“De cómo una arbitrariedad fiscal puede hundir una microempresa”.
Seguro que conocéis algunos casos en relación a lo que menciono. A mí, el que me contaron, decía así:
Doña Pepita era dueña de un local. En su local desarrollaba su actividad una guardería, llamada “Escola Doña Pepita, s.l.”, empresa propiedad de la misma Doña Pepita. Doña Pepita llevaba muchos años en el barrio, y era conocida y apreciada por el vecindario, gracias a su buen oficio con los niños. La guardería no era ningún gran negocio, pero permitía tener algo de personal e ir tirando. La guardería no le pagaba ningún alquiler a Doña Pepita. Total, ¿para qué?, ¡tendría que pagárselo a ella misma!.
En esto que un funcionario de Hacienda detectó que en el local se desarrollaba una actividad (ya se sabe, por las facturas de la luz), y sin embargo, el propietario no declaraba ingreso alguno por arrendamiento. El inspector obligó a Doña Pepita a declarar en su IRPF un ingreso mensual de 3.000€/mes (calculado según unos “baremos”), en concepto de arrendamiento. Doña Pepita no sabía gran cosa de finanzas, pero, con un criterio no exento de lógica, decidió que si debía declarar 3.000€/mes de ingresos por alquiler, la guardería le debía pagar esa misma cifra a ella.
Pronto se dio cuenta de que, pagando 3.000€/mes, a la guardería no le salían las cuentas, que perdía dinero. Por ello, decidió subir las cuotas a los padres, ante las protestas de aquellos, y empezó a cobrar por todo (como unas agendas a 10€, que compraba en los “chinos” a 1€). Aun así, todavía no le salían los números, con lo que decidió recortar algunos gastos. Eliminó parte del personal y redujo la cantidad y calidad de la manutención de los niños, así como de los materiales y juguetes. Todo, con tal de que la guardería no perdiera dinero. Al final, todo ello redundó en una lógica merma de la calidad de atención hacia los niños. Los padres lo detectaron y empezaron a abandonar la guardería. La guardería tuvo que cerrar tiempo después. Doña Pepita acabó vendiendo su local a una mafia china.
Que cada cual se lo crea o no, y saque sus propias conclusiones.