El mercado de divisas (monedas nacionales) funciona de manera similar a un mercado de productos o de activos financieros: hay una oferta y una demanda que se equilibran en torno a un precio llamado, en este caso, cotización. La mayor parte de las operaciones internacionales se efectúan en euros, dólares, yenes japoneses, libras esterlinas y francos suizos.

El grueso de estos intercambios no se realiza con billetes físicos, sino por medio de productos financieros denominados en las monedas correspondientes.

Desde la aparición física del euro, su cotización ha estado permanentemente apreciada (más caro) respecto al dólar (a su vez depreciado o más barato respecto al euro). La consecuencia de esta relación de precios es que a los ciudadanos de la eurozona nos cuestan menos los productos USA y nos viene bien cuando viajamos al otro lado del Atlántico; pero también es cierto que es más difícil vender nuestros productos en el exterior, y ello no es bueno para nuestro crecimiento, que depende en gran medida del saldo comercial (exportaciones - importaciones).

Las políticas monetarias influyen en las cotizaciones debido al diferencial de tipos de interés. Si el tipo de interés del euro, marcado por el Banco Central Europeo, está por encima del tipo de interés del dólar, controlado por la Reserva Federal de Estados Unidos, los productos financieros denominados en euros serán más rentables para los inversores y su demanda tenderá a aumentar, encareciendo nuestra moneda respecto al dólar. Sin embargo, desde el verano de 2007, la Reserva Federal parece apostar por recortes de tipos y el BCE, tras una senda ascendente, estabiliza el precio del dinero en el 4%. El diferencial tiende a reducirse aunque hay que fijarse en la tendencia futura para sacar previsiones respecto a la evolución del tipo de cambio.

Por supuesto, hay otros factores que influyen en las cotizaciones de las monedas, como la inflación. Si el diferencial entre dos zonas monetarias es muy elevado, la rentabilidad de la divisa se ve perjudicada y por tanto, su demanda. También hay que tener en cuenta otras variables relacionadas con la estabilidad económica y las expectativas de crecimiento, así como el factor político, bien por la fortaleza institucional y la capacidad para llegar a acuerdos, o bien por la potenciación del euro en países ajenos a la eurozona, en detrimento del dólar.




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