, es un suponer, que todas las archivadas provisionalmente eran denuncias ciertas y que todas las archivadas definitivamente eran falsas. Eso nos daría un porcentaje de más de un 40% de denuncias no demostrables y falsas. Si a ese porcentaje le sumamos el porcentaje de absoluciones en juicios, pues nos acercaríamos a una cifra del 50%. Es decir, que con las suposiciones realizadas, se tendría que un millón y cuarto de las denuncias presentadas por violencia de género entre 2009 y 2024 no serían "estadísticamente" ciertas, o mejor, verosímiles.
Muchas parecen, ¿no? Podría pensarse que, para llegar a una cifra correcta habría de usarse del ínfimo porcentaje de denuncias que se demostraron falsas en los juzgados, ese 0,02. Pero a nadie debería de escapársele la patente dificultad por no decir imposibilidad de demostrar fehacientemente la culpabilidad de otro cuando, como sucede en estos casos, ello pasa por demostrar la propia inocencia. En cualquier caso, como la cifra a la que hemos llegado con nuestras suposiciones parece muy excesiva, reduzcámosla. Dejémosla en la mitad. En 600.000. O incluso en menos, si así se quiere, en medio millón, para redondear. Medio millón de falsos acusados en 15 años que, sin la menor de las dudas, no votarán ni ellos, ni sus familiares, ni sus amigos a partidos de la izquierda feminista, y que por contra, aún a veces haciendo de tripas corazón, se entregarán a VOX como su único defensor ante la injusticia sentida y sufrida. ¿2.500.000 más de votos para VOX en estos años suponiendo un multiplicador de 5? ¿Es este, entonces, cuando se tienen en cuenta los efectos multiplicadores de las denuncias no sustentables y falsas, un problema marginal del que cabe escabullirse repitiendo esa cifra del 0.02% de denuncias judicialmente sentenciadas como falsas?
No lo sé. Nadie lo sabe. Pero me parece que no, que no es un asunto menor, y que cometen un error los políticos de izquierda que lo eluden y creen que sólo es fruto de la manipulación de los medios y las redes de extrema derecha que distorsionan la percepción del personal respecto a la violencia de género. No dudo que hay esa manipulación, pero no dudo tampoco de que hay un problema real subyacente. El caso a que he hecho referencia es el tercero que de forma directa me llega a los oídos. Sea lo que fuere, lo que sí es más que sabido es que la legislación contra la violencia de género ha alejado del feminismo y de la izquierda a una gran parte de la población masculina de este país sin, a lo que parece dados las datos, haber tenido la menor influencia en las cifras de violencia de género a tenor de las cifras de denuncias. Sin contar con otros efectos colaterales indeseables. El hombre con cuyo caso empezaba esta entrada, un pequeño empresario, ha pasado a jurar y perjurar que nunca contratará a una mujer, que las mujeres pueden ser más que problemáticas, muy peligrosas dado el sesgo favorable que, en su opinión, disfrutan cuando denuncian por violencia de género, y por lo que me cuentan, esa idea cada vez encuentra más adeptos entre los pequeños empresarios varones.
¿Significa todo lo anterior que no hay violencia de género, que no hay machismo, que la igualdad entre hombres y mujeres no es deseable? Pues, obviamente, NO. Lo que significa es que la legislación es ineficiente por mal diseñada pues a la vez que incentiva que las mujeres denuncien cuando sufren maltrato incentiva también las denuncias no verdaderas, no sustentables e incluso aquellas quizás excesivas o abusivas (y me estoy refiriendo aquí a casos como las denuncias presentadas contra Errejón que -creo que no sólo a mí- me parecen un tanto excesivas) y no protege adecuadamente los denunciados varones inocentes.