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Hace bien poco comentaba elogiosamente en estas páginas el movimiento estratégico del PSOE, de tipo "finta" o "engaño", consistente en coaligarse con PODEMOS para ir con él a una investidura, de salida, fallida, pero que por ello le "obligase" a él, a Pedro Sánchez, a presentarse en solitario ante los electores quitándose el sambenito de prepotente y no-negociador, maximizando así sus probabilidades de salir vencedor en una investidura, de llegar al gobierno, aunque -claro está- sin tener plenas garantías de ello.

 

Pero, como se ha visto, la "hubris" del éxito de ese "movimiento estratégico" junto con el "sesgo del optimismo" que caracteriza a Pedro Sánchez (del que se dice que se cree que ha nacido con "una flor en el culo", o dicho de forma más fina, con los hados de su lado) le han llevado a él y sus asesores a creerse que ese "movimiento estratégico" que habían hecho era añlgo másd que eso, o sea, que no era sólo una "jugada estratégica" sino que realmente era la  estrategia a seguir. O sea, que no se trataba de "despistar" o "engañar" a los demás para que, al final,  saliese lo que querían (el ir en solitario a la investidura), sino que tenían la opción de "ir a mayores", o sea,  de garantizarse una investidura tras pactar con ERC. El acuerdo con PODEMOS dejaba así de ser un movimiento o jugada estratégica para pasar a ser toda una estrategia. Una estrategia estúpida total, en mi opinión.

 

Pero en eso están, o así lo parece. Olvidándose, como un enfermo de Alzheimer, de la recentísma "traición" de los de ERC, cuando le tumbaron hace sólo unos meses el proyecto de presupuestos (lo que nos abocó a este escenario político en que, como en una obra de Teatro del Absurdo, nunca pasa nada y todo el mundo está esperando a godot) Pedro Sánchez parece creer crédulamente que los de Rufián son de fiar y de que a cambio de concesiones "superficiales" (aunque supongan fuertes sumas en euros) y "lingüísticas" (el paso de una conflicto de convivencia en Cataluña a un conflicto político de Cataluña con el Estado) pueden conseguir un apoyo estable.

 

Esas cosas, cosas como esas, pasaban antes antes,mucho antes. Hace años. Cuando Aznar, por ejemplo, sobornaba a los Pujol y a los de Pujol, siempre dispuestos a ello ("la pela es la pela"). Pero ahora tras Artur Mas y Puigdemont seguir pensando así, en esos tiempos, y actuando en consecuencia, es como "conducir mirando todo el rato el espejo retrovisor". En suma que el PSOE de Sánchez, con esa estrategia de negociación con ERC,  está perdiendo -si es que no las ha perdido ya irremediablemente- las ventajas que le deparó  su jugada estratégica previa. De modo que,  ahora, sólo le queda entre optar por una estrategia maximin o llevar al PSOE a la debacle total en unas futuras elecciones, un resultado  que le llevaría a una irrelevancia parecida a la del Partido Socialista Francés.

 

Y para explicitar esta situación, lo que ayer sucedió en Gran Bretaña puede ayudar a entender lo que puede suceder  pues creo que se da una curiosa e inesperada simetría de situaciones entre el electorado británico y el español. Veamos, el triunfo de Boris Jhonsson ha sido el resultado de la confluencia de tres factores en el electorado: el calado creciente de dos discursos y una sensación. Los dos discursos son lo siguientes:

 

1º) El discurso antiélites, o sea, el discurso antibruselas que no antieuropa, del que ya he hablado repetidamente en este blog. Los torys británicos, todos ellos de clase alta, han sido capaces de capitalizar el resentimiento de las clases populares contra los meritocráticos expertos que se asientan en los puestos de control de las instituciones europeas. El discurso de "recuperar el control" frente a Bruselas fue y ha seguido  siendo una de las claves que ha llevado al Partido Conservador a la victoria.

 

Y me da la impresión que ese discurso, que hasta ahora no ha tenido importancia en las actitudes políticas en España, va sin embargo a surgir con fuerza en los próximos tiempos. Y lo va a hacer conforme los tribunales y los parlamentarios europeos se decanten a favor de Puigdemont y su farándula en el futuro. El "mosqueo" contra "Europa", ya presente en la judicatura, va a extenderse a la política (algo así como la asunción por parte de la ciudadanía española de la queja de "pero quién se creen esos para meterse donde no les llaman"). Y esto al PSOE, que ha fiado buena parte de su imagen al europeísmo radical y total ("todo lo que venga de Bruselas es bueno") le va a afectar muy negativamente, pues no podrá responder sino con un discurso ambiguo y conciliador cuando la gente lo que quiere oír es un discurso fuerte y claro. Exactamente igual como el Brexit le ha pillado a los laboristas ingleses. 

