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El año que cambió las reglas del juego: cómo 2025 redefinió el patrimonio de los latinoamericanos

Mientras tú dormías, el mundo financiero se transformó. Te invito a ver la historia de un año que exigió reescribir-repensar todo lo que creías saber sobre proteger tu dinero.

 

El despertador que nadie pidió


Imagina que una mañana de abril despiertas, revisas tu celular y descubres que tus inversiones en Estados Unidos perdieron el equivalente a dos años de ahorros. En 48 horas. Sin previo aviso.

Eso le ocurrió a millones de personas el 3 de abril del 2025.

Y sin embargo, quienes entendieron lo que realmente estaba pasando, no lo que decían los titulares, terminaron el año con rendimientos que no habían visto en una década.

Esta no es una historia sobre predicciones ni sobre "el próximo gran movimiento". Es la crónica de un año que demostró, con datos irrefutables, que la diferencia entre construir patrimonio y destruirlo no está en tener información privilegiada. Está en entender cómo las decisiones que se toman a miles de kilómetros de tu casa terminan impactando el precio de lo que compras, el valor de lo que ahorras y las oportunidades que tienes (o dejas pasar) para tu familia.

Porque 2025 fue el año en que el mundo les recordó a los latinoamericanos una verdad incómoda: tu salario en pesos, reales o soles está conectado con decisiones que se toman en Washington, con el precio del oro en Londres y con las tensiones comerciales entre potencias que probablemente nunca visitarás.

Vamos a recorrer ese año juntos. No para asustarte, sino para que la próxima vez que el mundo financiero tiemble, sepas exactamente qué está pasando con tu dinero.


Enero-marzo: La calma que precedió a la tormenta


El año comenzó con una sensación engañosa de estabilidad. La Reserva Federal de Estados Unidos mantenía las tasas de interés en el rango de 4.25%-4.50%, un nivel que llevaba meses sin moverse. Los mercados bursátiles estadounidenses seguían su marcha alcista. El S&P 500 acumulaba ganancias modestas pero consistentes.

Para un profesional latinoamericano con ahorros en dólares o inversiones en fondos que replican índices estadounidenses, el mensaje parecía claro: mantener el rumbo estaba funcionando.

Pero bajo la superficie se gestaba algo diferente.

Donald Trump había regresado a la Casa Blanca en enero con una agenda económica que prometía ser disruptiva. Hablaba de "reciprocidad" comercial, de corregir lo que llamaba décadas de abuso por parte de socios comerciales. Los analistas debatían si cumpliría sus amenazas o si eran solo retórica electoral.

Mientras tanto, en América Latina, los bancos centrales enfrentaban sus propios dilemas. Brasil continuaba subiendo la tasa Selic, que cerraría el año en 15% (su nivel más alto desde 2006) para contener una inflación que se resistía a ceder. México observaba con cautela las señales desde Washington, consciente de que su economía dependía más que nunca del comercio con su vecino del norte. Argentina continuaba su experimento de ajuste radical bajo Javier Milei, con resultados que dividían opiniones.

El oro cotizaba alrededor de $2,600 por onza. Bitcoin rondaba los $94,000, consolidando las ganancias del año anterior. Las monedas latinoamericanas se mantenían relativamente estables frente al dólar.

Nadie sabía que faltaban semanas para que todo cambiara.


2 de abril: el día que los mercados entraron en pánico


Lo llamaron "Liberation Day". El nombre, escogido por la propia administración Trump, prometía liberar a Estados Unidos de lo que describían como décadas de comercio injusto. Lo que liberó, en realidad, fue una de las mayores olas de volatilidad financiera desde la pandemia.

