Una dosis de coherencia para nuestras inversiones

Con este post no trato otra cosa que la de que pongamos, a mi forma de entenderlo, coherencia a nuestras inversiones. Qué meditemos las decisiones antes de tomarlas y que tratemos de conocer aquello en lo que invertimos más allá de “compro porque sube” o “compro por que un amigo lo ha comprado y ha ganado dinero”. Al igual que con los medicamentos, muchas veces aceptamos “recetas” de los demás sin ni siquiera plantearnos si tenemos las mismas necesidades que ellos. Para gestionar nuestro patrimonio, y sé que no digo nada nuevo, lo primero es conocernos a nosotros mismos. Saber qué riesgo estamos dispuestos a asumir, y ante todo conocer aquello en lo que invertimos, para poder acostarnos por la noche y poder desconectar de nuestras inversiones.

Sobre la renta variable, muchos nos hemos aleccionado sobre como invertir en aquellas empresas que conocemos, en aquellas que no están caras en función de diferentes ratios/valoraciones y en las que tengan buenas políticas de gestión en cuanto a niveles de deuda, política de dividendos y un largo etcétera de criterios propios o adoptados de otros inversores que normalmente han mostrado cierto éxito en la gestión.

Esto está genial, pero con el resto de activos tenemos que ser igualmente selectivos y coherentes. Con esto quiero decir que tenemos que invertir en los productos que conozcamos o podamos llegar a conocer, cuyos activos subyacentes podamos entender y no querer abarcar más de lo que nuestras posibilidades nos permiten.

En renta fija, simplemente hago un llamamiento a la prudencia. Que la renta fija no es fija. Qué cuando compramos algo, se debe hacer un mínimo análisis de la curva de tipos de interés y la situación de solvencia del emisor. Las variaciones en la capacidad de generación de beneficios de las compañías y su nivel de endeudamiento hacen que las agencias de rating piensen en rebajas de la calificación crediticia y que los inversores en bonos tengan mayor incertidumbre sobre el pago de sus intereses, provocando caídas en el precio del bono que nos afectan si deseamos vender nuestra posición antes del vencimiento. Si esperamos vender nuestro bono antes del vencimiento debemos pensar si es posible que el emisor vaya a incrementar su nivel de deuda o si va a ver fuertes reducciones en su nivel de actividad. No obstante, y como ya he comentado alguna vez, considero que para un particular, es importante pensar que no vamos a necesitar el capital invertido hasta el vencimiento (por esta razón no me gustan las emisiones perpetuas que no se compran con un fuerte descuento). El vencimiento es, en cierto modo, el plazo de nuestra tranquilidad siempre y cuando no tengamos dudas de que el emisor pueda quebrar.

Del mismo modo, en cuanto mayor sea el tamaño de la emisión que deseamos comprar, más fácil será encontrar contrapartida si deseamos liquidar nuestras posiciones. Activos de renta fija con alto potencial de rentabilidad no son fácilmente liquidables, razón por la que no son aptos para un inversor que precie la preservación del capital.

Una cosa que me horroriza, creo que como a muchos, es la facilidad con la que se comercializan productos estructurados, subordinados, preferentes, garantizados, etc, etc, a cualquier tipo de cliente simplemente con la promesa de una rentabilidad ligeramente superior a la del depósito, y sin advertir de las desventajas de estos productos. Demos por sentado que “el chico de la sucursal” en muchos casos no va a saber explicarnos los pros y los contras de estos productos y vamos a ser nosotros los que vamos a tener que aleccionarnos para decidir finalmente si es, o no, una buena inversión. Al igual que no compraría acciones del Santander porque se lo dijera esta persona, no compre unas preferentes por esta razón. Y a ser posible, haga sus operaciones con un intermediario financiero especializado , que en muchas ocasiones le librará de los productos que se tienen que colocar por objetivos.

Tenemos que examinar perspectivas, probabilidades e historia para saber si un producto nos conviene, y pensar, que muchas veces los productos más sencillos (normalmente con menos comisiones) son los que mejor funcionan.

Planteémonos, porqué las preferentes se colocan entre particulares a un precio muy superior al que las compran los institucionales, por qué la mayor parte de estructurados se colocan a particulares, por qué los garantizados sólo se venden a particulares o por qué Santander vendía sus bonos convertibles a particulares. Cuando algún activo se coloque sólo entre inversores minoristas, por defecto, SOSPECHEN, y si después de entenderlo y estudiar su posible evolución todavía piensan que merece la pena, adelante. Normalmente, las entidades nos colocan lo que no pueden colocar a institucionales por qué la media hace menos preguntas y se dejan llevar por promesas de rentabilidad sin tener en cuenta la letra pequeña. A la más mínima duda, mejor evitarlo.

