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Paco y Currita no se conocen entre sí, por ahora sus vidas transcurren paralelas. Lo único que tienen en común es que ayer me han hecho romper con dos de mis habituales generalizaciones: 1.- A los empresarios hay que apoyarlos incondicionalmente porque son los que asumen riesgos y generan empleo. 2.- Los funcionarios administrativos no dan un palo al agua. Seguro que no me falta razón en dar margen de confianza al empresario y denunciar las actitudes de muchos empleados públicos pero, por ética personal y, sobre todo, por ganas de ser justo, voy a contaros la historia. Por supuesto, Paco y Currita son pseudónimos.

Currita es administrativa en un centro educativo público que tiene adscritos -a efectos de custodia de expedientes y títulos- varios centros privados. Uno de estos centros se ha quedado recientemente sin administrativo y ahora hay una persona totalmente perdida asumiendo sus funciones, en pleno período de matriculación y papeleo. Currita tiene un sentido de la burocracia muy acusado pero sabe convertir este defecto en la virtud de tener todo bien ordenado, disponible -en soportes papel y digital- y en perfecto estado de revista. Sin tener la obligación de ello, se pasó la tarde de ayer -fuera de su horario de verano- ayudando al administrativo y, por extensión al centro, a ponerse al día y a descargarlo del evidente agobio en el que se encontraba gracias a que su antecesor se había convertido en imprescindible. Currita, aparte de una persona muy agradable, se ha convertido en un auténtico ángel de la guarda. La funcionaria.

Por su parte, Paco se considera a sí mismo empresario. En realidad no lo es porque él no asume ningún riesgo económico al dirigir un negocio fuertemente subvencionado. Hace una semana se puso a seleccionar a un ingeniero informático y llegó a la dura decisión de tener que elegir entre dos candidatos: el primero, un tío con varios años de experiencia y capacitado para asumir sus funciones de un día para otro, sin necesidad de período de adaptación; el segundo, un joven recién licenciado, sin duda con una gran capacidad de trabajo, aunque menos curtido en la materia. Sin cortarse un pelo, Paco me dice que coge al segundo porque le puede contratar en prácticas. Una semana antes, a otro empleado con el mismo tipo de contrato le explica que este año sólo le podrá hacer un contrato hasta fin de obra, pero que no se preocupe, que le queda el paro para las vacaciones y -verídico, os lo juro- que el Estado también tiene que pagar algo. Algún compañero me comenta que Paco es, lo que se dice, un cabrón. Yo creo que es un gilipollas. Y que el título de empresario no le queda nada bien.

Alguno me diréis que la contratación en prácticas puede favorecer el acceso al mundo laboral de los más jóvenes. En este caso concreto pienso que la selección no ha tenido en cuenta los requerimientos de calidad y solvencia del negocio. Por otro lado, nuestro Gobierno central debería pensar si sus buenas intenciones sociales no estarán provocando estos hábitos en ciertos empresarios. Y las ceoes de turno deberían analizar con calma si sus legítimas peticiones de ayuda no irán en contra de sus propios intereses de alcanzar cotas más altas de productividad y eficiencia. No se extrañe la patronal de que la gente quiera agarrarse a la próxima oferta pública de empleo -que proponen suprimir como medida de austeridad-. Y en cualquier caso, pónganse las pilas a la hora de seleccionar personal, no vaya a ser que el mercado se vacíe de Curritas.
  1. #2
    25/09/09 10:46

    Javier, a mí siempre me toca ser atendido por la funcionaria más antipática. A veces te hacen sentir que te están haciendo un favor. Y en el sector privado los "funcionarios" no escasean, a pesar de los tiempos que corren. Pero me voy a cuidar mucho de generalizar a partir de ahora.

    En cuanto a los empresarios, prefiero huir de la dinámica empresario-malo, trabajador-bueno-y-víctima. Pero casos como Paco y otros muchos me hacen tirar la toalla. El verdadero empresario, el que asume riesgos, no se puede permitir disparates como las contrataciones "contra-natura" o la utilización del IVA para salvar la liquidez. Habría que focalizar las ayudas a estos verdaderos empresarios, pero entiendo que es muy difícil seleccionar bien a los destinatarios de una política de subvenciones.

  2. #1
    Anonimo
    24/09/09 19:09

    De los dos casos conozco varios. Lo de que los funcionarios no trabajan, rehuyen responsabilidades y que han creado una palabra peyorativa de su profesión, lo he oido siempre y siempre me ha sorprendido que salvo un caso, todos los demás que conozco son responsables, trabajadores y se esfuerzan por cambiar un sistema con unos procesos arcaicos.
    De empresarios como el que hablas mejor dejarlo, porque no es un caso aislado ni muchísimo menos. Por no ir mas lejos, mi vecino tiene una pyme con unos quince trabajadores, a los que nunca a tenido en plantilla mas de seis meses seguidos. Te cuenta unas ingenierias jurídico- legales increibles. Lo que el gana lo pagamos entre todos, pero cuando se lo digo se ríe y dice que porque no me hago yo empresario. Ni arriesga, porque no tiene nada a su nombre ni deja vivo pájaro que se ponga a tiro. Y el IVA lo maneja como un artista sus pinceles.
    Esto no tiene arreglo, me temo, gobierne quién gobierne.

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