Ese miércoles, Trump declaró emergencia nacional por el déficit comercial estadounidense e impuso aranceles que cambiaron las reglas del comercio global de la noche a la mañana. Un arancel base del 10% para casi todos los países. Tasas específicas que llegaban al 145% para productos chinos. México y Canadá quedaron exentos de esta ronda, aunque ya enfrentaban aranceles del 25% impuestos semanas antes por razones de seguridad fronteriza. Brasil recibió el 10% base, aunque meses después, en julio, Trump elevaría esa tasa al 50% por motivos políticos.

La tasa arancelaria promedio de Estados Unidos saltó del 2.5% al 27%, el nivel más alto en más de un siglo.

La reacción de los mercados fue inmediata y extraordinaria.

Entre el 3 y el 4 de abril (en apenas dos días), el S&P 500 perdió el 10.5% de su valor, la quinta peor caída de dos días desde 1950. El Dow Jones cayó 4,000 puntos. Se evaporaron 6.6 billones de dólares en capitalización bursátil, siendo la mayor pérdida de dos días en la historia de Wall Street.

El índice VIX, conocido como el "indicador del miedo", alcanzó 52.33 puntos. Para poner eso en perspectiva: cualquier lectura por encima de 30 se considera pánico. Por encima de 50, terror.

Ahora bien, ¿qué significaba esto para alguien en Ciudad de México, São Paulo o Buenos Aires?

Si tenías inversiones en fondos que replican índices estadounidenses, algo cada vez más común entre profesionales latinoamericanos con cuentas de corretaje internacional, viste cómo el trabajo de meses se desvanecía en horas. Si tenías ahorros en dólares, el valor de esos dólares frente a tu moneda local empezó a fluctuar de formas impredecibles.

Pero esta es la primera lección crucial del año: lo que hiciste en ese momento determinó si 2025 sería un año de pérdidas o de ganancias extraordinarias.


Para finales de año, quien vendió en pánico el 7 de abril cristalizó pérdidas del 10-15%


La anatomía de una recuperación histórica


El 9 de abril, una semana después del colapso inicial, Trump anunció una pausa de 90 días en los aranceles recíprocos para la mayoría de los países. Exceptuando notablemente a China.

Lo que siguió fue el tercer mayor rally de un solo día desde la Segunda Guerra Mundial. El S&P 500 subió 9.5% en una sola sesión.

Para finales de año, quien vendió en pánico el 7 de abril cristalizó pérdidas del 10-15%. Quien mantuvo sus posiciones, o mejor aún, quien aprovechó las caídas para comprar, vio cómo el S&P 500 terminaba 2025 con un rendimiento total del 17.5%. El Nasdaq superó el 20%.

Esta no es una invitación a ignorar las caídas del mercado ni a comprar ciegamente durante el pánico. Es, más bien, la constatación de un patrón que se ha repetido en cada crisis de las últimas décadas: los mercados caen rápido y se recuperan lento, pero históricamente se recuperan.

El problema es que nadie te avisa cuándo exactamente comenzará la recuperación. Por eso la estrategia de "esperar a que pase lo peor" suele resultar más costosa que simplemente mantenerse invertido con un horizonte de largo plazo.


La Fed cambia de rumbo: qué significa cuando bajan las tasas


Mientras los mercados procesaban el shock arancelario, la Reserva Federal enfrentaba su propio dilema. La economía estadounidense mostraba señales mixtas: el mercado laboral seguía fuerte, pero la inflación persistía por encima del objetivo del 2%.

Durante los primeros ocho meses del año, Jerome Powell y el comité de política monetaria mantuvieron las tasas sin cambios. La palabra que más repetían era "paciencia".

El giro llegó en septiembre. El 18 de ese mes, la Fed recortó las tasas por primera vez en el ciclo, 25 puntos base. En noviembre, otro recorte de 25 puntos. En diciembre, uno más. Para cerrar el año, la tasa de fondos federales había bajado al rango de 3.50%-3.75%.

¿Por qué debería importarte esto si vives en Latinoamérica?