 

2º) El discurso del interés público ante el interés del público. Los expertos de izquierdas tras Corbyn al igual que los asesores del PSOE suelen despreciar lo que, siguiendo a Rafael Sánchez Ferlosio, se denomina "interés público". En el fondo ello no refleja sino su  minusvaloración de la gente del común, su crrencia en que las "gentes pequeñas" (por usar de la denominación medieval de los "de abajo") sólo tienen intereses económicos, o sea, que sólo les preocupan los asuntos del dinero. Esos izquierdistas de salón creen por tanto que las políticas guiadas por la defensa del interés DEL público en mayores y mejores servicios y bienes públicos y en políticas más equitativas se traducirán punto por punto en réditos electorales, pues las cuestiones de "interés público" no son "del público".

 

Pues bien, las elecciones inglesas demuestran una vez más que las cuestiones identitarias, meollo del interés público, pueden tener a veces predominio a la hora de votar frente a la defensa de los intereses DEL público. Cierto, si uno pasa hambre, frente a ello cualquiera otra cosa pasa a segundo plano, pero una vez satisfechas las necesidades primarias, como ocurre en todos los países avanzados, las necesidades sociales de definición e identidad personal y social, y por ende, las necesidades de pertenencia y de respeto adquieren una importancia radical y básica. Es difícil negar  que la defensa de la identidad británica ha sido una cuestión de "interés público" de la ciudadanía más importante que la defensa de sus intereses como ciudadanos privados o aislados, como la sanidad, o la educación.

 

Y algo muy semejante puede estar sucediendo en España. Frente a las acusaciones de descuido y olvido del "interés público" en lo común de los españoles: su identidad, los dirigentes del PSOE no dejan de aludir a que lo importante no es eso sino la defensa de los servicios públicos y la igualdad. Sin duda que tienen una elevada importancia en tiempos "normales", es decir, cuando "lo público" no está sujeto a ataque. Pero como ocurre ahora, este no el caso.

 

Como enseñan día a día los independentistas catalanes, la defensa de su "interés público", del "interés de Cataluña como nación" o sea, su defensa de su identidad nacional separada, está por encima del "interés de los ciudadanos catalanes" en asuntos públicos como una economía más próspera, una judicatura independiente o una sociedad más integrada. Y, si esto es obvio cuando se razona acerca de las actitudes políticas en Cataluña, ¿por qué lo mismo no puede darse entre el conjunto de los españoles? Es decir, ¿por qué los españoles no independentistas catalanes, vascos y gallegos no van a anteponer en unas elecciones su interés nacional por encima de su interés como ciudadanos en los asuntos económicos? La actual ambigüedad del PSOE en este terreno con seguridad le perjudicará en unas elecciones-

 

Finalmente , está el "factor cansancio". Los votantes británicos han mostrado su hartura con el larguísimo asunto del Brexit decantándose mayoritariamente por la salida rápida, por el "exit" en un mes. De igual manera, el cansancio con el actual impasse político que la estrategia del PSOE de  negociar con ERC  sine die , como si no hubiera un mañana, le condenaría a pagar en urnas una factura enorme caso de que al final hubiera nuevas elecciones. La gente, sencillamente, está harta de tanto "mamoneo", y ve al PSOE como unos pardillos en manos de ERC.

 

Y en esta situación, ¿qué debiera hacer el PSOE? Pues, como se ha adelantado antes, su comportamiento óptimo debería ser optar por lo que se conoce como "estrategia MAXIMIN". Se conoce como estrategia MAXIMIN aquella forma de actuación que sigue una regla muy conservadora: la de minimizar las pérdidas. Es la propia del pesimista que desoye cualesquiera argumentos optimistas acerca de las probabilidades de ganar, y se centra en garantizarse que, en caso de perder, la pérdida sea la menor posible. Es la típica de la gente que siempre se pone en lo peor. La estrategia en boca de madres y personas mayores: " hay siempre que ponerse  en el peor de los casos y actuar en consecuencia".

 

Pues bien, lo que demostraron John Von Neuman y Oskar Morgenstern en su seminal obra Teoria de Juegos y Comportamiento Económico de 1944, es que no siempre esta estrategia es la racional o correcta, pero lo es en todos los juegos o interacciones sociales de "suma fija", es decir, situaciones en las que lo que se trata es repartirse "algo" determinado, situaciones en la que lo que  gana uno de los participantes lo pierden los otros. Y está claro que el "juego electoral" es un juego de suma fija. Son 350 los escaños en disputa, de forma que  los escaños que gana (o pierde) el PSOE los pierden (o ganan) los "otros" partidos. 

