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Todos necesitamos educación financiera, pero ¿para qué hace falta?

Solo el 33% de los adultos en el mundo entiende los fundamentos básicos del dinero. Y esa cifra prácticamente no se ha movido en 20 años. Con todo lo que se habla de educación financiera, seguimos casi igual que al principio. Herrero, peluquera, azafata, fontanero, vinicultor,...
Solo el 33% de los adultos en el mundo entiende los fundamentos básicos del dinero. Y esa cifra prácticamente no se ha movido en 20 años. Con todo lo que se habla de educación financiera, seguimos casi igual que al principio.

Herrero, peluquera, azafata, barista, fontanero, escritor, vinicultor, programador, ingeniero, granjero. De todas las disciplinas, tal vez me digas que no hace falta saber de herrería para poder construir una vida plena. Si necesitaras hacer el duplicado de una llave para dársela a tu hijo, acudes al herrero y ya, que te la haga. Lo mismo pasa con el ingeniero. Seguramente en la empresa en la que trabajas cada quien tiene su especialización, eso para lo que ha estudiado, eso que lo hace mejor (y diferente) a los demás.

No pasa lo mismo, sin embargo, con las finanzas personales. Que tampoco es que necesites formarte como financista para llevar el presupuesto familiar, ni hacerte asesor financiero para entender la importancia de invertir. No obstante, sí, para llevar una vida plena, la mar que hace falta ser financieramente consciente: tener educación financiera.

De esto se habla mucho últimamente. Quizá porque ese es mi rubro, lo veo todo el tiempo. Tal vez un barista diga lo mismo, "últimamente se viene hablando (discutiendo) mucho sobre las formas de preparar un café rico y que se vea apetitoso", pero probablemente un electricista ni lo note. Él quizá diga "últimamente han aparecido diferentes tipos de interruptores", por decir algo. Pero sí, estoy convencida de que sí se viene hablando de educación financiera. Y el hecho de que eso ocurra me parece fantástico, sin embargo quiero llamar la atención sobre varias cosas aquí:

1. ¿Ha mejorado la educación financiera en los últimos 20 años?

2. ¿Qué tipo de educación financiera necesitaría un panadero para llevar una vida plena?

3. ¿Por qué sí hace falta la educación financiera para tener una vida verdaderamente plena?

4. ¿Cómo puede una persona, cuya profesión no sean las finanzas, y quizá no le gusten los números, llegar a tener un nivel óptimo de educación financiera?

5. ¿Qué pasa cuando se obvia, cuando se evita, cuando no se hace nada por obtener un nivel mínimo de educación financiera, bien sea por desconocimiento o por desidia?

En América Latina, ningún país superó el 45%


¿Ha mejorado la educación financiera en los últimos 20 años?

Para responder a la primera pregunta deberíamos remitirnos a hechos en forma de estadísticas. La encuesta global de S&P Global FinLit de 2014, realizada por Gallup a más de 150.000 adultos en 148 países, encontró que solo el 33% de los adultos en el mundo son financieramente alfabetizados. En las economías avanzadas del G7 el promedio fue de 55%, mientras que en las economías emergentes (BRICS) apenas llegó al 28%. En América Latina, ningún país superó el 45%: Uruguay lideró con 45%, Chile con 41%, México y Colombia con 32%, y Bolivia con apenas 24%.

Eso fue en 2014. ¿Y después? La OCDE, por su parte, ha realizado cuatro oleadas de encuestas internacionales (2015, 2019, 2022 y 2023). Los resultados son desalentadores: entre la oleada de 2016 y la de 2020 se observó un ligero descenso en los puntajes promedio, y en la oleada más reciente de 2023, que abarcó 39 países, solo el 34% de los adultos alcanzó el puntaje mínimo objetivo de educación financiera.

Es decir, llevamos 20 años hablando de educación financiera y estamos prácticamente igual. Incluso en Estados Unidos, el índice TIAA-GFLEC de Finanzas Personales muestra que la proporción de adultos con educación financiera "muy baja" subió del 20% en 2017 al 25% en 2023, y el porcentaje de respuestas correctas bajó del 52% en 2020 al 48% en 2023. En resumen: a pesar de décadas de esfuerzos, la educación financiera global prácticamente no ha mejorado.

Al fin y al cabo, uno se topa con números por todas partes


¿Qué tipo de educación financiera necesitaría un panadero para llevar una vida verdaderamente plena?

En cuanto al tipo de educación financiera, la buena noticia es que no hace falta saber calcular derivadas, ni sacar raíz cuadrada, sino, en primer lugar, tener consciencia de sus propios números. Que al fin y al cabo, uno se topa con números por todas partes: cuando te descuentan el sueldo para comprarle un regalo al jefe, ¿acaso no tienes idea de cuánto te debería quedar? Cuando la hamburguesa en el sitio de comida rápida hoy cuesta más que ayer, ¿quieres decir que no lo notas? Cuando comparas los precios de los vuelos por compañías aéreas o por fechas, también te topas con números. Bien si puede (si quiere) uno notar la diferencia de cuando en el supermercado a uno le ofrecen 3 litros de leche por 3.5 y 1 litro por 0,9 ¡Últimamente eso pasa! Recuerdo que antes, según mi experiencia, comprar más era siempre más económico, pero ahora hay que tener ojo de águila, ya que no todo el tiempo es así.

