Hoy quiero hablarte de algo que es el unicornio de los traders.
El Plan de Trading
Y digo que es el unicornio porque muchos hablan del plan y muy pocos son los que lo tienen.
Y, la verdad, no tengo ni idea de por qué.
No dudo que haya gente super lista que sea capaz de operar por intuición.
Pero la mayoría de los que leéis esto sois como yo.
Perfil medio-bajo.
Y para este perfil, no tener un plan de trading es el camino más cercano para quemar tu dinero.
Hay muchas formas de hacerlo.
El clásico, debe tener 3 partes.
Una primera en la que establezcas las condiciones generales de operativa, como el riesgo, el activo, el horario.
Otra la que explica todo lo que haces desde antes de abrir hasta después de cerrar el ordenador.
Y la última, la forma en la que vas evaluar tu operativa.
No te voy a hablar de la forma de hacerlo porque no es el sitio ni el lugar.
Pero si te voy a decir qué filosofía tiene que tener este plan para que lo sigas y lo cumplas.
Es casi seguro que dentro de las actividades que tienes que hacer a lo largo del día (o de la vida) algunas te gustan más que otras.
No hablo de placeres.
No hablo de placeres.
Hablo de identidad.
De eso que haces aunque nadie te mire.
De eso que, cuando lo haces bien, sientes que estás siendo tú. No un trader. No un aspirante.
Tú.
Porque al final, aunque nos duela admitirlo, todos somos un reflejo de lo que repetimos.
Si repites impulsividad, eres impulsivo.
Si repites disciplina, eres disciplinado.
Si repites excusas, eres excusólogo profesional con máster en autoengaño.
Y tu plan de trading no es un documento técnico.
Es un espejo.
Si eres una persona que necesita estructura, tu plan debe tener estructura.
Si eres alguien visual, tu plan debe ser visual.
Si te gusta medir, tu plan debe medir.
Si te agobia escribir, tu plan no puede parecer la Constitución del 78.
El error no es no tener plan.
El error es copiar el plan de otro.
Hay traders que disfrutan analizando durante horas.
Otros que prefieren sesiones cortas y quirúrgicas.
Algunos necesitan silencio monacal.
Otros operan mejor con ruido blanco de cafetería.
¿Y qué hacemos muchas veces?
Intentamos parecernos al trader que admiramos.
Queremos el plan del disciplinado cuando nosotros somos intensos.
Queremos el plan del sistemático cuando nosotros somos contextuales.
Queremos el plan del ingeniero cuando nosotros somos economistas con alma de narradores.
Y ahí empieza la fricción.
Un plan que no encaja contigo es como un traje caro dos tallas más pequeño.
Te obliga a respirar raro.
Tu plan debe reflejar tu forma natural de pensar.
Si eres de los que necesitan entender el contexto macro antes de entrar, tu plan debe obligarte a mirarlo.
Si eres de los que se pierden con demasiada información, tu plan debe simplificar.
Si sabes que te enciendes cuando pierdes, tu plan debe contemplar protocolos de enfriamiento.
El plan no es para demostrar que sabes.
Es para proteger quién eres cuando dejas de ser tú.
Porque tú no rompes el plan cuando estás en calma.
Lo rompes cuando estás herido, eufórico o asustado.
Y ahí es donde entra la filosofía.
Tu plan debe estar construido desde la honestidad brutal.
No desde la versión ideal de ti.
Desde la versión real.
La que se cabrea.
La que siente FOMO.
La que quiere recuperar rápido.
La que se cree invencible después de dos buenos trades.
Si no incluyes a ese “tú” en el plan, ese “tú” aparecerá igualmente.
Y te pasará por encima.
El plan no es un unicornio porque sea mágico.
Es un unicornio porque casi nadie está dispuesto a mirarse al espejo antes de escribirlo.
Es más fácil copiar reglas que enfrentarte a tus patrones.
Pero aquí va la clave:
Tu plan no debe reflejar cómo quieres operar.
Debe reflejar cómo eres cuando operas.
Y a partir de ahí, construir.
No para convertirte en otro.
Sino para convertirte en una versión más afinada de ti mismo.
Porque al final, el mercado no te paga por parecer trader.
Te paga por ser coherente.
Y la coherencia no se improvisa.
Se escribe.
Y luego se vive.
