Acceder
Blog Sergio Valverde
Blog Sergio Valverde
Blog Sergio Valverde

Ahorrar sin estrategia también tiene un coste: la lección de Francia

Ahorrar suele considerarse una de las primeras reglas de unas finanzas personales saludables. Gastar menos de lo que ingresas, construir un colchón y evitar depender del crédito ante cualquier imprevisto son principios difíciles de discutir.Sin embargo, existe una segunda parte de la gestión...


Ahorrar suele considerarse una de las primeras reglas de unas finanzas personales saludables. Gastar menos de lo que ingresas, construir un colchón y evitar depender del crédito ante cualquier imprevisto son principios difíciles de discutir.

Sin embargo, existe una segunda parte de la gestión financiera que recibe mucha menos atención: qué hacemos con el dinero una vez que ya lo hemos ahorrado.

Francia acaba de proporcionar un ejemplo especialmente interesante.

J.P. Morgan Asset Management ha calculado que los hogares franceses podrían haber soportado un coste de oportunidad de aproximadamente 394.000 millones de euros durante los últimos seis años por mantener una cantidad elevada de ahorro en cuentas, libretas y otros instrumentos similares de baja rentabilidad.

La cifra es suficientemente grande como para llamar la atención, pero también exige entender qué significa realmente.

De dónde salen los 394.000 millones de euros


Según el análisis de J.P. Morgan Asset Management, desde comienzos de 2020 los hogares franceses destinaron aproximadamente 475.000 millones de euros adicionales a cuentas de ahorro, libretas y productos equivalentes.

El estudio calcula que, si esos flujos se hubieran invertido en renta variable mundial, utilizando como referencia el MSCI All Country World, su valor habría alcanzado aproximadamente los 921.000 millones de euros a finales de 2025.

Como comparación utiliza también el Livret A, una libreta de ahorro regulada y enormemente popular entre los hogares franceses. Con esa referencia, los 475.000 millones habrían alcanzado aproximadamente los 527.000 millones.

La diferencia entre ambas cantidades es de unos 394.000 millones de euros.

Fuente: J.P. Morgan Asset Management, “De l’épargnant à l’investisseur: une opportunité pour la France”, septiembre de 2026.

Ahora bien, este dato no significa que las familias francesas hayan perdido literalmente 394.000 millones de euros.

Se trata de una comparación retrospectiva y, además, realizada sobre un periodo favorable para la renta variable mundial. Sabemos hoy cuál fue la evolución de los mercados entre 2020 y 2025, pero ningún ahorrador conocía ese resultado de antemano.

La rentabilidad pasada tampoco garantiza la rentabilidad futura.

Por eso, la conclusión útil no es que todos aquellos ahorradores deberían haber invertido su dinero en Bolsa.

La reflexión es otra: mantener durante muchos años más dinero del necesario en productos de escasa rentabilidad también puede tener un coste.

¿Y qué ocurre en España?


Nuestro país presenta sus propias características, pero el debate también tiene sentido aquí.

Según las Cuentas Financieras de la Economía Española del Banco de España, al cierre de 2025 el 33,4% de los activos financieros de los hogares españoles permanecía en efectivo y depósitos.

Es el porcentaje más bajo de los últimos treinta años, por lo que la composición del patrimonio financiero de los hogares está cambiando. Aun así, seguimos hablando de aproximadamente uno de cada tres euros de sus activos financieros.

Fuente: Banco de España, Cuentas Financieras de la Economía Española, datos correspondientes al cierre de 2025.

Esto no permite afirmar que ese dinero esté mal colocado.

Una cuenta corriente puede ser exactamente el lugar donde debe estar determinada parte de nuestro patrimonio.

Lo importante es saber por qué está ahí.

Porque no debería recibir el mismo tratamiento el dinero que necesitas dentro de tres meses que el destinado a complementar tu jubilación dentro de veinte años.

El error no es ahorrar: es no asignar una función al ahorro


Imagina una persona que comienza a reservar 500 euros todos los meses.

Durante los primeros años tiene una prioridad muy clara: construir un colchón financiero.

Alcanza 10.000 euros y continúa ahorrando.

Después llega a 20.000, 40.000, 60.000 o 100.000 euros.

Lo que puede ocurrir es que el patrimonio haya cambiado radicalmente pero la estrategia siga siendo exactamente la misma.

Todo continúa acumulándose en el mismo lugar.

Una decisión que inicialmente tenía una finalidad concreta —obtener seguridad financiera— se convierte con el tiempo en una costumbre.

Y ahí aparece una diferencia fundamental entre ahorrar y planificar.

Ahorrar consiste en reservar una parte de nuestros ingresos.

