What is up with economists?
Copia integra de la versión en español extraida de http://www.wales.ac.uk/en/Blogs/CeterisParibus/Whatisupwitheconomists.aspx
¿Pero qué pasa con los economistas?
Cuando Adam Smith, John Maynard Keynes, David Ricardo, Karl Marx o Friedrich Hayek escribieron sus influyentes ideas económicas, su principal interés era tratar de encontrar explicaciones a las situaciones reales del día a día, tratar de encontrar orden dentro del caos que supone una economía en funcionamiento real.
Para hallar estas explicaciones se servían de modelos económicos, versiones simplificadas de la realidad a partir de las cuales podían extraer conclusiones validas extrapolables a la realidad. Eran herramientas de trabajo, igual que lo es un lienzo para un artista, que siempre estaban sujetas a la voluntad del economista de encontrar soluciones a esos problemas de la vida diaria.
Sin embargo, y a diferencia de estos ilustres nombres, la inmensa mayoría de los actuales economistas parecen totalmente desconectados del mundo real. Han fallado tanto en la previsión de la actual crisis como en la propuesta de soluciones para la misma. Resulta descorazonador comprobar que en la lista de artículos de “The Review Of Economic Studies” (uno de las publicaciones británicas con más prestigio y solera) no aparece un solo estudio sobre la actual crisis. Sin embargo encontramos títulos como “Identificación No Paramétrica y estimación de modelos de regresión truncados” y similares. ¿No les interesa ya a los economistas la economía real?
Los modelos económicos han dejado de ser la herramienta de trabajo y se han convertido en la razón de ser de esta disciplina. El proceso se ha invertido: en lugar de crear modelos que traten de explicar la realidad, quedando su validez totalmente sujeta a resultados empíricos que la avalen, los economistas se enredan en la creación matemática de complicados modelos, sin preocuparse de si estos explican la realidad o no. Antes ser un buen economista implicaba aportar respuestas apropiadas a preguntas oportunas. Ahora, en muchas instituciones académicas, saber resolver simulaciones de Monte-Carlo es suficiente.
Por supuesto no todo el conjunto de la profesión se ha desentendido del mundo real. Sigue habiendo autores más interesados en teorizar sobre aspectos tangibles de nuestra sociedad que en resolver complicados modelos econométricos. Una de las grandes críticas que se suele hacer a economistas como Paul Krugman es que “sus matemáticas son sencillas”. ¡Por supuesto que lo son! Como lo eran las matemáticas de Keynes Hayek o Friedman.
Por tanto para mí la línea que separa hoy en día a los economistas no es la línea entre conservadores o liberales, entre defensores de los mercados libres o defensores de una mayor intervención estatal, sino la que separa a aquellos autores que siguen buscando explicaciones al mundo real y aquellos que se preguntan cómo sería el mundo real si este se ajustase a sus modelos matemáticos.
Toda esta historia me recuerda un viejo chiste que un antiguo profesor nos contó en la facultad de empresariales:
“Un economista, un ingeniero y un químico naufragan en una isla desierta, muertos de hambre, y se encuentran una lata de sardinas, pero no disponen de abrelatas. Después de varios infructuosos ejercicios de ciencia aplicada por parte del ingeniero y del químico que intentan abrir la lata, ambos se volvieron molestos hacia el economista, que les había estado observando todo el tiempo con una sonrisa condescendiente en los labios, y le preguntan:
- A ver, sorpréndanos…, ¿qué haría usted?
A lo que el economista comenzó a formular una impecable teoría, que comenzaba de la siguiente manera:
- Bueno, supongamos que tenemos un abrelatas…"
Admito que no cogí del todo el significado del chiste en su momento.