Para fijar el precio de un seguro de vida, las aseguradoras combinan cinco variables: la edad, el capital asegurado, el estado de salud, la profesión y las aficiones de riesgo. Las dos primeras fijan la prima base; las otras tres la ajustan al alza mediante recargos.
El proceso tiene nombre técnico (suscripción del riesgo) y explica por qué dos personas de la misma edad que piden el mismo capital pueden recibir presupuestos muy distintos.
Descubre qué factores tienen en cuenta las aseguradoras para calcular el precio de un seguro de vida
Cómo tarifica una aseguradora un seguro de vida
La prima no sale de una tarifa fija, sino de estimar la probabilidad de que se produzca el siniestro durante el año de cobertura. Esa probabilidad se calcula sobre tablas de mortalidad y luego se corrige con los datos concretos del solicitante.
En la práctica el recorrido es siempre el mismo: se parte de la prima que corresponde a la edad y al capital, y sobre esa cifra se aplican recargos por salud, profesión o aficiones. Por eso el precio de partida que anuncia una compañía rara vez es el precio final de una póliza concreta.
Los factores que más pesan en la prima
La edad
Es el factor determinante. La probabilidad de fallecimiento crece con los años, así que cada año cumplido encarece la póliza. Las compañías fijan además una edad máxima de contratación y otra de permanencia, pasada la cual la cobertura se extingue.
En los seguros temporales renovables la prima se recalcula en cada vencimiento según la edad alcanzada, lo que significa que el precio sube solo con el paso del tiempo aunque no cambie nada más. El desglose por tramos está en cuánto cuesta un seguro de vida.
El estado de salud
Antes de emitir la póliza, el solicitante debe cumplimentar un cuestionario de salud en el que declara patologías diagnosticadas, tratamientos, consumo de tabaco y alcohol, y datos como el peso y la altura.
Es el documento más importante de todo el proceso. No solo determina el precio: también determina si la compañía responderá el día del siniestro, porque una omisión relevante permite reducir la indemnización o rechazarla.
La profesión
No todos los oficios implican el mismo riesgo. Como el seguro de vida cubre tanto el fallecimiento por enfermedad como el accidental, las profesiones con exposición física elevada llevan recargo: trabajos en altura, manipulación de explosivos, seguridad privada, transporte de mercancías peligrosas o actividades pesqueras.
Un bombero y un docente no reciben la misma tarifa aunque compartan edad, capital y estado de salud.
Las aficiones
El mismo criterio se aplica al tiempo libre. Practicar escalada, buceo, paracaidismo, motociclismo de competición o aviación deportiva genera recargo o, en algunos casos, exclusión expresa de esa actividad en la póliza.
Conviene declararlas aunque parezcan menores: si el siniestro guarda relación con una actividad no comunicada, la compañía puede negarse a indemnizar.
El capital y las coberturas
Cuanto mayor es el capital asegurado, mayor la prima, aunque la relación no es exactamente proporcional. Y añadir garantías (invalidez permanente absoluta, enfermedades graves, capital doble por accidente) incrementa el precio respecto a la cobertura básica de solo fallecimiento.
Durante décadas las aseguradoras aplicaron tarifas distintas a hombres y mujeres, apoyándose en la diferencia estadística de esperanza de vida. Eso terminó con la sentencia Test-Achats del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, de 1 de marzo de 2011.
El Tribunal declaró contraria al principio de igualdad de trato la excepción que permitía diferenciar primas y prestaciones en función del sexo. Desde el 21 de diciembre de 2012 las compañías que operan en la Unión Europea aplican tarifas unisex en los seguros de vida.
Cuándo la aseguradora pide un reconocimiento médico
El cuestionario de salud basta en la mayoría de los casos. La compañía solicita pruebas médicas adicionales cuando concurre alguna de estas circunstancias:
Capital asegurado elevado: por encima de determinados umbrales, que cada entidad fija por su cuenta.
Edad avanzada del solicitante en el momento de contratar.
Antecedentes declarados en el cuestionario que requieran valoración.
Profesión o afición de riesgo que la compañía quiera evaluar con detalle.
El alcance de las pruebas varía: desde una analítica básica hasta un reconocimiento completo con electrocardiograma. El coste suele asumirlo la aseguradora.
Qué pasa si te aplican sobreprima o te rechazan
Terminada la valoración, la compañía puede resolver de tres maneras distintas, y conviene saber qué significa cada una:
Aceptación en condiciones normales: la prima de tarifa que corresponde al perfil.
Aceptación con sobreprima: acepta el riesgo pero a un precio superior, normalmente expresado como un porcentaje de recargo.
Aceptación con exclusión: emite la póliza dejando fuera de cobertura una patología o actividad concreta.
Rechazo del riesgo: no emite la póliza.
Lo importante es que ninguna de estas resoluciones es la del mercado, sino la de una compañía. Los criterios de suscripción varían mucho entre entidades: un mismo antecedente médico puede suponer un recargo del 50% en una aseguradora, una exclusión puntual en otra y ninguna consecuencia en una tercera.
Por eso, ante una sobreprima o un rechazo, lo que funciona no es aceptar ni desistir, sino volver a pedir presupuesto en otras compañías con el mismo cuestionario.
Cómo comparar antes de contratar
Como el precio final depende de cómo interprete cada compañía tu perfil concreto, las tarifas publicadas sirven de orientación pero no de decisión. La única forma de saber qué te correspondería es cotizar en varias entidades con los mismos datos.
Piensin, comparador de seguros de vida y salud de Globalfinanz Gestión Correduría de Seguros, cotiza en paralelo diez aseguradoras y asigna un asesor que revisa el cuestionario antes de enviarlo, que es donde se juega buena parte del precio.
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La conclusión es que el precio de un seguro de vida no lo fija una tarifa, sino una valoración de riesgo individual. La edad y el capital marcan el punto de partida, pero lo que separa dos presupuestos del mismo perfil suele estar en cómo cada compañía interpreta el cuestionario de salud.
De ahí que comparar tenga tanto recorrido en este producto. No se trata de buscar la aseguradora más barata del mercado, sino la que mejor valore tu perfil concreto, que no tiene por qué ser la misma para dos personas distintas.
Preguntas frecuentes
Por orden de peso: la edad, el capital asegurado, el estado de salud declarado en el cuestionario, la profesión, las aficiones de riesgo y las coberturas contratadas. La edad y el capital fijan la base; el resto ajusta al alza mediante recargos.
Ya no. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea declaró en la sentencia Test-Achats (2011) que diferenciar primas por sexo era contrario al principio de igualdad de trato. Desde diciembre de 2012 las aseguradoras aplican tarifas unisex.
Cuando concurre alguna de estas circunstancias: capital asegurado elevado, edad avanzada o antecedentes declarados en el cuestionario de salud. Por debajo de esos umbrales lo habitual es que baste con el cuestionario.
Significa que acepta el riesgo pero a un precio superior al de tarifa. Es negociable y comparable: cada compañía valora los mismos antecedentes de forma distinta, así que una sobreprima en una aseguradora no implica la misma en otra.
Sí. La aseguradora puede no aceptar el riesgo, excluir una patología concreta de la cobertura o proponer una sobreprima. Un rechazo en una compañía no cierra el mercado: los criterios de suscripción varían de forma notable entre entidades.