Las repercusiones económicas de la independencia de Cataluña: un análisis keynesiano

Es el caso que en este curso académico una de las asignaturas que me "toca" impartir es una de Macroeconomía introductoria. Y ando buscando por ahí artículos o textos lo suficientemente fáciles e ilustrativos que me puedan servir como material docente. Y, ¡mira por dónde! me tropecé con un artículo de don Juan Carlos Barba que, a primera vista, parecía satisfacer plenamente mis necesidades pues se proponía dar una idea de las repercusiones económicas sobre Cataluña y España de la independencia de la primera utilizando un modelo keynesiano simple. El artículo aparecía en el periódico digital El Confidencial con el título de "¿Quién saldría perjudicado si Cataluña se independizara?" y fue publicado el día 28 de agosto de este año.

 

Un inciso. Quiero, de salida, hacer notar que nada tengo contra don Juan Carlos Barba como persona particular o privada, a quien sólo deseo lo mejor en este mundo y a quién seguro que si lo conociese personalmente tendría en elevada estima y consideración. Distinta es la opinión que me merece don Juan Carlos Barba como personaje, es decir, como persona pública que así lo es en cuanto dispone de un megáfono de opinión pública como El Confidencial para dar aire a sus opiniones, y que, al hacerlo, se expone a la crítica y (des)calificación. Pues bien, respecto al personajde del señor Barba lo que téngo que decir a tenor del artículo que aquí comento es que, en mi opinión, es una idiotez de tomo y lomo, una idiotez certificada si existiesen unas normas de calidad UNE  al respecto, que -por cierto- tanto se echan en falta. El que me permita calificarlo de este modo no revela sino la profunda indignación que me ha producido la lectura de su artículo, como se verá más adelante.

 

El artículo en sí es extremadamente confuso. Tras una primera parte, nada contenciosa en principio, que cuenta someramente algunas de las características económicas diferenciales entre Cataluña y el resto de España respecto al sector exterior, en la que señala que Cataluña es una zona económica con clara voluntad exportadora como se manifiesta por el hecho de que (si se contaran sus ventas al resto de España como exportaciones y sus compras del resto de España como importaciones que se agregasen a los que exporta al e importa del resto del mundo) su saldo comercial sería positivo y ascendería al 12% de SU PIB, según los cálculos eso sí muy interesados y más que dudosos, por cierto, del idescat, se plantearía a continuación cuál sería el efecto de su separación con el resto de España. Para la economía del resto de España tras la separación catalana el superávit comercial se reduciría -o eso se cuenta en el artículo- al 1,7% de su PIB

 

Para ello, inicialmente, el señor Barba dice que va a usar de un modelo keynesiano simple. Nada que objetar. El uso de un modelo sencillo es lo propio para un artículo de periódico, y, además, es lo que yo buscaba. Sencillo significa aquí que se aplican las consabidas claúsulas caeteris paribus, tan queridas por los economistas, es decir que se pretende observar cómo afectaría un acontecimiento (en este caso, la separación de Cataluña) a la demanda final de bienes y servicios (y en último término al PIB) de Cataluña suponiendo que todo lo demás que influye en la cifra del PIB no varía. Es decir, que se supone al hacer el cálculo que no variarían ni el consumo autónomo, ni el gasto público, ni la estructura impositiva, ni las expectativas empresariales, ni los tipos de interés, ni el tipo de cambio rerspecto al euro de la futura "peseta" catalana, ni nada de las otras muchas variables económicas y no económicas que influirían sobre la demanda agregada y el PIB y el empleo de Cataluña. 

 

Obviamente, todas estas cosas variarán con la independencia de Cataluña. Es obvio. Pero esto no restaría valor al ejercicio del señor Barba que no las toma en cuenta si estuviera bien hecho pues proporcionaría una estimación a lo bruto del efecto de ese acontecimiento, -la independencia catalana-, a partir del cual podrá procederse procederse a su acotación y ajuste conforme se tuvieran en cuenta el efecto de las demás variables.

 

Pero es el caso que el ejercicio macro del señor Barba no sólo es que está mal hecho sino que revela una carencia de sentido común económico que le hace merecedor de un suspenso en toda regla en una asignatura de Macroeconomía elemental.  Veamos cómo procede el señor Barba en su estimación de ese efecto agregado bruto de la independencia de Cataluña. Para ello, de las diversas metodologías posibles que le ofrece el análisis económico (equilibrio general, tablas input-output, etc.) elige una que define como modelo "keynesiano" simple. Me parece perfecto, aún a sabiendas de que ello supone dar por dadas muchas cosas, siempre eso sí que utilize correctamente las ideas de Keynes. Pero, llegados a este punto, lo mejor aquí es dejarle "hablar" a él con sus propias palabras:    

 

Suponiendo que se estableciera un nuevo equilibrio con el exterior en un punto similar al que se encuentra España actualmente debido al estrangulamiento financiero que sufre (3% de superávit exterior) y que impide estimular más la demanda interna, y aplicando un modelo keynesiano simple, podemos calcular el nuevo PIB de equilibrio para ambas economías.

