Pensamientos liberales auténticos (y X): de los fallos del Estado

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Digo bien. No hablo de los fallos del mercado, que ya sé que existen. Porque vamos a ser serios, el pensamiento económico ya tiene suficiente rodaje para que nos andemos con discusiones sin matices: ni los keynesianos actuales defienden el gasto público a discreción ni los colmillos de los clásicos son más afilados que los de otros. Y lo que yo pretendía con mi decálogo de principios liberales era simplemente dejar en evidencia algunas contradicciones de esta especie económica: defensores a ultranza de los horarios comerciales a la carta son pillados defendiendo sutiles incentivos -ellos nunca hablarán de subvenciones, aunque el dinero salga de la misma caja- a la compra de vivienda; auténticos parques temáticos del Capital -que no del mercado libre porque, en el fondo, viven de las barreras al comercio- sucumben ante el desnudo integral de la Banca. La cual vivía revestida de un finísimo pero nada transparente halo de Confianza.

Cuando ahora todo el mundo echa las culpas al mercado, yo sigo defendiendo que el espectáculo de la oferta y la demanda debe continuar. Asumo que el modelo económico que nos enseñan en las Facultades falla más que una escopeta de feria, de ahí que todos estemos de acuerdo en que el Estado medie para la provisión de servicios públicos y para garantizar el correcto funcionamiento del sector privado. Pero no se puede culpar a la teoría cuando la práctica se ha revolcado impunemente en situaciones de información, no ya incompleta o imperfecta, sino falsa. Y cada uno que se aplique el cuento: inversores que metían dinero en productos de alto riesgo vestidos de piel conservadora, compradores de vivienda que intercambiaban su alma con la promesa de que su precio nunca baja y la deuda nunca sube, incautos que se arrojaban en manos de reunificadoras despiadadas que se aprovechan del que no se lee los asteriscos, etc. Lo siento: lo advertí. Eso no era mercado.

Me vienen estupendamente dos perlas que acabo de leer en El Economista. La primera desde el Banco de España, por boca del subgobernador: "no necesitamos más, sino mejor Estado, y no menos, sino mejor mercado". Palabras que suscribo, emocionado, mientras miro con sospecha algunos puntos del nuevo Plan de Vivienda. La segunda afirmación, del señor presidente de los promotores y constructores: "estoy absolutamente convencido de que si hubiera dinero para comprar no habría que preocuparse por el precio". Vamos, que con este tipo para qué queremos más. Le remito al señor Galindo a un próximo posteo, en plan Barrio Sésamo, para explicarle conceptos básicos como burbuja crediticia, expectativas, sobreoferta y mis favoritos: desempleo coyuntural y estructural.

Pues lo dicho. Con la cosa pública no podemos jugar al laissez faire. Así que el Estado me va a tener un buen rato explicando sus correspondientes fallos, y lo malo es que estos sólo se ajustan cada cuatro años.
  1. #3
    Anonimo
    31/10/08 18:11

    De acuerdo en el fondo macro.

    Mi preocupación se basa en la constatación que en un mercado abierto, disponer de ayudas estatales para salvar a bancos es mas que preocupante. De que forma, el mercado expulsará a los menos buenos en beneficio de quien ha hecho bien su trabajo.

    Y lo peor, es que teniendo en cuenta que probablemente el mercado financiero español es uno de los mas fiables, la cuantificación del problema sigue siendo hoy una incógnita.

    Espero que en vez de ayudas a bancos se enfoquen nuevas ideas como una agencia publica de asignación de créditos, saltando la intermediación de las entidades bancarias. ( es un sueño ).

    saludos

  2. #2
    30/10/08 13:31

    Ante todo, bienvenido a la blogosfera, veo que te acabas de tirar a la piscina.

    Pues hombre, los que defendemos el mercado no es por ceguera, sino porque no deja de ser un buen sistema de asignación de recursos. Nadie discute la participación del Estado en la economía, bien para regular o bien para llegar a donde el mercado no quiere (por avaricia)o no puede (por ineficiencia). Pero los supuestos del modelo de competencia perfecta siguen vigentes como "hoja de ruta": al final, clásicos y keynesianos buscan la manera de corregir la falta de oferta, los problemas de información o las rigideces que dificultan los ajustes. Esto es un problema de personas que presionan para ganarse un beneficio extraordinario que no tendrían en un mercado que funcionase medianamente bien.
    En lo que estamos de acuerdo es que, si admitimos la participación del Estado en la economía -y esto es inevitable- el mercado no se autorregula.

    Saludos

  3. #1
    Anonimo
    30/10/08 12:44

    http://calzabicho.blogspot.com

    Muy interesante tu opinión.

    Pero creo que el libre mercado no existe, ni ha existido nunca. Es una teoría que permite a mucho inutil seguir dando clases en nuestras cada vez peores universidades.
    Creer que el mercado se autoregula es absurdo. Siempre hay intereses políticos que hace que una u otra opción prevalezca

    En fin .... un saludo

    http://calzabicho.blogspot.com

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