Gestión del riesgo.
Los Tiradores Solitarios me habían citado en su chiringuito para asistir a una importante decisión bursátil. Durante años habían recopilado y analizado información intentando conseguir una moderada exposición al riesgo de operar en bolsa.
El olor a cartón de vino barato se mezclaba con los efluvios a quemado de los fugaces y sucesivos chispazos que surgían de varios empalmes de cable realizados con cinta aislante.
Langley me relataba de forma atropellada cómo habían recopilado datos de los fundamentales de las 500 empresas del SP 500 de los últimos 30 años, las incontables horas de trabajo para reflejar en análisis técnico dichos datos y contenidas en un disco duro de 100 Gigas, el espionaje empresarial hasta encontrar cualquier mínimo rumor fundado, comparativas de las comisiones y servicios de los brokers online, 3 cursillos de contado, 2 de futuros y 1 de acuarelas..., vencer el síndrome de abstinencia para dejar el alcohol y las drogas..., unas baterías para evitar un corte de luz..., los informes inéditos de Bernanke y Pedro J..., cinco años leyendo todos y cada uno de los diarios económicos..., los amuletos de Rappel, 2 sistemas tendenciales, 2 antitendenciales y otro de carraca, un mechón del flequillo de Anasagasti y otro de Pepe Oneto..., las gafas de Greenspan, pautas estacionales, la confluencia estelar y la fase lunar correcta...
- Mulder, ha llegado el momento..., nuestro trabajo en los mercados nos indica que en este preciso instante... hay que entrar corto en el Ibex...
- ¿Con muchos contratos?
- Un Mini. -El dedo de Flojiqui se derrumbó apretando la tecla mientras sus compañeros se santiguaban repetidamente.
Acto seguido el Ibex bajó dos puntos lo que desató una gran algarabía, pero se cortó en seco cuando un segundo después volvía al punto de partida.
- ¡Dios Langley! -gritó Flojiqui mientras se le marcaban las venas en el cuello-. ¡Compraaaa, rápidoooo!
Así lo hizo. Cerraron en el mismo precio.
- Uffff..., nos ha ido por poco, ¿verdad Mulder?
- Sí, menudos tiburones de las finanzas estáis hechos, no me volváis a despertar de la siesta para esto. Por cierto habéis palmado las comisiones.
El trío se quedó mudo. Langley apagó el ordenador, y Flojiqui le dió una patada a los 50 kilos de papel derramando cientos de gráficos por la sala.