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Pues esta semana ha sido muy intensa tanto para Macro -el que suscribe- como para la macro(economía) doméstica e internacional. No están los tiempos como para quejarse del exceso de trabajo, pero hoy tendré que marcarme un post-resumen sobre lo que han dado de sí los últimos días, desde que Obama sentenció las elecciones en Estados Unidos. Comencemos.

Teníamos pendiente una bajada de tipos en Frankfurt y se cumplió el guión previsto...por el BCE, esto es, un recorte de medio punto. Y lo que son las cosas: alguien se había hecho falsas ilusiones respecto a una bajada mayor y ha conseguido convertir una estupenda coartada para el precio de nuestras acciones en un nuevo jarro de agua fría. Alguien todavía no se ha enterado de que la manera de proceder de Trichet se basa en el seguimiento de la inflación y en una reputación forjada con decisiones tan independientes como previsibles. Nada que ver con las formas de la Reserva Federal y del Banco de Inglaterra, que pueden ser entendibles desde el punto de vista del pánico y enviar mensajes ambiguos. Personalmente dudo de la efectividad de la política monetaria a largo plazo, incluso viendo los efectos sobre el euribor -esperamos buenas noticias para los hipotecados españoles, aunque la relevancia de este indicador no es tan alta para las familias europeas- y sobre el tipo de cambio del euro, que andaba ya muy caro. El nivel al que está cayendo el precio oficial del dinero empieza a parecerse peligrosamente al que conocieron los japoneses durante su largo período de depresión. Y, qué demonios, más allá de los argumentos históricos y teóricos, el dinero cuesta ganarlo y no me cuadra nada que el sistema financiero lo vaya a ofrecer gratis.

El segundo centro de atención esta semana han sido las cifras del paro registrado en octubre. La EPA ya nos había preparado el mes pasado para unas proporciones dramáticas, con escaso margen para el optimismo, y el INEM sale ahora a confirmar los datos estadísticos con sus propias listas. Algún medio se ha escandalizado de que venga Maravillas diciendo que ahora hay más trabajo en comedores sociales o en rehabilitación de barrios obreros - es como decir que los cobradores de morosos o los centros de formación ocupacional están desbordados de trabajo, no veo el humor negro por ninguna parte-. El ex-presidente Aznar ha dicho que esto va a dar para unos diez años y recomienda despido libre y reformas para hacer el mercado laboral tan flexible como el de (AB)USA. Como no resisto la provocación, emplazo al lector a una próxima entrada al respecto. Y ahora que no nos oye nadie, tampoco creo que el activismo económico de nuestro Gobierno vaya a solucionar el problema. No voy a criticar ahora ninguna de las medidas aprobadas el viernes pero hasta Obama entiende que el gobierno no puede arreglarlo todo. Y es evidente que gran parte de las recetas que se nos venden como respuesta a la crisis están orientadas a reducir el coste político. Seguro que el resignado Solbes, tocado y hundido en las encuestas, está de acuerdo conmigo.

Por último, no quiero dejar pasar las últimas declaraciones de Rato y de Rajoy. El ex-ministro -en otros tiempos ídolo de cualquier estudiante de Económicas- nos viene ahora con que no hay que cambiar de modelo productivo, sino que hay que conseguir que el viejo funcione como uno nuevo. Pues hombre, una cosa es defender el mercado y otra muy distinta meter el vino nuevo en odres viejos, por utilizar la conocida frase de El de Nazaret. En cuanto a Rajoy, que todavía no nos quiere explicar por qué está en desacuerdo con cada cosa que propone el Gobierno, se ha marcado en público un emocionante alegato sobre la recuperación de los valores morales: seamos menos codiciosos y aprendamos a ganar menos, que estamos dominados por el dinero. Al cierre de este artículo no me queda claro si se refiere a la opulencia en la que vivimos los trabajadores, a los pobres empresarios por los que suplica ayudas o a los agarrados banqueros. Mientras tanto, le he dicho al cura de mi parroquia que ajuste sus sermones porque le están pisando el terreno.

Por cierto, hablando de moralidad, aprovecho para agradecer todos los comentarios al post sobre riesgo moral. Hemos conseguido que los bancos se pongan de acuerdo para ir todos juntos a por el dinero: así se evitarán el coste de imagen por aparecer en la lista de la vergüenza. O todos o ninguno. Y claro, mejor todos.

A ver si la próxima semana me da tantos argumentos para escribir. De momento, Aznar y The Economist ya me mantienen ocupado. Y la silla del G-20 para Zapatero va a ser una mina. Admito comentarios por adelantado.

Saludos y buena suerte.
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