Aragón se queda sin fútbol profesional
Aragón se queda, por ahora, sin fútbol profesional tras el descenso a Primera RFEF de sus dos grandes equipos. No es solo una derrota deportiva, sino la consecuencia de años de mala gestión. Real Zaragoza y S.D. Huesca entran en una etapa incierta en la que la prioridad ya no es soñar, sino reconstruir.
Un golpe anunciado para el fútbol aragonés
El desenlace no sorprende. El descenso llevaba tiempo anunciado y solo la inercia de la esperanza aplazó la evidencia. En Zaragoza duele más porque el club sigue siendo memoria, identidad y vínculo colectivo asociado a recuerdos míticos y legendarios por los logros conseguidos a nivel nacional e internacional, haciendo sonar y visibilizando no solo a Zaragoza sino también a España, como otros grandes equipos españoles. Pero el fútbol también es negocio, y perder la categoría obliga a revisar un modelo agotado, sin garantías deportivas ni estabilidad institucional.
Viabilidad, reconstrucción y esperanza
El descenso castiga la viabilidad económica, aunque también hay algún alivio financiero, como la suspensión durante cinco años del convenio de acreedores, pero también obliga a ordenar prioridades. Aún hay margen para una reconstrucción más austera, seria y reconocible. La salida exige disciplina financiera, apuesta real por la cantera y un proyecto con identidad.
La Nueva Romareda como oportunidad de futuro
En ese escenario, La Nueva Romareda, de la que veo sus progresos ya que voy de paso por allí casi todos los días, deja de ser solo una obra. Debe convertirse en una palanca económica para el club y para la ciudad. Su valor dependerá de que genere ingresos más allá del fútbol mediante conciertos, grandes eventos y una actividad sostenida durante todo el año.
Pero esa oportunidad exige hacer bien las cosas. El Santiago Bernabéu lo demuestra: un estadio puede multiplicar ingresos y proyectar marca con grandes conciertos, pero también chocar con límites concretos si no resuelve antes su encaje urbano. Las reclamaciones vecinales que han condicionado parte de su explotación extradeportiva son un aviso nítido. La Nueva Romareda necesitará una planificación técnica solvente, especialmente en insonorización, movilidad y convivencia con el entorno. Si ese trabajo se hace bien, Zaragoza podrá aspirar a algo más que a estrenar estadio. Podrá atraer grandes eventos musicales y de diversos tipos, con una primera gran cita musical de alcance internacional, que podría ser un evento de la dimensión de la consagrada y muy laureada Taylor Swift, capaz de llenar hoteles, activar hostelería, comercio y transporte, y proseguir la tarea de situar a la ciudad en el circuito de los grandes espectáculos. Ahí se medirá de verdad el proyecto: no solo en el regreso del club al fútbol profesional, sino en la capacidad del estadio para convertirse en un motor económico y cultural con impacto real en la ciudad.
Luis Ferruz Agudo
Escritor, economista y naturalista