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Toca preparar la reunión del G-20 y Solbes abre la ronda de contactos pidiendo imaginación y soluciones de alta naturaleza. No pide nada el viejo ministro. Los bancos responden que hay que exigir más control, los sindicatos fortalecer la economía productiva -supongo que por contraposición a la especulativa- y Rajoy apela a la recuperación de los valores morales. Grandes palabras pero, de momento, nada que no se haya dicho antes.

Vivimos una crisis de ideas formidable. No sé por dónde va el ministro cuando pide imaginación a los agentes económicos pero entiendo que, una vez agotada toda la gama keynesiana de recetas -vía gasto público o vía garantías- no queda otra que adentrase en el apasionante mundo de las reformas. No olvidemos que nuestro desempleo doméstico tiene un componente coyuntural -achacable al ciclo y la situación financiera- pero también hay un elemento estructural, de forma que, en el mejor de los mundos, nuestra tasa de paro no bajaría del 8% ni maquillada. Y este problema sólo se resuelve tocando ciertos resortes, hasta ahora intocables, en el sistema productivo.

Lo malo es que, llegado este punto, los gurús de turno no saben ver más allá del despido libre y la supresión del salario mínimo. Recomiendo, para no repetirme en argumentos ya conocidos, este artículo de El Blog Salmón. La realidad es que mi generación ya trabaja en condiciones de flexibilidad total de hecho y de derecho. Pero diré más: a la hora de despedir, es escandalosa la diferencia entre los trabajadores de mayor antigüedad -que no de mayor calidad, si me permitís- y los que hemos llegado al mercado en los últimos diez años. No quiero resucitar la vieja discusión sobre insiders -los fijos intocables- y outsiders -los temporales indefensos- porque no es cuestión de abrir fisuras entre camaradas. Pero, a día de hoy, el trabajador que entra no posee ningún derecho ni tiene posibilidad de adquirirlo en un sistema que vive en la eterna inestabilidad e ineficiencia por ahorrar cuatro cochinos euros. Y si para un trabajador un cambio de aires cada cierto tiempo puede ser hasta beneficioso, para el sistema productivo es perjudicial. El despido libre, tal y como lo plantean algunos como Aznar sólo sirve para premiar la mala gestión y la rotación en las plantillas.

Hace falta un cambio de cultura empresarial para que el trabajador deje de ser considerado un gasto prescindible para convertirse en la piedra angular de la empresa. Y también es necesario que el currito modifique su configuración funcionarial, para implicarse más en los objetivos corporativos. Hay que tocar temas como la movilidad geográfica, la calidad de la formación profesional, ocupacional y continua, incentivar al emprendedor con la misma pasión con que se premia al propietario de una vivienda y, por supuesto, despenalizar fiscalmente los rendimientos por trabajo, con independencia de que procedan de uno o de ocho contratos, de horas ordinarias o de horas extras.

Sólo un detalle más: lo que se haga por la vía de las reformas tardará en surtir efecto. Pero no se puede esperar a que la tasa de paro esté en el 17%. Ya vamos con retraso, señores.
  1. #2
    13/11/08 20:28

    De acuerdo contigo, Fer, no discuto la necesidad de gente con experiencia trabajando con gente nueva y, además, no podemos comparar al que lleva 30 años con el que acaba de entrar, no estoy reivindicando más derechos sino criterios nuevos. De nuevo siento la generalización pero las empresas están llenas de gente quemada que ha dejado de aportar valor, se comportan como funcionarios de los malos y acaban quemando al resto. Al final, ellos son los intocables del sistema y los becarios y los temporales son los "prescindibles". Es cierto que hay mucha gente que también entra quemada desde el primer día pero, en cualquier caso, siempre acaba primando el coste laboral frente a la productividad. De este modo la empresa ni se plantea que se pueden hacer cosas por el lado de los ingresos y se limita al recorte por el lado del gasto.

  2. #1
    Anonimo
    13/11/08 16:01

    Estoy de acuerdo en que con la gente que se ha incorporado en los últimos 10 años, la flexibilidad es total y las diferencias laborales con otros son vergonzantes, pasado esto y estando de acuerdo en muchas de las otras cosas expuestas digo lo que pienso.

    Creo que se trata como todo en la vida, de un tema de equilibrio. Ninguna empresa puede o debería tener una plantilla excesivamente joven ni excesivamente experimentada, para así todos poder tener unos costes equilibrados, tener también un conocimeinto por experiencia adecuado y por nuevas tecnologías o nuevos conocimientos en la materia.

    De esta forma creo que se tenderían a eliminar ciertos vicios de algunos que se creen que teniendo una plantilla de sólo becarios y un jefecillo, compiten con empresas con unos mayores costes de estructura, en detrimento de todos.

    Lo mismo pasa con los que van sobrecargados de experiencia, son poco competitivos por un excesivo coste y al final algunas empresas que no pueden ser flexibles (es decir despedir a su antojo) se ven en grandes problemas.

    Lo mismo sucede con el tema de hombres y mujeres, pero esto para otro momento que sería muy largo.

    En resumen que todo debería estar mucho más equilibrado, si yo creo una nueva empresa y contrato 2 becarios, una persona con 10 años de experiencia y unos 35 años de edad, y una persona con 55 o 60 años, siempre estaré más cubierto ante cualquier coyuntura, nuevas tecnologías, viejos problemas, posible crisis que me obligue a reducir plantilla dentro de 10 años, con lo que me desprendo de la persona al borde la jubilación y mantengo una persona con 20 años de experiencia, y así no contribuyo a machacar el sistema general en el que vivimos.

    No se, es algo general, global, de equilibrio general entre personas, empresas, países, cualquier desequilibrio a medio o largo plazo se paga creo yo.

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