Mujer moderna y liberal quiere mandar

No se asuste el lector, no pretendo conseguir notoriedad con el título sino dar publicidad al debate ideológico abierto por Esperanza Aguirre dentro y fuera del PP. Y además lo hago para mostrar mi apoyo a la libre circulación de ideas serias y solventes, aunque uno no esté de acuerdo con ellas. Por tanto, bien por la presidenta.

No entro a valorar si el liberalismo que predica Aguirre es puro como el estadounidense o postizo. Se puede resumir en una mezcla de aznarismo profundo y berlusconismo a discreción. Por aznarismo entiendo, en este caso, no el discurso políticamente correcto que conocimos en su gobierno, sino su pensamiento auténtico posterior, maravillosamente recogido en su célebre quién te ha dicho a ti que yo quiero que conduzcas por mí. Porque un liberal de pro jamás permitirá que nadie conduzca por él (de ahí su característica apología del coche propio), ni aceptará que le condicionen sus horarios de trabajo, ni muchísimo menos la propiedad privada que tanto sudor le ha costado obtener (en esto, muchos liberales suelen creerse muy bien sus propias mentiras). En cuanto al berlusconismo, no me refiero a ninguna forma de delincuencia sino a otra afirmación genial: el Estado estorba. Una máxima que Esperanza Aguirre esgrime siempre que puede y le interesa -salvo cuando sube el precio de la VPO o exige deducciones fiscales para desviar demanda hacia el ladrillo en propiedad.

Siento decirle a la presidenta que España no está preparada para una ideología como la liberal. Aquí funciona la cuadratura del círculo bien defendida por el PSOE actual, donde el laissez-faire de Solbes convive con el intervencionismo keynesiano puro y con el catalán -del que habrá que hablar-. Y que, si me permiten el posicionamiento, será capaz de generar soluciones ingeniosas para un cambio de modelo de crecimiento a largo plazo, compatible con el urgente pan para hoy aprobado en el primer consejo de ministros de esta legislatura.

Con todo, entiendo a Aguirre cuando ve a Rajoy y a los suyos empeñados en plagiar esa cuadratura social-demócrata. Hace falta una alternativa más personal y menos difuminada y la presidenta sí la ofrece. Bienvenida.
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