Planificar exige decidir qué queremos hacer con ese capital.

Cuatro funciones diferentes para nuestro dinero


Antes de plantearnos qué producto contratar, podemos organizar nuestro patrimonio financiero según cuatro necesidades.

Una parte debe proporcionar liquidez, porque necesitamos dinero disponible para nuestros gastos habituales y compromisos próximos.

Otra debe aportarnos seguridad, formando un colchón suficientemente amplio para afrontar imprevistos sin recurrir al endeudamiento o tener que vender inversiones.

Después encontramos el dinero destinado a objetivos concretos: una vivienda, los estudios de los hijos, un cambio profesional, una futura compra o cualquier proyecto que tenga una fecha aproximada.

Finalmente estaría el patrimonio de largo plazo, formado por el capital que previsiblemente no vamos a necesitar durante muchos años y que puede destinarse a objetivos como la jubilación, la generación futura de rentas o la construcción patrimonial.

Esta clasificación resulta mucho más importante de lo que parece porque el plazo cambia completamente la relación entre riesgo y rentabilidad.

Veámoslo con números.

Qué hacer con 100.000 euros: antes de invertir, separar objetivos


Imaginemos que una familia dispone de 100.000 euros ahorrados.

En lugar de preguntarse inmediatamente dónde invertirlos, analiza primero sus necesidades.

Podría concluir, por ejemplo, que necesita:

  1. 10.000 euros de liquidez para gastos próximos y necesidades inmediatas.
  2. 20.000 euros como fondo de seguridad ante imprevistos o una posible reducción temporal de sus ingresos.
  3. 25.000 euros para completar la entrada de una vivienda dentro de tres años.
  4. Y quedan 45.000 euros que previsiblemente no necesitará durante los próximos quince o veinte años.

El patrimonio sigue siendo exactamente el mismo: 100.000 euros.

Pero ahora conocemos algo mucho más importante que su importe.

Sabemos para qué sirve cada parte.

  • Los primeros 10.000 euros deben priorizar disponibilidad.
  • Los siguientes 20.000 necesitan estabilidad y acceso rápido.
  • Los 25.000 euros destinados a una vivienda tienen un horizonte relativamente corto y una finalidad concreta.
  • Los últimos 45.000 euros pueden disponer de quince o veinte años para cumplir su objetivo.

Pretender que los cuatro bloques estén gestionados exactamente de la misma manera sería ignorar sus diferentes necesidades.

Por eso, una de las preguntas menos útiles al comenzar una planificación financiera puede ser:

“Tengo 100.000 euros. ¿Dónde los invierto?”

Antes necesitamos responder otra:

“¿Qué necesito que haga cada parte de esos 100.000 euros?”

El riesgo que vemos y el riesgo que no vemos


Cuando pensamos en riesgo financiero solemos imaginar pérdidas.

Si invertimos 50.000 euros y nuestra cartera cae un 15%, vemos inmediatamente una reducción de 7.500 euros.

Ese riesgo es evidente porque aparece delante de nosotros en una pantalla.

Pero existen otros riesgos mucho menos visibles.

Uno de ellos es la inflación.

Supongamos, únicamente para entender el efecto, que mantuviéramos 50.000 euros sin obtener rentabilidad durante quince años y que los precios aumentaran una media del 2% anual.

Al finalizar ese periodo seguiríamos viendo 50.000 euros en nuestra cuenta.

Sin embargo, su poder adquisitivo equivaldría aproximadamente a 37.150 euros de hoy.

No habríamos perdido dinero nominalmente.

Habríamos perdido aproximadamente una cuarta parte de nuestra capacidad de compra.

Por supuesto, en la práctica podemos obtener rentabilidad mediante cuentas remuneradas, depósitos u otros instrumentos. El resultado real dependerá de la diferencia entre la rentabilidad obtenida, la inflación, los impuestos y los costes.

La cuestión es comprender que no ver una caída en el saldo no significa que no exista riesgo.

También podemos enfrentarnos al riesgo de no obtener la rentabilidad necesaria para cumplir un objetivo futuro.

Para alguien que necesita comprar una vivienda dentro de dos años, sufrir una fuerte caída justo antes de la compra puede ser un problema enorme.

Para alguien que está construyendo patrimonio para su jubilación dentro de veinticinco años, quizá el riesgo sea diferente: mantener durante décadas una asignación demasiado conservadora y descubrir demasiado tarde que no ha acumulado suficiente capital.

Por eso el riesgo financiero nunca debería analizarse aisladamente.

Tiene que relacionarse con el objetivo y el plazo.

