Acceder
Imagina que cobras tu salario y, antes de que termine el mes, ya sabes exactamente en qué se va a convertir: la cuota del coche, la tarjeta, la “escapadita”, el teléfono nuevo, la cena en el lugar de moda. Nada de eso, por separado, parece una catástrofe. 

El problema aparece cuando el dinero que podría construir el futuro termina financiando casi exclusivamente el presente. Una y otra vez, me pregunto ¿por qué a tantas personas que tienen ingresos suficientes para vivir bien les cuesta tanto construir patrimonio? La respuesta fácil sería decir que nos falta disciplina.

Sí y no.

En economía conductual existe un concepto llamado present bias: la tendencia a dar un peso desproporcionadamente alto a las recompensas que podemos obtener ahora frente a aquellas que llegarán más adelante. En un estudio publicado en Financial Planning Review, Jing Jian Xiao y Nilton Porto analizaron la relación entre este sesgo y distintos comportamientos financieros. 

En su muestra, las personas con mayor sesgo hacia el presente mostraban patrones compatibles con una mayor propensión a gastar en el presente y una menor propensión a ahorrar para el futuro. Es decir, encontraron una relación entre este sesgo y comportamientos como gastar más, ahorrar menos o recurrir más al endeudamiento. 

Hasta aquí, podríamos concluir que el corto plazo es nuestro enemigo por tanto, cuanto ataca directamente la posibilidad de cuidar del yo del futuro en aras del goze del yo de hoy. 

Sin embargo, ¿y si nuestra inclinación hacia el corto plazo no fuera completamente absurda? 

El futuro tiene una característica que el presente no tiene: es incierto. 

No sabemos exactamente cuánto ganaremos dentro de diez años. Ni qué oportunidades tendremos. Ni qué necesidades aparecerán. Ni siquiera sabemos si nuestras preferencias serán las mismas. 

De hecho, investigaciones sobre decisiones intertemporales han encontrado que una parte de nuestra tendencia a valorar menos las recompensas futuras puede estar relacionada con lo difícil que resulta representar mentalmente ese futuro. Gershman y Bhui, en Nature Communications, proponen que el descuento temporal puede surgir, entre otros mecanismos, de la incertidumbre presente al representar el valor de acontecimientos futuros. Tiene sentido. Si tienes algo delante de ti, sabes que existe. 

Lo que recibirás dentro de veinte años es una promesa mucho más abstracta. Por eso no me parece tan correcto que convirtamos el corto plazo en el villano de nuestra vida financiera. Hay un problema, cierto. Y es sacrificar sistemáticamente el futuro para poder vivir un presente que, muchas veces, ni siquiera estamos disfrutando demasiado. 

 
El problema no suele ser un gasto, sino que no quede espacio para cubrir el consumo de mañana.


Piénsalo. Comprar algo que realmente valoras puede darte bienestar hoy. Salir a cenar con tus hijos puede ser exactamente el uso correcto de tu dinero. Viajar puede ser una experiencia extraordinaria. Incluso gastar dinero en comodidad puede tener sentido. 

El problema aparece cuando una parte importante de nuestro patrimonio está representada por cosas que pierden valor mientras la deuda que las financia sigue generando intereses. Cuando cada deseo necesita financiación. Cuando cada aumento de ingresos se transforma automáticamente en un aumento del nivel de consumo. 

He ahí la trampa que describe aquel post de Quora que me hizo pensar en todo esto: la clase media puede ahorrar, pero muchas veces construye una estructura financiera en la que casi todo su dinero ya tiene dueño antes de que llegue el próximo salario. 

Entonces pasa que el corto plazo, que originalmente debía servir para disfrutar la vida, termina robándonos libertad. Porque si todo tu ingreso futuro ya está comprometido, tu margen de maniobra disminuye. Y cuando aparece un imprevisto, no sólo te preguntas cuánto cuesta. Sino de dónde diablos va a salir. 

Por eso, creo que el meollo está en dejar de luchar contra el corto plazo, y en lugar de eso tratar de respondernos ¿cómo puedo hacer que mi yo de hoy y mi yo del futuro dejen de competir? 

Creo que ahí es donde la fuerza de los hábitos le gana con creces a la fuerza de voluntad.

La fuerza de voluntad decide una vez. Un buen hábito sigue funcionando cuando tú estás ocupado.


