Unos cientos de miles de europeos

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El verano llegó y con él los cursos de la Menéndez Pelayo. Empieza el desfile de grandes principios convertidos en titulares como el que ofreció la semana pasada Romano Prodi: unos cientos miles de europeos no pueden negar el futuro a millones. Y yo, todo emocionado, me pongo a leer el discurso de Il Professor buscando una respuesta humana a la crisis alimentaria o alguna novedad en cuanto al tratamiento europeo de la inmigración. Pero no: se refería a los irlandeses, que han sido unos chicos malos por negarse a aprobar el Tratado de Lisboa.

No es que no me preocupe el asunto pero ya estamos muy acostumbrados a las soluciones a la búlgara. Que los ciudadanos dicen NO a la Constitución, pues la cambiamos por un nuevo Tratado convalidable en los Parlamentos. Que un país decide consultar a la plebe y esta vuelve la cara, pues esperamos a que cambien de opinión. O mejor, que se fastidien. Ellos se lo pierden. Que se queden en punto muerto, nosotros metemos la tercera. Irlandeses.

Los ciudadanos se alejan cada vez más de sus dirigentes y de sus instituciones porque estas hacen caso omiso de las prioridades. No se puede modificar una cumbre convocada para hablar de las crisis energética y alimentaria para despacharse contra los paisanos de un estado miembro. Porque ese titular debería ser para los cientos de millones de ciudadanos del mundo que sufren las consecuencias del mal reparto de los recursos, y de esas estúpidas barreras que nos protegen más de nuestra incompetencia que de la competencia exterior, y de la miopía que sufren los responsables de la ocurrencia de las 65 horas mientras aprueban la directiva que ignorará -ya veremos si soluciona- el problema de la inmigración ilegal metiéndola debajo de la alfombra.

Mientras Europa pretenda mantenerse como un club de ricos, lo llevamos muy claro. Unos cientos de miles de europeos no pueden vivir de las rentas que pagan millones de flexiseguros seres humanos, por utilizar el término de moda. Así que dejemos de revolcarnos en nuestros fantasmas internos y empecemos a trabajar por los problemas reales.
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