Tener mucha liquidez también es una decisión financiera


Existe una percepción bastante extendida según la cual mantener grandes cantidades de dinero en efectivo equivale a no tomar ninguna decisión.

Pero dejar 100.000 euros durante años en una cuenta es una decisión tan real como invertirlos.

Tiene ventajas.

  • Liquidez.
  • Estabilidad nominal.
  • Disponibilidad inmediata.

Y también tiene inconvenientes.

  • Inflación.
  • Fiscalidad sobre los intereses obtenidos.
  • Posible pérdida de poder adquisitivo.
  • Y coste de oportunidad cuando estamos hablando de capital destinado realmente al largo plazo.

Nada de esto significa que debamos perseguir permanentemente mayor rentabilidad.

Significa que cada euro debería asumir únicamente el riesgo necesario para cumplir su función.

El producto financiero debería llegar al final, no al principio


Muchas conversaciones sobre inversión empiezan hablando de productos.

“He visto un depósito al 3%.”

“¿Debería invertir ahora en Bolsa?”

“¿Es mejor un ETF o un fondo?”

“¿Tiene sentido comprar oro?”

“¿Renta fija o renta variable?”

Son preguntas perfectamente razonables.

Pero ninguna puede responderse correctamente sin conocer primero qué pretende conseguir la persona con ese dinero.

El producto es una herramienta.

El objetivo debería determinar qué herramienta necesitamos.

Horizonte temporal, liquidez, capacidad para asumir pérdidas, fiscalidad, diversificación y rentabilidad necesaria forman parte del análisis antes de seleccionar una inversión concreta.

De lo contrario podemos terminar construyendo una colección de productos financieros sin haber construido realmente una estrategia.

Cuatro preguntas antes de mover tus ahorros


Antes de buscar qué producto ofrece mayor rentabilidad, merece la pena responder a cuatro cuestiones:

  1. ¿Cuánto dinero necesito tener disponible durante los próximos meses?
  2. ¿Qué colchón necesito para afrontar un imprevisto importante sin alterar mis finanzas?
  3. ¿Qué objetivos voy a financiar durante los próximos años y cuándo necesitaré ese dinero?
  4. ¿Qué parte de mi patrimonio puedo mantener durante diez, quince o veinte años sin necesidad de recuperarla?

Responderlas no nos dice todavía qué fondo comprar ni qué rentabilidad vamos a obtener.

Nos proporciona algo previo: un mapa de nuestro dinero.

Después podremos decidir qué instrumentos son adecuados para cada parte.

Ahorrar es el principio, no el final


Los 394.000 millones calculados por J.P. Morgan para Francia son una estimación retrospectiva y no deberían interpretarse como una demostración de que mantener liquidez es incorrecto.

Su utilidad está en recordarnos algo más sencillo.

Una buena gestión financiera no termina cuando conseguimos ahorrar.

En ese momento comienza otra decisión: qué queremos que haga ese ahorro por nosotros.

Una parte deberá protegernos.

Otra financiará nuestros objetivos próximos.

Y otra quizá tenga veinte años por delante para construir nuestro patrimonio futuro.

Antes de preguntarte dónde invertir tu dinero, por tanto, quizá exista una pregunta mucho más importante:

¿Para qué estás ahorrando cada euro?


Fuentes:
J.P. Morgan Asset Management, De l’épargnant à l’investisseur: une opportunité pour la France, publicado el 11 de septiembre de 2026. Banco de España, Cuentas Financieras de la Economía Española, datos correspondientes al cuarto trimestre y cierre de 2025.

Aviso: Este artículo tiene carácter informativo y no constituye asesoramiento financiero personalizado.


¿Te ha gustado mi artículo?
Si quieres saber más y estar al día de mis reflexiones, suscríbete a mi blog y sé el primero en recibir las nuevas publicaciones en tu correo electrónico
Lecturas relacionadas
Accede a Rankia
¡Sé el primero en comentar!

Te puede interesar...
  1. ¿Estar en liquidez o invertir? Consejos con dilema y sutilezas.
  2. Análisis semanal: Elecciones en EEUU y Cinderella Man
  3. Hablando de la aparición del futuro sobre el agua de California
  4. Trump luchando, Biden esperando, el CEO de Pfizer haciéndose millonario... vaya mercado
  5. ¿Los Bancos Centrales han acabado con las crisis mundiales?
  1. Adidas, empresa de valor. Visión siempre de largo plazo.
  2. Como elegir un par en FOREX u otro mercado cuando empiezas en el trading
  3. GOODBYE… Reacción de los mercados al BREXIT
  4. Caida del paro, ¿cómo beneficia a las bolsas?
  5. Crear una cartera de swing para comenzar el camino