PD: "Yo no soy esa"
(Mari Trini-tenia una estrella en el jardín)
El Plan de Trading
Y digo que es el unicornio porque muchos hablan del plan y muy pocos son los que lo tienen.
Y, la verdad, no tengo ni idea de por qué.
No dudo que haya gente super lista que sea capaz de operar por intuición.
Pero la mayoría de los que leéis esto sois como yo.
Perfil medio-bajo.
Y para este perfil, no tener un plan de trading es el camino más cercano para quemar tu dinero.
Hay muchas formas de hacerlo.
El clásico, debe tener 3 partes.
Una primera en la que establezcas las condiciones generales de operativa, como el riesgo, el activo, el horario.
Otra la que explica todo lo que haces desde antes de abrir hasta después de cerrar el ordenador.
Y la última, la forma en la que vas evaluar tu operativa.
No te voy a hablar de la forma de hacerlo porque no es el sitio ni el lugar.
Pero si te voy a decir qué filosofía tiene que tener este plan para que lo sigas y lo cumplas.
Es casi seguro que dentro de las actividades que tienes que hacer a lo largo del día (o de la vida) algunas te gustan más que otras.
No hablo de placeres.
No hablo de placeres.
Hablo de identidad.
De eso que haces aunque nadie te mire.
De eso que, cuando lo haces bien, sientes que estás siendo tú. No un trader. No un aspirante.
Tú.
Porque al final, aunque nos duela admitirlo, todos somos un reflejo de lo que repetimos.
Si repites impulsividad, eres impulsivo.
Si repites disciplina, eres disciplinado.
Si repites excusas, eres excusólogo profesional con máster en autoengaño.
Y tu plan de trading no es un documento técnico.
Es un espejo.
Si eres una persona que necesita estructura, tu plan debe tener estructura.
Si eres alguien visual, tu plan debe ser visual.
Si te gusta medir, tu plan debe medir.
Si te agobia escribir, tu plan no puede parecer la Constitución del 78.
El error no es no tener plan.
El error es copiar el plan de otro.
Hay traders que disfrutan analizando durante horas.
Otros que prefieren sesiones cortas y quirúrgicas.
Algunos necesitan silencio monacal.
Otros operan mejor con ruido blanco de cafetería.
¿Y qué hacemos muchas veces?
Intentamos parecernos al trader que admiramos.
Queremos el plan del disciplinado cuando nosotros somos intensos.
Queremos el plan del sistemático cuando nosotros somos contextuales.
Queremos el plan del ingeniero cuando nosotros somos economistas con alma de narradores.
Y ahí empieza la fricción.
Un plan que no encaja contigo es como un traje caro dos tallas más pequeño.
Te obliga a respirar raro.
Tu plan debe reflejar tu forma natural de pensar.
Si eres de los que necesitan entender el contexto macro antes de entrar, tu plan debe obligarte a mirarlo.
Si eres de los que se pierden con demasiada información, tu plan debe simplificar.
Si sabes que te enciendes cuando pierdes, tu plan debe contemplar protocolos de enfriamiento.
El plan no es para demostrar que sabes.
Es para proteger quién eres cuando dejas de ser tú.
Porque tú no rompes el plan cuando estás en calma.
Lo rompes cuando estás herido, eufórico o asustado.
Y ahí es donde entra la filosofía.
Tu plan debe estar construido desde la honestidad brutal.
No desde la versión ideal de ti.
Desde la versión real.
La que se cabrea.
La que siente FOMO.
La que quiere recuperar rápido.
La que se cree invencible después de dos buenos trades.
Si no incluyes a ese “tú” en el plan, ese “tú” aparecerá igualmente.
Y te pasará por encima.
El plan no es un unicornio porque sea mágico.
Es un unicornio porque casi nadie está dispuesto a mirarse al espejo antes de escribirlo.
Es más fácil copiar reglas que enfrentarte a tus patrones.
Pero aquí va la clave:
Tu plan no debe reflejar cómo quieres operar.
Debe reflejar cómo eres cuando operas.
Y a partir de ahí, construir.
No para convertirte en otro.
Sino para convertirte en una versión más afinada de ti mismo.
Porque al final, el mercado no te paga por parecer trader.
Te paga por ser coherente.
Y la coherencia no se improvisa.
Se escribe.
Y luego se vive.
PD: "Yo no soy esa"
(Mari Trini-tenia una estrella en el jardín)