A propósito de la última entrada se me ha preguntado acerca de cómo podría lograrse que los bancos hiciesen pública esa información acerca de sus ocultas "vergüenzas" (si es que realmente las tienen) o, en general, acerca de cómo puede ayudarse al Principio de Revelación Total de Información cuando parece que no es lo suficientemente efectivo o incentivador de las confesiones voluntarias. Me he acordado de un cuento sufí que podría proporcionar una estrategia posiblemente útil, cuento que paso a transcribir:

El Préstamo
Un hombre estaba diciendo a sus amigos en una casa de té.
'He prestado a alguien una moneda de plata, y no tengo testigos. Me preocupa ahora que niegue haber recibido alguna vez algo de mí'.
Los amigos le compadecían, pero un sufí que estaba sentado en una esquina levantó la cabeza de entre sus rodillas y dijo:
-'Invítale y menciónale en una conversación delante de estas personas que le prestaste veinte monedas de oro'.
'-¡Pero yo sólo le presté una moneda!'
-'Eso exactamente es lo que gritará', replicó el sufí. 'y todo el mundo lo oirá. Tú querías testigos, ¿no es verdad?'

Idries Shah, La sabiduría de los idiotas. Cuentos de la tradición sufí.
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