Amigo Antonio,
No se trata de polemizar, sino de debatir. A mí me encanta que "me den caña" porque es la única forma de entrar a debatir aspectos muy concretos del seguro, de exponerlos ante el consumidor desde distintas ópticas (en ocasiones certeras o erróneas en su totalidad) y de hallar motivos de investigación.
He de confesarte que estos foros son como un gimnasio y, a veces, descubro algún músculo pendiente de entreno o algún ejercicio que jamás había realizado. Como ya he dicho en otras ocasiones me es de gran utilidad al invitarme a reflexionar y a responder.
Por cuanto a la comunicación y transparencia veo que estamos alineados lo cual me alegra. Yo no pierdo oportunidad de hacerlo con responsabilidad y respeto.
Si me permites, mantengo la postura respecto de que el recibo al cobro sin anulación en plazo es una deuda que es reclamable incluso judicialmente (arts 22 y 15 Ley 50/1980 de Contrato de Seguro). Al no existir norma en contra es un saldo que puede ser compensado con otro deudor del mismo modo que se hace dentro de la anualidad de seguro con recibos pendientes de pago por puro tratamiento contable: compromiso vs compromiso.
Efectivamente los "profesionales" sabemos dónde anidan los buitres leonados. Pero como bien sabes los Colegios de Mediadores carecemos de potestad sancionadora o inhabilitadora por lo que esa información carece de valor más allá de nuestras instituciones. ¿Como educar al consumidor para que reconozca al vividor, al estafador, al mafioso que se vale de la coacción o al gandúl? Ese reto es realmente monumental pero hay que llevarlo a término. Línea a línea, acto a acto, gesto a gesto.
Y en un colectivo humano donde desgraciadamente las aseguradoras mantienen a más de 120.000 agentes (solo el 13% de los mismos saca en comisiones más de 3.000 € anuales lo cual da una idea de la "profesionalidad"...), los bancos "venden" (sí o sí, en demasiados casos) seguros desde 42.000 sucursales y hay unos 9.000 corredores y corredurías (amén de sucursales de compañía, líneas directas, comparadores, etc.) hay de todo. Desde grandes personas que aman lo que hacen, respetan al cliente y se forman para dar lo mejor de sí mismos hasta auténticos delincuentes que están destinados a torpedear el patrimonio de sus clientes a la mínima oportunidad. Cosa a estudiar, desde luego. De ahí la mala fama del sector ¿verdad?
Gracias por todo y un abrazo,
Carlos Lluch