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Gestión pasiva vs. activa: El error conceptual de confundir la herramienta con la estrategia
Gestión pasiva vs. activa: El error conceptual de confundir la herramienta con la estrategia
Llevo observando los mercados financieros desde la década de 1980. En aquellos años, las cosas en España eran mucho más rudimentarias: las cotizaciones se seguían por el teletexto, las órdenes se daban llamando por teléfono al banco y los fondos de inversión apenas daban sus primeros pasos en nuestro país. Sin embargo, los conceptos académicos estaban claros. Hoy, paradójicamente, con toda la información disponible, detecto una profunda confusión en la comunidad financiera.
A menudo se lee en foros y análisis de internet el debate sobre si «la gestión pasiva pura existe» o si es posible «invertir de forma 100% pasiva». El argumento recurrente que suele utilizarse para negarlo es que el inversor siempre toma decisiones activas: elegir el índice, decidir cuándo aportar con una estrategia DCA, ponderar factores o mantener dinero en efectivo. [1]
Como inversor veterano, afirmo que plantear el debate en estos términos es un error conceptual. Se está confundiendo la estrategia o táctica del inversor con la naturaleza del producto financiero.
La regla de oro: La gestión califica al vehículo, no al inversor
Para entenderlo de forma educativa y sin rodeos, la línea divisoria entre gestión activa y gestión pasiva es binaria y se limita exclusivamente a lo que ocurre dentro del fondo, tal y como estipula su reglamento y folleto explicativo:
- Gestión Pasiva (Indexada): El producto es un mero autómata. Su única misión es replicar idénticamente un índice matemático preexistente. No hay un gestor analizando si una empresa está cara o barata, ni decidiendo de forma discrecional si es momento de vender para acumular liquidez. El fondo se limita a ejecutar un algoritmo informático de réplica.
- Gestión Activa: El producto depende del criterio subjetivo de un equipo gestor. Este equipo compra, vende y pondera activos de forma discrecional con un objetivo claro: batir a su índice de referencia (benchmark) o protegerse de las caídas mediante análisis macroeconómico y selección de valores (stock picking).
Cualquier otra actuación externa a este mecanismo es estrategia o táctica. Que un inversor decida comprar un fondo indexado al MSCI World en lugar de uno al S&P 500 es una decisión personal de asignación de activos (asset allocation), no gestión del fondo. El fondo que ha elegido sigue siendo 100% pasivo en su ejecución interna.
Una anécdota de los 80: El nacimiento del "Bogle Folly"
Para entender lo absurdo que es decir que la gestión pasiva no existe porque "alguien tiene que elegir el índice", conviene recordar la historia de John Bogle. Cuando lanzó el primer fondo indexado comercial en 1976 (el First Index Investment Trust, que replicaba al S&P 500), la industria de Wall Street lo bautizó despectivamente como "La locura de Bogle" (Bogle's Folly).
La crítica de los grandes gestores activos de los años 70 y 80 no era filosófica ni semántica. Decían textualmente que el fondo era "antiamericano" porque renunciaba a la capacidad humana de seleccionar las mejores acciones. Los intermediarios financieros odiaban el producto porque, al limitarse a replicar un índice de forma automática, no requería analistas, no generaba rotación de cartera por intuición y eliminaba las altas comisiones de gestión.
En aquella época nadie discutía si el comité del S&P 500 tomaba decisiones "activas" al cambiar una empresa por otra. Todo el mundo entendía perfectamente la diferencia: en el fondo de Bogle no había un cerebro intentando ser más listo que el mercado. Era una máquina de replicar. Que el S&P 500 modificara sus componentes por reglas de tamaño o liquidez era simplemente la actualización del censo del mercado, no una estrategia de inversión especulativa.
Desmontando los falsos mitos de la "actividad" pasiva
Para aclarar el panorama educativo, conviene analizar bajo este prisma los supuestos puntos grises que confunden a la comunidad:
- El inversor que hace DCA: Si automatizas una transferencia mensual para comprar un ETF del S&P 500, estás aplicando una táctica de inversión delegada. El ETF no se vuelve "activo" porque tú lo compres el día 5 o el día 20. El vehículo financiero sigue indexado de forma pasiva.
- Los comités de los índices: Empresas como S&P Dow Jones o MSCI no hacen gestión de carteras. Aplican reglas métricas e industriales para definir y medir el mercado. Un termómetro no es "activo" porque decida marcar la temperatura en grados Celsius en lugar de Fahrenheit. El termómetro mide; el índice mide. Y el fondo pasivo se limita a reflejar esa medición de forma automatizada.
- Los ETFs de Factores y Ponderación Fundamental (Smart Beta): Conceptos como los índices que ponderan por variables fundamentales (ventas o dividendos en vez de por capitalización) o los ETFs de factores de riesgo (Value, Growth, Momentum, Small Caps) suelen catalogarse erróneamente como híbridos. No lo son. El diseño del índice sigue una fórmula matemática y rígida. Si el folleto del ETF estipula que el fondo replica ese índice de forma ciega y sistemática, la gestión del producto es 100% pasiva. La estrategia matemática del índice es diferente, pero dentro del fondo no hay discrecionalidad humana variando las posiciones según el día.
- La falacia de los fondos de ETFs: Si una gestora crea una cartera multiactivo combinando ETFs pasivos y cobrando una comisión por mover los pesos cada trimestre, estamos ante un producto de gestión activa. Utiliza herramientas pasivas como piezas de construcción, pero el timón lo lleva un gestor. No hay misterio: el fondo principal es activo y los fondos subyacentes son pasivos.
Conclusión
Dejemos los debates semánticos abstractos que solo confunden a quienes empiezan a invertir. La gestión pasiva existe, está perfectamente definida desde hace décadas y hace referencia única y exclusivamente a la estructura operativa interna del producto financiero.
Una vez que entendemos que los adjetivos activa y pasiva califican al proceso de ejecución del vehículo, y no a las decisiones vitales o estratégicas del inversor, el ruido desaparece. A partir de ahí, la discusión real y útil para la comunidad es la de siempre: análisis de costes, diversificación real, fiscalidad y la templanza psicológica necesaria para mantener el rumbo en el largo plazo.
Aviso: El presente artículo refleja la opinión personal y formativa de su autor basada en su trayectoria en los mercados. Su contenido es estrictamente educativo y no constituye, bajo ningún concepto, una recomendación de inversión, asesoramiento financiero, ni una incitación a la compra o venta de ningún tipo de vehículo financiero.
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