Según Annamaria Lusardi y Olivia Mitchell, las dos mayores autoridades mundiales en educación financiera, el ciudadano común necesita dominar tres conceptos fundamentales que ellas llaman los "Big Three": entender cómo funciona el interés compuesto (que el dinero crece sobre lo que ya creció), entender la inflación (que el poder adquisitivo se erosiona con el tiempo) y entender la diversificación del riesgo (que poner todos los huevos en la misma canasta es peligroso). Estas tres preguntas, diseñadas originalmente para el Health and Retirement Study de Estados Unidos en 2004, se han aplicado en más de 30 países y hoy son el instrumento de medición de educación financiera más utilizado del mundo.

¿Por qué estos tres conceptos y no otros? Porque prácticamente toda decisión financiera implica trasladar recursos en el tiempo (interés compuesto), preservar su valor real (inflación) y elegir dónde colocarlos (riesgo). Lusardi y Mitchell encontraron que en la muestra original solo el 34,3% de los estadounidenses mayores de 50 años respondió correctamente las tres preguntas. Y que la diferencia en conocimiento financiero explica entre el 30% y el 40% de la desigualdad de riqueza entre familias. No es cuánto ganas. Es cuánto sabes.

Los adultos con menos de $5000 en activos financieros tenían el doble de probabilidades de presentar síntomas de depresión y ansiedad que aquellos con más de 100.000


¿Por qué sí hace falta la educación financiera para tener una vida verdaderamente plena?

Pasando a la tercera pregunta, la Asociación Americana de Psicología (APA) lleva desde 2007 midiendo las fuentes de estrés de la población, y todos los años, sin excepción, el dinero ha ocupado el primer puesto. En 2014, el 72% de los estadounidenses reportó estrés por dinero. En 2022, el 87% identificó la inflación y el aumento del costo de vida como su mayor fuente de estrés, la proporción más alta para cualquier estresor en los 15 años de historia de la encuesta. Pero la cosa no queda ahí. Lusardi y su equipo en el GFLEC encontraron que más de la mitad de los adultos estadounidenses experimentaba ansiedad financiera incluso antes de la pandemia, y que quienes dominaban los "Big Three" tenían significativamente menos probabilidades de sufrir estrés financiero. 

Un estudio publicado en Nature Scientific Reports en 2024 encontró que los adultos con menos de 5.000 dólares en activos financieros tenían el doble de probabilidades de presentar síntomas de depresión y ansiedad que aquellos con más de 100.000. Y los investigadores Joo y Grable, en su estudio con 220 trabajadores de oficina publicado en el Journal of Family and Economic Issues en 2004, establecieron que el comportamiento financiero es el determinante más influyente de la satisfacción financiera, y que la satisfacción financiera es, a su vez, un dominio central de la satisfacción con la vida en general. La cadena causal es más que clara: conocimiento financiero → comportamiento financiero → satisfacción financiera → satisfacción con la vida. La educación financiera no es un lujo intelectual. Sino más bien es una necesidad para la salud mental, las relaciones de pareja y la tranquilidad con la que caminas por la vida.

Sabiendo todo esto, la pregunta natural es: ¿y entonces qué hago si no soy financista ni quiero serlo?

Hay algo que yo pienso que siempre debe refrescarse con ayuda de la llovizna, y es la importancia de invertir a largo plazo con la intención de crear capital estratégico, hereditario


¿Cómo puede una persona, cuya profesión no sean las finanzas, y quizá no le gusten los números, llegar a tener un nivel óptimo de educación financiera?

Yo pienso que en primer lugar con sentido común. En segundo lugar, usando lo que yo llamo "la llovizna que empapa." No un aguacero de información que te satura y se escurre. Sino el aprendizaje constante, gradual, repetido, aplicado, integrado, sostenido, que se vuelve estilo de vida y se acumula igual que el interés compuesto. Diez-quince minutos al día. Media hora, una hora a la semana. Un concepto a la vez. Un artículo, un podcast, dos-cinco páginas. Y en tercer lugar, tener consciencia de sus necesidades particulares en el momento presente. 