Con una propensión marginal a importar de aproximadamente 0,3 en la economía española, eso supondría que el nuevo equilibrio de la economía del resto de España se establecería en un nivel un 4% inferior al actual, lo que quiere decir que entraría en recesión durante el primer año tras la ruptura con un decrecimiento de aproximadamente un 1% (3% de crecimiento actual menos 4% de impacto de la ruptura). Como vemos, la repercusión tampoco sería demasiado importante y en todo caso mucho menor que la vista en la crisis de 2007-2013.

El impacto en Cataluña, sin embargo, sí que sería mucho más significativo, ya que el crecimiento sería extremadamente potente y la economía catalana alcanzaría el equilibrio en un nivel de PIB aproximadamente un 30% superior al actual (9/0,3). Es decir, que subiría desde los 28.000 euros per cápita actuales a 37.000, es decir, un nivel superior al francés y ligeramente inferior al alemán, entrando por lo tanto plenamente en el club de los países más ricos de Europa"

 

¡Santo Dios! Y yo sin saberlo. No sabía que Cataluña era la auténtica Tierra Prometida Bíblica. Una palestina ibérica donde, como se dice en las Sagradas Escrituras, correrán ríos de leche y miel una vez que la auténtica última tribu perdida de Israel, la de los catalanes, recuperen lo que es suyo y el gran Yaveh les había prometido y se liberen del yugo de los casposos y nada gentiles españoles. ¡ Nada más que un crecimiento del 30% en el PIB,  así de golpe y porrazo le espera a Cataluña tras la independencia!

 

Pero, ¡qué barbaridades dice el señor Barba! Está claro que no piensa ni un sólo instante en lo que le sale por sus neuronas. Pues ¿en qué cerebro de un economista ya no normal sino normalito   cabe que la independencia de Cataluña fuera a tener un efecto expansivo sobre la economía catalana? Y menos, aún, apoyándose en Keynes. El problema es que el señor Barba no sabe usar un modelo keynesiano simple. 

 

Veamos cómo "razona" el señor Barba (o mejor dicho, cómo creo yo que razona, pues en su artículo no está nada claro). La "idea" que tiene el señor Barba es que tras su separación, Cataluña experimentará un INCREMENTO en su superavit exterior del 9% respecto a su PIB, resultado -creo pensar aunque el señor Barba no lo dice claramente-  de la diferencia entre su superavit medido usando el metodo del idescat (o sea, contando también sus ventas y compras al resto de España  como exportaciones e importaciones)  que es del 12% de su PIB y el superavit que le asigna a Cataluña en la situación actual de "dependencia", que es un 3%. El resultado -según el modelo "barbano" simple....¡y tánto!- es, como se ha dicho, de un shock positivo de un 9%, que dividido por la "propensión marginal a importar" de un 0,3 (o sea, que el señor Barba supone -o so entiendo yo- algo así como que el multiplicador del saldo comercial es de un 3,3, ¡ahí es ná!, pero dejémoslo pasar) le da que, tras la separación, el PIB catalán crecerá un 30%.

 

¡Delirante! Sencillamente delirante. No se si el señor Barba estudió Economía ni dónde. Tampoco quiero saberlo. Trataré de explicar el calificativo que le doy a su "trabajo" de la manera más sencilla posible, para seguir el estilo de este blog. Y dejaré al margen, para no dificultar la comprensión los aspectos numéricos en la cuantificación del multiplicador, para centrarme en lo que -para mí- es el fallo conceptual de su argumentación que invalidaría toda su argumentación aunque los números estuviesen bien calculados. En pocas palabras, su error consiste en olvidar el hecho básico de que para que  se de un impacto positivo de la independencia de Cataluña tiene que producirse un incremento REAL en las ventas netas exteriores que haga Cataluña. O sea, que si tras la independencia Cataluña y a consecuencia de ella  más de lo que importa al resto de España y/o al mundo mundial, entonces sí que podría haber un impacto positivo y real.

