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¿Seguirá vigente el “long – short” estrella de 2017?

El BCE tiene un problema: si los inversores siguen comprando euros a mansalva, el programa de estímulo monetario - el famoso QE - no habrá servido de nada.

El mandato del BCE es muy claro: tiene que mantener la estabilidad de precios en la zona euro y, al menos hasta el día de hoy, un IPC anual “cercano al 2%” es lo que los bancos centrales consideran estable y deseable.

Como estábamos muy por debajo del objetivo, el BCE se lanzó a inyectar dinero en la economía, con la esperanza de que dicho estímulo fomentaría el crecimiento y repuntaría la inflación.

Pero esos cálculos no tuvieron en cuenta el profundo cambio económico que se estaba produciendo en la economía mundial y, muy especialmente, en las economías avanzadas. El comercio electrónico, el auge de las energías alternativas, el vehículo eléctrico o hibrido, la robotización y un nuevo modelo laboral donde la capacidad de negociación salarial es cada vez menor, están cambiando la estructura de formación de los precios. Presionan a la baja, es decir, son factores desinflacionista.

Tampoco pensaron los economistas del BCE que el dólar pudiera debilitarse como consecuencia de que el fenómeno “lowflation” es global. O que las esperanzas de que la testosterona de Trump se trasladara a la economía no se materializaran. De hecho, en Estados Unidos la inflación no aumenta o lo hace muy ligeramente. Y ahí viene el tercer error: considerar que si hay crecimiento tiene que haber necesariamente inflación. Error de bulto, porque no sería la primera vez en la historia en el que una revolución industrial, en esta ocasión la digital, tira a la baja de los precios y al alza de la economía.

Para acabar de liarla, a Draghi no se le ocurre otra cosa que anunciar que se acerca el fin del proceso de estímulo. Los operadores del mercado de divisas ven un dólar débil por un lado, ven que se va a reducir la oferta de euros por el otro y atan cabos. Detectan una oportunidad de inversión doble, que en los mercados se llama “long short”, es decir, comprar euros y vender dólares. Miel para las abejas.

Las ganancias, con una revalorización del euro del 14% respecto al dólar en lo que va de año, son espectaculares. Pero lo importante el saber si el “long short” del año sigue vigente o si un tipo de cambio 1,20 dólares por euro es el fin de la fiesta.

Los hechos

  • El BCE es perfectamente consciente – es un dato medido, cuantificado y comprobado – de que cada vez que el euro se aprecia contra la cesta de divisas de las economías con las que la eurozona mantiene mayores relaciones comerciales, se produce un impacto desinflacionista en los precios interiores como consecuencia de que, en un entorno competitivo, la disminución de costes se traslada a los precios de venta. Y en esta ocasión la fortaleza del euro es generalizada en relación con dichas divisas, con muy pocas excepciones.
  • Pero también transmite que no está preocupado. Y de momento, los afectados – los exportadores - no se quejan demasiado.
  • El Banco Central Europeo es consciente de que la apreciación del euro pone peligro todo el esfuerzo del QE, pero, de momento, parece que le da más miedo el “qué dirán” y prefiere mantener la expectativa de que el programa de estímulo monetario acabará más pronto que tarde. Eso significa menos euros en el mercado y es una de las bases de la especulación a la que hacemos referencia.
  • Desde Estados Unidos no hay grandes cambios: el fenómeno “lowflation” sigue siendo evidente. Pero si Trump consigue implementar su programa de reducción de impuestos podría frenar al euro, al menos temporalmente.

Las conclusiones

  • Por el momento Draghi no considera una prioridad frenar la especulación.
  • En ese contexto, todo va a depender de las cifras que presente la economía europea. Si sigue la recuperación y en ausencia de advertencias por parte del Banco Central europeo, el euro tendría margen de apreciación.
  • Ahora bien, todo tiene un límite. Para mi está en el impacto que tendría sobre la inflación un alza adicional del 10% al 15% en la cotización del euro. Esto podría moderar en un 0,5% adicional el IPC de la eurozona, reduciendo las propias previsiones del Banco Central europeo a niveles que harían imposible alcanzar su objetivo.
  • La aprobación del plan de bajada de impuestos de Trump también podría frenar – al menos temporalmente - la apreciación del euro.

Hablando en plata: si el euro se acerca a 1,30 veremos declaraciones de Draghi diciendo cosas como que no iniciará el “tapering” hasta que la inflación esté anclada y bien anclada en su objetivo. Dejará de decir que ya verá, pues lo único que consigue así es alimentar las expectativas de los especuladores.

Esto podría ser suficiente. Pero el mercado conoce la presión que sufre y podría no creerle. En ese caso tendría que coger su fusil y entablar batalla contra los especuladores. La bajada de impuestos de Trump sería un gran aliado.

El resultado final dependerá sobre todo de los datos económicos, como es normal. Haga lo que haga, si la economía europea se anima de verdad, el euro se seguirá apreciando y lo único que podrá hacer el Banco Central europeo es controlar esa subida. Pero a más largo plazo la cosa podría dar un giro inesperado: digan lo que digan los de la “represión financiera”, el crecimiento es posible sin necesidad de inflación. No será la primera vez que ocurre en la historia y la revolución digital presenta todas las características para que se repita un periodo de crecimiento con baja inflación. Si el mercado viera que al final ocurre lo mismo aquí que en Estados Unidos lo normal es que se vuelva un cierto equilibrio entre ambas divisas.

Seguiremos informando.

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