La economía conductual lleva décadas estudiando precisamente estas dificultades: sabemos que las personas pueden tomar decisiones distintas cuando una recompensa es inmediata que cuando las mismas consecuencias se trasladan al futuro. También se han estudiado mecanismos de compromiso diseñados para ayudarnos a actuar de acuerdo con nuestros propios objetivos de largo plazo. 

Un ejemplo clásico es Save More Tomorrow, de Richard Thaler y Shlomo Benartzi. La idea era la madre de simple: en lugar de pedirle a una persona que renunciara inmediatamente a una parte de su salario, se le proponía comprometer una parte de futuros aumentos salariales para incrementar su ahorro. En la primera implementación, la tasa media de ahorro de los participantes pasó del 3,5 % al 13,6 % durante 40 meses. 

No necesitas convertirte en una persona completamente distinta para construir patrimonio. Puedes diseñar un sistema que haga más fácil que tu comportamiento de hoy proteja tus objetivos de mañana. Eso cambia completamente la conversación. 

Un sistema puede ser:
  • separar automáticamente una cantidad destinada al ahorro antes de empezar a gastar,
  • establecer un fondo para imprevistos,
  • decidir de antemano qué parte de un aumento de ingresos tendrá como destino construir patrimonio. 
Puede ser, simplemente, dejar de confiar en que al final del mes “veremos cuánto queda”. 

La idea fundamental es que si tu futuro financiero depende de que cada mes seas perfectamente disciplinado, estás dejando demasiado en manos de la improvisación. 

Ya no se trata de castigarte cada vez que compras algo que quieres, sino de conseguir que una parte de tu dinero tenga una, SU misión diferente antes de que llegue el momento de gastarlo. 

Una parte para vivir. 

Una parte para protegerte. 

Una parte para construir. 

Y, sobre todo, hacerlo de manera suficientemente consistente como para que el largo plazo deje de ser una idea bonita y se convierta en algo que estás construyendo mientras sigues viviendo tu vida. 

Porque el corto plazo no tiene que ser el malo de la película. Tal vez podamos convertirlo, a consciencia, en el lugar desde el que empezamos a construir el largo plazo. 

Estoy convencida de que la verdadera libertad financiera se forja consiguiendo que una parte del dinero que ganamos hoy apoye a la persona que seremos el día de mañana.
2
¿Te ha gustado mi artículo?
Si quieres saber más y estar al día de mis reflexiones, suscríbete a mi blog y sé el primero en recibir las nuevas publicaciones en tu correo electrónico
Lecturas relacionadas
Del trigo a los fertilizantes: ¿cómo se invierte realmente en agricultura?
Del trigo a los fertilizantes: ¿cómo se invierte realmente en agricultura?
Disney demuestra por qué vender más no siempre significa ganar más
Disney demuestra por qué vender más no siempre significa ganar más
El millón y medio que ganaste y nunca llegaste a ver: la escalofriante matemática de una vida laboral
El millón y medio que ganaste y nunca llegaste a ver: la escalofriante matemática de una vida laboral
  1. en respuesta a Pedro Becerro
    -
    #2
    27/08/26 22:58
    @pedro-becerro, qué interesante conexión! Me parece especialmente importante la cautela que señalas al no enlazar estudios que no encontraste.

    La primera idea encaja muy bien con el tema del artículo: cuando el futuro se percibe como más incierto, puede resultar psicológicamente más difícil renunciar a algo presente por un beneficio futuro. Eso no significa que la inflación necesariamente produzca más consumo en todos los casos, pero sí plantea una relación muy interesante entre incertidumbre, horizonte temporal y comportamiento financiero.

    La segunda hipótesis me parece todavía más provocadora. Ahí sí sería especialmente cuidadosa antes de establecer una relación causal: habría que distinguir entre correlación, mecanismos psicológicos plausibles y evidencia empírica.

    De hecho, me has dejado con curiosidad. Si encuentro evidencia académica sólida sobre alguna de las dos relaciones, te la comparto por aquí.

    Cálidos saludos!
  2. #1
    27/08/26 08:03
    Buen artículo, me ha recordado dos ideas que leí/escuché hace un tiempo:
    1) Cuando hay alta inflación, suele generar mayor consumo a corto plazo, reduciendo la planificación financiera y el acumular para el futuro.
    2) Más drástico aún, la alta inflación suele provocar mayor consumo de drogas como consecuencia de la incertidumbre mayor en el futuro.

    He intentado encontrar referencias en una búsqueda rápida y sólo he visto artículos, no estudios como tal, con lo que no enlazo nada.