Crisis 3ª parte: la deflación

Esto de la crisis es como una saga por entregas. El capítulo primero fue "Subprime: el virus definitivo", que trataba de un contagioso mal contraído por la banca mundial a través del consumo de hipotecas en dudoso estado. El virus se propagó en forma de desconfianza, acabó con la liquidez de todo el sistema financiero y obligó a los gobiernos a desangrar sus arcas públicas para salvar al moribundo. Ahora mismo estamos en el capítulo segundo de la saga: "El eslabón perdido". En él nos hemos enterado de que la economía real tiene su relevancia, cosa que no teníamos nada clara en los tiempos de la barra libre financiera: resulta que sin confianza y sin liquidez tampoco hay consumo ni inversión ni, en consecuencia, trabajo. Y viceversa: el hundimiento de la economía en su base deja inútil todo intento -monetario o fiscal- de salvar al mundo. Con el nivel de desempleo que se ha generado y la morosidad subiendo, no es probable que los bancos vuelvan a entrar en el juego del préstamo a discreción, por mucho que protesten Trichet, Sarkozy y Pepe Blanco.

Pues bien, sin haber cerrado este segundo episodio de la crisis, ya estamos viendo el trailer del siguiente, y promete ser apasionante: "El combate final". Será una batalla encarnizada contra la Deflación, un enemigo desconocido -salvo para los curiosos seguidores de la mitología japonesa- que provoca una espiral de precios a la baja, basada en la destrucción de las expectativas y en el hundimiento de la demanda.

Tengo que decir que, de momento, me apunto a la corriente oficial de la desinflación, es decir, lo que estamos viendo es un enfriamiento de los precios, después de una buena temporada de subidas con un componente especulativo importante. Ahora bien, si vamos a mentar a la bicha, hagámoslo con propiedad. Para hablar de deflación, no basta con ver al IPC goteando por debajo del 3%, ya que este indicador no deja de ser un cálculo sobre una cesta de bienes de consumo. Necesitamos contrastar datos de calidad sobre la depreciación de activos como la vivienda y otros indicadores como el Indice de Precios Industriales. Cierto que no tienen buena pinta, aunque hay que decir que el alquiler sigue por encima del IPC , algunos precios públicos van a ser revisados al alza y el petróleo puede volver a las andadas en cualquier momento. Además hay que dejar claro que esta reducción de precios es mala noticia porque se basa en una contracción de la demanda y no en una mejora de la productividad -por lo tanto, no somos más competitivos y no nos vale para corregir nuestro poder adquisitivo ni nuestro déficit exterior-. Y por último, el enemigo no es más poderoso por la debilidad de la demanda sino porque ataca al corazón de la economía: las expectativas de los agentes económicos. Y es que en la deflación se sabe cuando se entra pero no cuándo se sale. Baches como los del 93, las punto.com o el corralito argentino -por citar ejemplos de mi época- quedarán como anécdotas al lado de la depresión en la que nos podemos estar metiendo.

Un último apunte sobre política económica: una deflación no se soluciona tirando calderilla desde el aire. Así que olvidemos el gasto público y los tipos de interés. Hay que pedir medidas valientes y creíbles. Ya veis que por muchos ceros que tenga el cheque del gobierno, la gente sigue desconfiando. Tampoco creo en las soluciones a la británica ni a la vasca, que simplemente simulan la bajada real de salarios propia de la deflación y pueden hacer que la profecía se cumpla. Hay que pedir reformas que mejoren la productividad, como la racionalización del horario laboral, la flexibilización del contrato a jornada parcial o la indexación de las subidas salariales al cumplimiento de objetivos. Y además hay que hacerlo ya, para adelantarnos a esos indicadores que todavía hablan de relajación de precios, sin esperar a que la corriente armagedonista -en la que ya está apuntado hasta mi paisano Botín- insinúe el consabido ya-te-lo-advertí.

La saga de la crisis sigue adelante. Por mi parte, espero que esta bitácora de ídem no dure más allá de las uvas del 2009. Buena suerte a todos.


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