Hablamos de vacas gordas y vacas flacas casi sin pensarlo, pero la expresión viene de un sueño. En el Génesis, el faraón ve siete vacas hermosas salir del Nilo y, detrás de ellas, siete vacas flacas que se las comen. José lo interpreta como siete años de abundancia seguidos de siete de hambre. Su consejo fue guardar la quinta parte de cada cosecha de los años buenos.
Este octubre, el Fondo Monetario Internacional le dio a nuestra región un consejo sorprendentemente parecido.
Los vientos a favor
El informe regional del FMI para el hemisferio occidental se titula Turning Tailwinds into Lasting Gains: convertir los vientos a favor en ganancias duraderas. Y los vientos existen. Pese a los aranceles, la guerra en Medio Oriente y la incertidumbre, América Latina y el Caribe creció 2,5 % en 2025, y el Fondo proyecta 2,3 % para 2026. Nos han empujado la demanda de Estados Unidos, los buenos precios de lo que exportamos, como el cobre, el oro, la soya y el petróleo, unas condiciones financieras favorables, el turismo y las remesas.
Pero el informe no se queda en la celebración. Dice que estas condiciones deben verse como una ventana de oportunidad y no como una fuente de crecimiento permanente. Y añade que los vientos a favor no resuelven los problemas de fondo: la deuda pública alta y la baja productividad.
Su recomendación a los países exportadores de materias primas es directa: tratar los ingresos extra por precios altos como temporales y, por lo tanto, ahorrar una parte importante. Más aún donde la deuda ya es alta y las reservas son bajas. José, con otras palabras.
Las vacas flacas no se anuncian, pero igual llegan
Lo que hicimos la última vez
Lo más valioso del informe es que mira hacia atrás. Durante el auge de materias primas de 2005 a 2012, buena parte de la bonanza se fue al consumo. Las monedas se apreciaron, lo importado se abarató, los gobiernos gastaron al ritmo de la abundancia y el dinero extraordinario alimentó la demanda interna en lugar de impulsar un crecimiento más duradero. Cuando los precios cayeron después de 2012, las exportaciones y la inversión extranjera cayeron con ellos en buena parte de la región.
Según el mismo informe, esta vez algo aprendimos: entre 2023 y 2026 las exportaciones crecieron, en general, más rápido que el consumo, y las cuentas públicas se mantuvieron más contenidas. Pero la deuda pública sigue subiendo en muchos países, y el ajuste fiscal ha sido menor de lo previsto y, en muchos casos, se detuvo este año. El FMI advierte que eso reduce el margen para reaccionar si el panorama se complica. Y los riesgos que enumera pesan hacia abajo: energía cara por más tiempo, tasas más altas en Estados Unidos, un El Niño históricamente fuerte (el calentamiento del Pacífico que, según el FMI, puede dañar cosechas e infraestructura y empujar la inflación, ya que trae sequías e inundaciones y encarece los alimentos y la luz).
Las vacas flacas del faraón también eran, en el fondo, un problema de clima: las cosechas de Egipto dependían de las crecidas del Nilo.
Ahora, a la casa
Leído despacio, el informe es un espejo incómodo. Lo que el FMI le pide a un país, o a toda una región, es exactamente lo que nos cuesta hacer en una casa.
¿Qué pasó con el último bono, el último aumento, el mes en que entró más de lo esperado? ¿Lo tratamos como un viento a favor que puede cambiar de dirección, o como el nuevo nivel normal de vida? ¿Cuánto de ese dinero extra se fue en consumo que hoy ya ni recordamos, y cuánto quedó construyendo algo?
El paraguas se prepara con sol. Con el dinero pasa lo mismo.
El FMI propone a los países fondos de estabilización y reglas fiscales que les ayuden a guardar lo de los años buenos y a no gastar al ritmo de la abundancia. En una casa, ese fondo de estabilización tiene un nombre más modesto: el fondo de emergencia. Y su insistencia en bajar la deuda mientras las condiciones son favorables también tiene su versión doméstica: ¿usamos los meses buenos para reducir lo que debemos en la tarjeta, o para hacerle espacio a más consumo?
Yo lo viví en carne propia: durante un tiempo ganaba relativamente buen dinero. ¿Qué te imaginas que hice con ese dinero? Como siempre, el primer impulso es aumentar el coste del nivel de vida. Eso es exactamente lo que hice, elevar los gastos. Comprar comida más costosa, ropa, gusticos. Permitirme eso que antes no podía. No lo cuestiono. Lo que sí (me) cuestiono es no haber guardado una parte de aquel ingreso.
Nos cuesta, y nos cuesta a todos. Los meses buenos invitan a relajarse, no a prepararse. En eso los gobiernos y nosotros nos parecemos más de lo que nos gustaría admitir. Por eso no basta con saberlo, hace falta una regla, un plan. Y a veces, alguien de fuera que ayude a sostenerlo cuando la abundancia tienta.
La que te propongo es el fondo de emergencia. En los meses buenos, la regla es duplicarlo o triplicarlo. En lugar de tres meses de gastos, seis o nueve. La versión moderna de la quinta parte de las vacas gordas.
José tenía una ventaja que nadie más tiene: un sueño que le anunciaba siete años de cada cosa. El FMI no tiene ese sueño, y nosotros tampoco. Nadie sabe cuánto durarán los meses buenos. Lo único que podemos decidir es qué hacemos con ellos mientras están aquí.
¿Tu casa está aprovechando los meses de abundancia?