Pensamientos liberales auténticos (VII): de la mentira y el fracaso

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Los terremotos financieros mundiales son como los partidos del siglo: hay uno cada tres o cuatro meses. No es que quiera quitarle hierro al asunto, simplemente reconozco que lo que ocurre en la economía financiera no me apasiona demasiado. Es cierto que la economía real no puede funcionar sin un sistema financiero sólido, dinámico y amplio pero es que a veces da la impresión de que los mercados bursátiles, los de divisas y los interbancarios se comportan de forma autista, a su bola, ajenos a lo que ocurre con el crecimiento, los precios, el desempleo o la productividad. A día de hoy, nadie sabe explicar si el pasado Lunes Negro venía de la economía real o se va a empotrar contra ella. De momento parece que el guión se ha vuelto a cumplir: todo lo que cae se levanta para tocar un nuevo techo y volver a su sitio. Eso sí, esta vez ha sido con la ayuda de los bancos centrales.

La nueva inyección de liquidez -ya he perdido la cuenta de los millones prestados a cortísimo plazo desde el verano pasado- debía tener algún componente estupefaciente, a juzgar por la cantidad de excesos verbales que se han perpetrado esta semana. En el plano local, lo del paréntesis en la economía de mercado. Manda narices que cuando, por fin, funciona la ley de la oferta y demanda haya que tomarse un descanso. Y a escala internacional, me parece cómico sugerir que Estados Unidos vaya siquiera a intentar un giro en su habitual política económica, más proteccionista y capitalista que liberal.

En el punto número 7 de mi decálogo liberal señalaba que un auténtico ídem no puede alegrarse de un sistema tan falso que cierra sus fronteras, Ronda tras Ronda, a productores del segundo y tercer mundo y luego se llama a sí mismo "de libre mercado". Y exige "competitividad" a los suyos. No es que el tinglado neo-liberal haya fracasado: simplemente era mentira. El orden económico que nos protege a los occidentales no es nuevo ni libre.

Reivindico el mercado libre para todos. Ya sé que esto choca con el discurso oficial de ONGs y aledaños. Pero ganaremos más si pedimos a los gobiernos que faciliten la competencia y el acceso universal a los recursos. Las recetas económicas deben ser eficaces para ser justas y no podemos vivir eternamente de parches como el 0,7 y el comercio solidario. Aprovechemos la crisis para limpiar la economía -retomando las palabras del ministro Solbes- y exijamos un orden auténticamente libre y universal.
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