Porque las tasas de interés estadounidenses funcionan como la gravedad para el capital global. Cuando suben, el dinero fluye hacia Estados Unidos buscando rendimientos seguros. Cuando bajan, ese dinero busca oportunidades en otros lugares, incluyendo mercados emergentes como los latinoamericanos.

El efecto fue visible en los números. El dólar se debilitó significativamente: el índice DXY cayó más del 10% en el primer semestre, su peor desempeño en más de 50 años. Ese dólar más débil significó que las monedas latinoamericanas se fortalecieran.

El peso mexicano se apreció cerca del 14% frente al dólar. El real brasileño ganó 12-14%. El peso colombiano subió 17%. Para alguien que tenía deudas en dólares, esto fue un alivio inesperado. Para alguien que había acumulado dólares esperando que siguieran subiendo, fue una lección sobre los riesgos de apostar todo a una sola moneda.

Según datos de la CEPAL, los flujos de capital hacia América Latina alcanzaron niveles récord en 2025. Las emisiones de bonos internacionales de la región sumaron $161 mil millones en los primeros nueve meses, un 32% más que todo lo emitido en 2024.

El dinero, como el agua, busca su nivel. Y en 2025, encontró razones para fluir hacia nuestra región.


El oro: el activo que muchos olvidaron hasta que hizo falta


Si hay un activo que definió 2025, fue el oro.

El metal precioso comenzó el año alrededor de $2,600 por onza. Para octubre, había alcanzado un máximo histórico de $4,379 —una ganancia del 63% en menos de diez meses. Fue su mejor año desde 1979.

¿Qué provocó este rally extraordinario?

Una combinación de factores que, vistos en retrospectiva, formaban una tormenta perfecta. La incertidumbre generada por los aranceles de Trump empujó a inversores hacia activos refugio. La debilidad del dólar hizo que el oro (que se cotiza en dólares) fuera más atractivo para compradores con otras monedas. Los bancos centrales del mundo, especialmente China, acumularon aproximadamente 900 toneladas de oro durante el año, triplicando el ritmo de compras previo.

Y había algo más profundo: una creciente preocupación sobre la sostenibilidad de la deuda estadounidense y el futuro del dólar como moneda de reserva global.

Para un latinoamericano, el oro siempre ha tenido un significado especial. Generaciones que vivieron hiperinflaciones, devaluaciones y crisis bancarias aprendieron a ver en el metal una forma de preservar valor cuando todo lo demás fallaba.

2025 validó esa intuición con números contundentes.

Pero también dejó una advertencia. Cuando escribo esto en diciembre, el oro cotiza alrededor de $4,000, todavía muy por encima de donde comenzó el año, pero por debajo de sus máximos. Los activos que suben 60% en un año rara vez mantienen ese ritmo. El oro funciona como seguro, no como apuesta especulativa.


Esto no es un activo para el dinero que necesitas el próximo año. Posiblemente tampoco para el que necesitarás dentro de 20-30 años.


Bitcoin: entre la institucionalización y la decepción


El activo digital más conocido del mundo tuvo un año... complicado de interpretar.

Bitcoin comenzó 2025 en $94,443 y alcanzó un máximo histórico de $126,198 en octubre. Pero cerró el año rondando los $88,000-90,000, básicamente donde había empezado.

Para quienes esperaban que el ciclo posterior al halving de abril de 2024 impulsara precios hacia los $150,000 o $200,000 que algunos analistas proyectaban, 2025 fue decepcionante.

Sin embargo, la historia completa es más matizada.

La infraestructura institucional alrededor de Bitcoin maduró de formas que habrían parecido ciencia ficción hace apenas cinco años. Los ETFs de Bitcoin spot en Estados Unidos acumularon aproximadamente $115 mil millones en activos. BlackRock, a través de su fondo IBIT, controla cerca del 60% de ese mercado con más de $66 mil millones bajo gestión. MicroStrategy acumuló 650,000 bitcoins, representando el 3.1% del suministro total.

