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Bitácora de crisis

La crisis económica en tiempo real

Pensamientos liberales auténticos (IX): del sueño proteccionista de Krugman y Obama

De Barack Obama tengo muchas cosas buenas que decir. Es un líder en potencia, tiene flexibilidad diplomática (a cuento de qué se tiene que cerrar puertas ahora) y, por ahora, predica el multilateralismo hasta donde puede un americano. Sus compatriotas de clase media recibirán muy bien sus planes económicos más o menos demagógicos -que nadie espere una sangría fiscal de los "ricos"-. Y es evidente que hace falta una puesta al día de lo que aquí llamamos Estado del Bienestar, si bien dudo mucho que las recetas que a este lado del Atlántico funcionan regular vayan a ser una balsa en el otro. Como tampoco podemos extrapolar el despido libre de una cultura emprendedora como la americana a nuestra apología latina del trinque.

En el fondo, Obama sólo tiene un par de taras. La primera es que me resulta demasiado bonito para ser verdad -en ese sentido, Hillary representaba una buena opción sin la aureola ni el empalago verbal de Barack-. Y el segundo defecto le viene de serie: el proteccionismo comercial típico de la gran potencia. No deja de ser un punto a favor desde el punto de vista de la América Profunda, que además de republicana representa a la mayor parte del electorado y a un sector básico de la economía -no pensemos sólo en plantaciones de algodón y de cereales sino en la industria alimentaria y en el volumen que mueven las materias primas en las Bolsas.

El proteccionismo forma parte de la historia económica de los Estados Unidos y los Tratados de Libre Comercio no cambian lo fundamental: un verdadero sistema de librecambio haría mucho daño porque nadie puede competir con las condiciones laborales de colombianos y centroamericanos. Obama ha transformado este argumento en un alegato de solidaridad con los empobrecidos de la tierra y todo parece apuntar a que no habrá grandes avances en materia de comercio libre y justo. Además, detrás del candidato demócrata está el último Nobel de Economía, Paul Krugman que tiene muy trabajado el tema de los patrones de comercio internacional, y ha dado fuerza de teoría económica a algo que ONGs y espectadores en general tenemos claro: que los términos del intercambio entre países con diferente nivel de desarrollo están muy descompensados, de forma que Estados Unidos gana mucho más con sus exportaciones que Colombia con las suyas.

Con este sistema de "librecambio" y con barreras infranqueables como las patentes, no me extraña que McCain esté encantado de considerarse "liberal". Pero tampoco vamos a avanzar cerrando las puertas a los países del Sur porque sus gobiernos son corruptos y sus trabajadores esclavos. Los derechos humanos y el establecimiento de un entorno de comercio justo son objetivos complementarios entre sí y deben ser perseguidos al mismo tiempo. De lo contrario, conseguiremos que en el Norte tengamos la conciencia tranquila pero no impediremos que el Sur se muera de hambre.

En cuanto a Krugman, a ver quién es el guapo que le tose ahora mismo. De momento me remito a un artículo suyo que acabo de leer en El País, imprescindible para entender cómo hemos llegado a este punto de la historia económica. Aunque el título se refiere a Milton Friedman, el artículo da un repaso bastante neutral al debate keynesianos vs clásicos que tanto nos gusta a algunos. Eso sí, recomiendo tomarlo con paciencia porque es largo.

Feliz Domingo.

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