No me cabe ni la más mínima duda de que se pueden hacer grandes beneficios con determinados activos como pueden ser las acciones preferentes, pero lo primero que tenemos que pensar, es si, el perfil de ese tipo de activos se corresponde con nuestro perfil de riesgo y si somos capaces ya no de predecir, pero sí de entender su posible comportamiento sin llevarnos ni sorpresas ni decepciones.

De esta crisis, muchos hemos salido con un lema que es el de la vuelta a lo simple, el famoso “BACK TO BASICS”, activos puros, sin estructuras complejas que hace que se pierda el subyacente. Los productos estructurados sobre otros como los CDO’s, CLO’s, CDO’s de CDO’s, etc, etc (que agrupaban infinidad de veces un gran número de préstamos ocultando los verdaderos niveles de riesgo), han pasado, al menos por momento, a mejor vida, aunque no me atrevería a decir que no resurgirán en otro pico de ciclo. Por sistema, los inversores tenemos problemas de memoria cuando todo sube.

Centrémonos en la esencia de las cosas y hagámonos nuestro propio análisis, que si compro un RMBS (bono que agrupa-tituliza un conjunto de préstamos hipotecarios con unas determinadas características ya sea zona geográfica, % pendiente de pago, año de concesión de hipotecas…) español, sea por que creo que se esta sobrevalorando la posibilidad de impago de los préstamos hipotecarios españoles y no por que un fondo que invierte en este activo, simplemente, sube.

Comportamiento de un fondo de ABS’s (activos colateralizados por préstamos, leasings, hipotecas, tarjetas de crédito…). Este tipo de fondos se compraba del mismo modo que un fondo monetario.

Que si compro un activo vinculado al CMS10 – CMS2 (swap a 10 años-swap a 2 años), sea por que pienso que va a aumentar la pendiente de la curva de tipos o que si compro un estructurado vinculado a la rentabilidad de tres acciones/índices, conozca y entienda el grado en el que están correlacionadas estas acciones y si hay algún factor que pueda hacer que una de ellas se desmarque del resto haciendo que nunca se alcance la rentabilidad prometida (lo que normalmente suele ocurrir).

En cuanto a los fondos de inversión, y claro está, esto es una opinión particular como otra cualquiera, creo que en algunos casos se hace un tratamiento injusto de ellos.Los fondos de inversión son lo que son, y hay que ser inteligentes para saber beneficiarse de ellos y no pagar comisiones a quien no las merece. Hay que contratar los fondos de inversión que aportan valor añadido. Sinceramente, pagar un 1,5% de comisión ( o más) a un gestor que histórica y sistemáticamente ha superado a su Benchmark en mas de un 5% (con comisiones incluidas), para mi no es más que pagar por un buen servicio, al igual que pagamos por un médico, un asesor fiscal o un contable. Y si hay que reconocer algo, es que esta gente tiene más experiencia, más tiempo (es su trabajo), más información y más medios que nosotros. Eso sí, hay que saber elegir, Peter Lynch, Jean-Marie Eveillard, Francisco G. Paramés y Alvaro Guzmán, de entre otros, nos han demostrado que SI hay valor añadido en la gestión.

Aquí una vez más se impone el análisis propio: debemos entender los criterios que sigue el equipo gestor para tomar sus decisiones y si éstas han tenido éxito a lo largo de la historia del fondo (track record), el tiempo que lleva un gestor al frente del mismo (nos servirá para saber que parte de la rentabilidad viene explicada por la gestión de esta persona) y la rotación del personal (esta información se puede obtener fácilmente de las webs de las entidades gestoras), la vocación del fondo y su sesgo (por ejemplo, hay fondos con tendencia a invertir en small caps, fondos que tienen por sistema posiciones en oro, o fondos que siempre reservan un parte de su patrimonio para empresas vinculadas a emergentes) de entre otros. Para ello se puede escudriñar la información de las webs de las gestoras y consultar los análisis cualitativos públicos y gratuitos, realizados por Morningstar y S&P. Esto nos puede ayudar en estas tareas que “nos independizarán del chico de la sucursal” y nos darán mayor confianza sobre nuestras inversiones.

Del mismo modo, los fondos nos permiten beneficiarnos de la subida de otros activos que normalmente no podríamos comprar de una forma eficiente al no poder tener la diversificación de cartera que estos activos requieren (en algunos bonos el nominal es de 50.000 o 100.000€). Tal es el caso de los fondos de high yield, convertibles o renta fija de países emergentes.

Otras ventajas de los fondos son la diversificación y los menores costes de contratación (en España suelen ser 0 o casi 0). Así como la comodidad a la hora de realizar un plan de ahorro sistemático ya que permite hacer suscripciones sin incurrir en corretajes que aumentan considerablemente el precio de compra cuando el volumen es pequeño. Con todo esto, para mí, el fondo de inversión es, sin ningún tipo de duda, un instrumento útil que debemos saber aprovechar.

En resumen, lo único que pretendo transmitir es que pongamos un poco de coherencia a nuestras inversiones.

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