Remedios caseros contra la crisis (III): software libre, aunque no sea gratuito

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Esta mañana nos hemos desayunado con la noticia de un gran agujero de in-seguridad en la Red, de esas que parecen querer desanimar a todo el mundo respecto de las nuevas tecnologías. El suceso no es aislado, ya que se une al rumor de intervención mundial sobre las descargas y posible gran-hermanización de todos nuestros movimientos en Internet. Seguro que todo esto dará que hablar en otros blogs compañeros, aquí me limito a decir un par de cosas: que la posibilidad de obtener contenidos por la patilla es una fuente de ahorro inmediato para muchos bolsillos y que, mal que les pese a algunos, empieza a dar beneficios colaterales a gente que sería desconocida si no fuera por su presencia en Internet. Que se lo digan a Rihanna, quien recibió en la gala de un conocido musical el disco de platino por 80.000 copias vendidas y -esta es la novedad- el reconocimiento de su millón de descargas.

Y es que las descargas son a la música lo que la publicidad al refresco de cola: la posibilidad de estar, de existir. Y de ganar dinero de fuentes aledañas como los conciertos y los derechos de imagen. No está nada mal teniendo en cuenta la crisis de contenidos -permítanme la expresión- que vive la industria creativa: todo está inventado, sólo se vende la versión, el remake, el recopilatorio. Está la cosa como para pagar por ello.

Pero a lo que voy. No pretendo hacer apología del robo porque, a fin de cuentas, todo tiene un coste. Lo que sí quiero es tirar una lanza en favor del software libre -que no gratuito- como remedio para economías escasas de competitividad como la nuestra. La creación y distribución de aplicaciones informáticas puede ser interesante para otros pero no para las empresas españolas, que lo que tienen que hacer es reducir costes improductivos como el de amortizar equipos y programas infrautilizados y poner en valor el trabajo humano con herramientas tecnológicas adecuadas y debidamente dimensionadas. Lo cual sólo se consigue en la práctica con soluciones de código abierto en las que se paga, en todo caso, por la distribución pero no por la propiedad intelectual.

Tomen nota las administraciones porque tendrán que dar ejemplo. Puede que el ahorro monetario no sea elevado a nivel microeconómico, pero las mejoras en productividad se verían a medio plazo y aprovecharían a todos.
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