Decía Schopenhauer que “Los individuos son efímeros, como el agua en el arroyuelo, y, en cambio, las ideas permanecen, como los remolinos de esa agua, que sólo desaparecen con el agua misma”. Con independencia del peso de la persona , lo cierto es que no hay mayor victoria que el que las señas de uno le supervivan, que aún cuando no esté su esencia se mantenga.