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                  Quien haya leído el post anterior quizás se haya planteado la pregunta de si puede tener alguna repecusión lo dicho en él  sobre otra actividad delictiva como es el terrorismo. En principio, parecería que sí. Que una mayor presión sobre los suministradores de las "materias primas" que necesitan los grupos terroristas (explosivos, armas) les pondría en aprietos de alguna manera semejantes a los que la subida en el precio de las hojas de coca pondría a los cárteles dedicados al tráfico y venta de cocaína, si fuera de suficiente magnitud. Y de ahí el que el control y la intervención sobre los mercados de armas ha sido uno de los ejes de las políticas antiterroristas.

                  Pero, lamentablemente, las cosas no son tan eficientes y claras en este terreno a diferencia de lo que sucede en el caso de las drogas. Y la razón está en que los grupos terroristas no son entidades lucrativas. es decir, que no están el "mercado" para obtener beneficios monetarios, sino que persiguen otros objetivos, ya sea estratégicos o políticos, ya sea, tácticos, osea, la supervivencia y su expansión. Como cualquier otra organización, una organización terrorista ha de obtener recursos financieros para costearse sus actividades, incluída la compra de "materias primas" para la comisión de atentados. De modo que un ascenso en el precio de alguna de estas materias primas (como, por ejemplo, el precio del kaláhsnikof) aumenta sus necesidades financieras, pues ha de conseguir  dinero extra para pagar esa subida en el precio. Algo muy semejante a lo que les sucedía a los vendedores de cocaína cuando sube el precio de las hojas de coca, y que les llevaba a subir el precio de venta de la cocaína. Sólo que con una importante diferencia: esa financiación extra necesaria no resulta de la multiplicación por ningún "mark-up" en la cadena de valor de la "producción de atentados" ya que el grupo terrorista no "vende" su actividad a unos consumidores finales, sino que la ofrece o proporciona como "bien público"  a sus simpatizantes.

                    En efecto, el grupo terrorista no establece sus necesidades de financiación como resultado de la fijación de un margen sobre los costes a los que ha de hacer frente, pues es una entidad sin ánimo de lucro, sino que la financiación extra que necesita es exactamente igual al ascenso en el precio de sus materias primas consecuente al hostigamiento por parte del Estado. En consecuencia, dado que esas necesidades financieras crecen menos que en el caso en que se aplicase un mark-up mayor que la unidad, el efecto desincentivador es más pequeño en la lucha terrorista que en la lucha contra la droga, para un mismo ascenso en el precio de la materia prima.        

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