¡Caretas fuera!
Llevan un año así: nos están diciendo a plazos, al reino, que existe un fallo en la circulación del cuerpo económico español, un fallo circulatorio que, aceleradamente, está desembocando en una gangrena, y ya sabemos que hay que hacer cuando una parte de la anatomía de una persona se gangrena. El preinforme publicado por el FMI el 9 de los corrientes de título “Spain: 2008 Article IV Consultation - Concluding Statement of the Mission” (lo tienen aquí), no descubre nada que no se supiese; dice, sí, que el PIB de España crecerá el -1,0% el próximo año, pero Uds. han leído aquí mis previsiones: la cosa va a ser mucho peor: en el 2009 crecerá entre el -2,7% y el -2.1%; en el 2010 entre el -3,3% y el -2,8%; en el 2011 el PIB se moverá entre el -4,0% y el -3,4%; o sea que, por el lado del crecimiento, el FMI no asusta: lo verdaderamente interesante del preinforme no está en las cifras, sino en la letra. Lo verdaderamente interesante está en que el FMI prescribe una receta para la economía española, pero la prescribe como única alternativa al desastre, una receta que no es una simple lista de medidas a tomar, sino un conjunto de posturas que predeterminan un posicionamiento.
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