 

Veamos las estrategias del PSOE con este prisma, es decir, como parte de este "juego electoral". Perdida su ventaja estratégica de hace un par de semanas al enfangarse en unas negociaciones absurdas con ERC, el PSOE de Pedro Sánchez tiene a día de hoy DOS posibles estrategias:

a) LLegar al final un acuerdo de investidura y de gobierno con ERC haciéndole concesiones políticas relevantes al independentismo catalán (por ejemplo, permitiéndoles la independencia judicial en Cataluña para así garantizarse una judicatura corrupta allí que nunca cuestione sus comportamientos) . Ello le posibilitaría a Pedro Sánchez  quedarse en el gobierno unos meses hasta que ERC dejase de apoyar al PSOE tras constatar que o ya no cumple sus promesas o ya no le necesita para "volverlo a hacer", o sea, para volver a las andadas y relanzar el desafío independentista. Ello llevaría a nuevas elecciones, que ganaría con certeza la derecha y la extrema derecha pues el PSOE iría a ellas manchado por sus negociaciones con ERC. La previsión en esas elecciones es que el PSOE si no desparecer, pasaría a la irrelevancia. Que eso es perfectamente posible en estos tiempos lo demuestra la triste,  desventurada y merecida historia de Ciudadanos

b) Romper desde ya con ERC, haciendo público que se ha negado a dar a los independentistas nada relevante. Romper también con PODEMOS, pues el acuerdo con ellos tenía una claúsula de viabilidad, o sea, que solo se mantenía si se obtenían los apoyos necesarios para una investidura. Presentarse en solitario a una investidura obligando a los demás partidos a decidir si quieren ir a terceras elecciones.Terceras elecciones que muy probablemente perdería el PSOE y diesen la mayoría a la derecha.

 

Dos posibilidades se abrirían. La primera es que, ante el miedo al triunfo de la derecha, los demás partidos (incluso los independentistas catalanes) o algunos de ellos (pienso en una improbable aquiescencia entre PODEMOS, C's y PNV más los pequeños)  permitan al PSOE seguir en el gobierno. No es improbable este resultado. A fin de cuentas, y dadas las tendencias en las votaciones, me da que el PSOE tiene "aquí la mano", que en último término partidos como JxC, ERC, PODEMOS, Bildu,y los demás "pequeños" le tendrían más miedo a un gobierno PP y VOX que "a un nublao", de lo que puede aprovecharse el PSOE si plantea así la investidura: "o nosotros o ellos". Sería, ciertemente, un gobierno débil, cuya incapacidad de actuaciones radicales se traduciría posiblemente en su derrota en unas próximas elecciones. Pero sería, caso de que así ocurriese,  una derrota "normal", es decir, no una "debacle" destructiva para el partido.

 

La segunda, es que se repitan las elecciones. Aquí de nuevo, lo esperable dados sus errores, el que el PSOE las perdiese pero no de forma brutal, lo que le garantizaría cierta posibilidades de actuación y de moderación frente al gobierno de derechas que surgiese.

 

Todas son malas perspectivas para el PSOE. Pero con arreglo a la estrategia MAXIMIN, su comportamiento "debería" ser obvio: Cerrar este Teatrillo del Absurdo en que se ha metido. Contar que sí, que al final llegó Godot, pero que con él no tenía nada que decir ni negociar. 

 

Mal futuro para el PSOE, en cualquier caso. Pero de los dos malos, el mejor es optar por romper  darle un portazo a Rufián y sus gentes y romper la alianza con PODEMOS (en ese orden). Pero, claro, la estrategia MAXIMIN, supone cierta racionalidad en los agentes, les exige cierta humildad, les exige  que sepan reconocer que la "actitud" pesimista es la apropiada en un juego de "suma constante".

 

Y me temo que el optimismo del actual inquilino de la Moncloa así como el de su mentor, don Iván Redondo, le puede llevar a adoptar la absurda estrategia MAXIMAX, la de los optimistas, la de "ir a por todas", la de actuar pensando sólo en lo que a uno le conviene suponiendo que los demás -no se sabe porqué- le van a dejar acomodándose a ello, pensando que el triunfo absoluto es factible. Cuando oigo a Sánchez asombrarse porque ni PP, ni VOX ni C's apoyen  sus aventuras de negociación con ERC acudiendo como argumento a que sería su obligación por su "responsabilidad institucional", me asombro ante su optimista irracionalidad. La suya y la de sus asesores. Pero, ¿en qué mundo viven?

 

 

 

 

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