Para obtener exactamente la educación financiera que sea relevante para ti en un momento dado, si sabes que tienes intenciones de comprar una vivienda, entonces aborda material que tenga que ver con la adquisición de bienes inmuebles: hipoteca, tipos de interés, impuestos, precios en diferentes barrios, depreciación. Aquí es donde la mayoría se lleva sorpresas: buenas prácticas con la regla de asequibilidad 28/36 (que la cuota mensual no supere el 28% del ingreso bruto ni el total de deudas el 36%), costos ocultos de la propiedad (cierre, mantenimiento, seguros, impuestos recurrentes, cuotas de comunidad), inspección profesional del inmueble, comparación de al menos tres ofertas hipotecarias de distintas entidades, la diferencia entre precalificación y preaprobación, y el análisis de si realmente conviene comprar frente a alquilar según tu situación particular.

No obstante, hay algo que yo pienso que siempre debe refrescarse con ayuda de la llovizna, y es la importancia de invertir a largo plazo con la intención de crear capital estratégico, hereditario. De esto poco se habla, pero es el fundamento, la piedra angular tanto de la tranquilidad, como de la libertad financiera.

Pasa que se aventura en la bolsa porque está de moda, porque todos lo hacen y "yo también quiero probar"


¿Qué pasa cuando se obvia, cuando se evita, cuando no se hace nada por obtener un nivel mínimo de educación financiera, bien sea por desconocimiento o por desidia?

Por último, ¿qué pasa cuando no se hace? Que se vive en modo automático, en "como vaya viniendo vamos viendo". Como decía mi madre, "a la buena de Dios". Que a Dios le gusta ayudar, pero siempre y cuando constata que uno se ayuda. Pasa que las decisiones de toman al azar. Que se vive en constante estrés, lo que con el tiempo pasa a verse como "normal", que a la hora de un imprevisto haya que incurrir en más deuda. Que se normaliza echarle la culpa a todo lo demás por los problemas: el gobierno, el jefe, la pareja, el sistema, los gringos, hasta los hijos. 

Una investigación de Vanguard publicada en abril de 2025, realizada por Paulo Costa, Malena de la Fuente y Marsella Martino con una muestra de 12.443 inversores, demostró que tener tan solo 2.000 dólares ahorrados produce un aumento del 21% en el bienestar financiero general, mientras que los trabajadores sin ahorros de emergencia son 4 veces más propensos a distraerse en el trabajo por estrés financiero: dedican 6,1 horas semanales a preocuparse por dinero frente a 1,5 horas de quienes tienen ese colchón mínimo.

Pasa que se aventura en la bolsa porque está de moda, porque todos lo hacen y "yo también quiero probar". Más, por supuesto, el movimiento resulta así: lo ilustra perfectamente el diagrama conocido como "Wall Street Cheat Sheet: Psychology of a Market Cycle", popularizado por el sitio WallStCheatSheet.com (fundado por Damien y Derek Hoffman en 2008) y respaldado por décadas de investigación en finanzas conductuales. El gráfico muestra 14 estados emocionales que atraviesa el inversor inexperto durante un ciclo de mercado: incredulidad, esperanza, optimismo, creencia, euforia (punto de máximo riesgo financiero, donde la mayoría compra), complacencia, ansiedad, negación, pánico, capitulación (donde la mayoría vende), ira, depresión (punto de máxima oportunidad financiera), y vuelta a la incredulidad. 

No es una caricatura: el informe DALBAR de 2025 (Quantitative Analysis of Investor Behavior) demostró que en 2024 el inversor promedio en acciones obtuvo un 16,54% frente al 25,02% del S&P 500, una brecha de 848 puntos básicos, la cuarta más grande desde que comenzaron a medirlo en 1985. Entre 2010 y 2024, año tras año sin una sola excepción, el inversor promedio en acciones ha quedado por debajo del S&P 500, según el informe DALBAR QAIB 2025. Esto es, el inversor promedio ha rendido por debajo del mercado durante 15 años consecutivos. Para al final vociferar: "¡eso de las finanzas y la bolsa es una estafa, un engaño!" y pare de contar. Cuando lo que ocurrió es que tú mismo te hiciste falsas expectativas debido a tu falta de conocimiento. Te dejaste manipular, influenciar, por falta de conocimiento. Reconócelo y sigue adelante.

Al principio quizá pueda parecer difícil, pero no lo es tanto. Cuando tomas consciencia, cuando empleas la llovizna y estás atento a tus necesidades de hoy.

3 excelentes libros con los que puedes dar el primer paso.

Te los pongo en orden de prioridad si solamente estás empezando:

  1. El hombre más rico de Babilonia, de George S. Clason
  2. Hábitos atómicos de James Clear
  3. Principios para enfrentarse al nuevo orden mundial: Por qué triunfan y fracasan los países de Ray Dalio

Para llevar una vida plena no hace falta ganar más, aunque bien si sí. Hace falta estar tranquilo, tener seguridad en el día de mañana. Y eso uno mismo lo puede y lo debe forjar. La inseguridad financiera es antónimo de salud, de relaciones sanas, y al fin y al cabo, antónimo de felicidad, que es lo que todos perseguimos.
El panadero no necesita hacerse financista. Necesita la llovizna.


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