Hace un par de años me preguntaban en una prueba de selección lo que pensaba sobre la deslocalización de empresas. Mi respuesta fue distinguir entre el corto, el medio y el largo plazo. A largo plazo todos muertos -célebre keynesianada que nadie ha rebatido hasta la fecha. A corto las empresas industriales clásicas pierden los nervios por el coste laboral/beneficio. Pero a medio plazo siempre podemos pensar que el tiempo y el mercado harán los ajustes oportunos para que cada uno se coloque en su sitio.
Desgraciadamente, muchos trabajadores de Delphi no podrán ver a su antigua empresa irse de Marruecos antes del 2020, una vez amortizada la subvención concedida por nuestro vecino. Y los que sí lo vean entonarán el yatelodije. En cambio, aquellas empresas que se han ido a reducir costes a Polonia, Rumanía o Bulgaria tardarán menos años en comprobar con horror que sus trabajadores también tienen aspiraciones económicas occidentales que el tiempo y el mercado acaban concediendo.

Y si no, habrá que fijarse con atención en la evolución de los chinos. Empezaron por copiarnos todo lo que fabricábamos para imitarlo en plan low cost. Nos están inundando las calles de bazares y tiendas 24 horas -al fin y al cabo trabajan como chinos y chinas y cubren costes. Y ahora les da por consumir más de todo lo consumible, con especial fijación por lo más escaso, para regocijo efímero de magnates del oro negro y ganaderos varios.


Ya va siendo hora de elevar a categoría de teoría económica aquello de lo barato sale caro. Que se lo digan a Barbie.


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