 

Pero, ¿por qué va a darse ese incremento REAL y no sólo CONTABLE en el saldo exterior de Cataluña? Si, en principio, nos ponemos en el que sería para los independentistas el mejor de los escenarios posibles y suponemos -lo que es mucho suponer- que nada pasa, y que todo sigue igual ,Cataluña seguiría vendiendo y comprando lo mismo que antes de su independencia a los mismos clientes y proveedores, incluidos sus excompatriotas españoles, y su PIB no se vería alterado lo más mínimo.

 

Fácil de entender, ¿no? No hay que ser un Einstein de la economía precisamente. Es una idiotez mercedora de una certificación AENOR confundir una variación contable del saldo exterior de una economía (o sea, resultante del modo de medir las cosas) con una variación real en ese saldo exterior. Lo repito. Si Cataluña se separa, y sigue vendiendo o comprando los mismos bienes y servicios que antes del exterior, su estado económico real no varía, sólo variará su medición en la medida que antes de su separación no aparecían contabilizadas como compras y ventas al "exterior" las que hacía al resto de España pues ese "resto de España" no era para la economía catalana, nada "exterior". Por reducción al absurdo, trataré de remachar las cosas una vez más. El señor Barba no razona sino que alucina cuando supone en sus cáculos que "el resto de España" ( y de paso el mundo mundial) aumentará sus compras a la República de Cataluña en un 9% respecto a las compras que hacía a la Comunidad Autónoma de Cataluña, que es lo que tendría que producirse para que se dieran los efectos que prevee.

 

Una cosa que hay que reconocerle al señor Barba es su consistencia en el error. Pues, igual que prevé delirantemente un crecimiento en el saldo exterior de una Cataluña independiente de un 9%, cree que lo que quede de España va a experimentar una caída en su PIB de un 4%. Veamos cómo creo yo que "razona" (aunque es una suposición pues dista de estar claro en su texto) . El superávit actual de la economía española sería de un 3% de su PIB. Tras la separación de la economía catalana estima que pasará a ser  de un 1,7%, por lo tanto caerá en torno a un 1,3%. Si se divide  esta caída en el saldo contable del sector exterior español por la "propensión marginal a consumir" le da que el PIB español caerá un 4% a consecuencia de la independencia.

 

De nuevo dejando la cuantificación concreta del efecto contractivo al margen,  cuya relevancia es mínima dados los supuestos usados para calcularla, le preguntaría al señor Barba que si los particulares y las empresas españolas siguen vendiendo (y comprando) lo mismo del exterior, definido ahora por el hecho de que ese "nuevo" exterior incorpora a Cataluña, ¿dónde está el efecto contractivo? Para que se me y me entienda. Imagínese un mundo en que no hay ni INE ni IDESCAT, un mundo sin datos de Contabilidad Nacional (¡Qué descanso, por cierto!). En ese mundo, y si no hay "otros efectos" y si catalanes y españoles se comportan económicamente al día siguiente de la independencia igual que el día anterior, es decir, si siguen comprando por ejemplo vinos del Penedés o del Ampurdán y de la Ribera del Duero como siempre para "celebrar" u "olvidar"  el acontecimiento  ¿habría pasado algo realmente a sus economías particulares?   

 

Y, claro está que está claro que nada seguiría igual. Que todas esas "variables" que se suponen que no se mueven, se moverían...y mucho. Y sus efectos sobre la economía catalana serían, en mi opinión, fuertemente contractivos. De eso el señor Barba es consciente y habla en la parte final de su artículo, pero da la impresión que subestima sus previsibles efectos negativos. Parece olvidar que en una situación de guerra económica los actores no sólo usan variables-precio, como los aranceles, sino una miríada de otros instrumentos o "armas" no arancelarias para "perjudicar" a sus enemigos/rivales. Y aquí, con toda seguridad, creo -y subrayo esta palabra-  que de las ideas de Keynes se anticiparía una auténtica debacle económica a corto plazo para la economía catalana, con caídas de la inversión, el consumo, huída de capitales y demás (sin hablar de un posible corralito financiero). Y, por supuesto,  también padecería la economía de lo que quedara de España. En un  "divorcio" a malas, ambos contendientes sufren.

 

Finalmente, he de señalar que el tono de acritud y aspereza con el señor Barba de esta entrada es una respuesta emocional mía ante el mal uso que se hace como testigo de una de las partes en este caso de "divorcio" del nombre y pensamiento de quien para mí es uno de los economistas mejores que en el mundo han sido, John Maynard Keynes. 

 

Y para concluir. Sí que he pensado en usar del texto del señor Barba en mis clases. No para que los estudiantes aprenden nada de él, pues nada positivo puede sacarse del mismo, sino para que aprendan algo negativo: cómo un economista no ha de hacer sus análisis.

                                                                      FERNANDO ESTEVE MORA     

 

 

 

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