BBVA está en un momento dulce tanto en resultados como en bolsa. La acción cotiza cerca de los 25 euros, en zona de máximos anuales, y acumula una revalorización sólida en lo que va de 2026. El primer semestre dejó un beneficio atribuido de 6.051 millones de euros, un 11% más que el año anterior, impulsado por el fuerte crecimiento del margen de intereses y de la actividad crediticia.
El banco mantiene una rentabilidad elevada, con un ROTE por encima del 22%, y sigue generando capital de forma orgánica. El ratio CET1 se sitúa en el 12,9%, por encima del rango objetivo. Gracias a esa holgura, ha anunciado un nuevo programa extraordinario de recompra de acciones por 2.000 millones de euros, que se suma a los programas anteriores. La política de dividendos también es generosa, con un payout en la zona del 40-50% y pagos que han ido creciendo de forma consistente.
La diversificación geográfica sigue siendo su gran ventaja: México aporta una parte muy relevante del beneficio, España muestra dinamismo en el crédito y Turquía y América del Sur contribuyen positivamente. La calidad crediticia se mantiene sólida, con una tasa de mora contenida. A estos precios el valor cotiza con un PER razonable para el sector y ofrece una rentabilidad total atractiva vía dividendo más recompras.
Eso sí, el valor no está libre de riesgos. La exposición a mercados emergentes (especialmente México y Turquía) introduce volatilidad por tipo de cambio y por el entorno macro de esos países. Además, el mercado ya ha recogido buena parte de las buenas noticias, por lo que el recorrido alcista a corto plazo puede ser más moderado.
En resumen, BBVA combina unos resultados robustos, una generación de capital excelente y una política de retribución al accionista muy clara. Para quien busque exposición a la banca europea con sesgo emergente y una rentabilidad total interesante, sigue siendo una de las referencias del Ibex. La sensibilidad a los ciclos de sus principales mercados, sin embargo, no desaparece.