La administración Trump firmó una orden ejecutiva creando una "Reserva Estratégica de Bitcoin" con aproximadamente 200,000 BTC confiscados. La SEC retiró múltiples acciones legales contra empresas de criptomonedas.

En América Latina, Brasil emergió como líder regional, representando el 77% de la actividad crypto del continente. Argentina finalizó regulaciones para proveedores de servicios de activos virtuales. El Salvador, curiosamente, retrocedió: en febrero, Bitcoin perdió su estatus de moneda de curso legal tras presión del FMI, aunque sigue siendo aceptado voluntariamente.

¿Qué significa esto para tus finanzas personales?

Bitcoin se está convirtiendo en un activo que las instituciones financieras tradicionales ya no pueden ignorar. Eso no significa que sea apropiado para todos ni que debas invertir en él. Significa que, si decides tener exposición a criptomonedas, ahora existen vehículos más regulados y accesibles que hace algunos años.

También significa que la volatilidad extrema (subidas del 30% seguidas de caídas del 20%) sigue siendo parte del paquete. Esto no es un activo para el dinero que necesitas el próximo año. Posiblemente tampoco para el que necesitarás dentro de 20-30 años.


Brasil: tasas récord, bolsa en máximos, contradicciones superlativas


La mayor economía de Latinoamérica ofreció en 2025 una de las paradojas más interesantes del año.

El Banco Central de Brasil elevó la tasa Selic hasta el 15% en junio, el nivel más alto desde 2006, y la mantuvo ahí el resto del año. Con una inflación que cerró noviembre en 4.46%, esto le dio a Brasil una de las tasas de interés reales más altas del mundo: casi 10% por encima de la inflación.

¿Qué significa tener tasas tan altas?

Para alguien con ahorros, significa rendimientos extraordinarios en renta fija. Un brasileño que invirtió en títulos del Tesoro (Tesouro Direto) obtuvo retornos reales que en otros países serían impensables.

Para alguien con deudas, significa costos de financiamiento brutales. El crédito personal, los préstamos para autos, las hipotecas, todo se encarece cuando la tasa base está en 15%.

A pesar de estas tasas elevadas (que normalmente frenan la economía), Brasil tuvo un año económico notable. El Ibovespa alcanzó un récord histórico de 150,454 puntos en noviembre, la primera vez que superó los 150,000. El índice acumuló una ganancia superior al 30% en el año. El real brasileño se fortaleció significativamente, pasando de R$6.30 por dólar en enero a aproximadamente R$5.40 en diciembre.

El PIB creció 2.9% interanual en el primer trimestre, aunque se desaceleró a 1.8% en el tercero. El desempleo cayó a 5.2% en noviembre (récord histórico), el nivel más bajo desde 2012. El salario medio real alcanzó un récord histórico.

¿Cómo es posible que una economía crezca con tasas de interés tan altas?

Parte de la respuesta está en el sector agropecuario, que creció 9% impulsado por exportaciones récord. Parte está en la inversión extranjera, que fluyó hacia Brasil buscando precisamente esos rendimientos elevados. Y parte está en las peculiaridades de una economía donde gran parte del consumo no depende del crédito bancario tradicional.

Para un profesional de clase media-alta en Brasil, 2025 presentó una oportunidad poco común: rendimientos reales de dos dígitos en instrumentos de bajo riesgo. La pregunta para 2026 es cuánto tiempo puede sostenerse este equilibrio.


México: el superpeso regresa desafiando todas las amenazas


Si alguien te hubiera dicho en enero de 2025 que el peso mexicano terminaría el año apreciándose 15% frente al dólar, probablemente habrías pedido pruebas. Después de todo, México estaba en la mira directa de los aranceles de Trump, con amenazas que llegaban al 25-30% sobre todas sus exportaciones.

Y sin embargo, eso es exactamente lo que ocurrió.

El peso tocó su punto más débil en abril, superando los 20.80 por dólar durante el pico de pánico arancelario. Para diciembre, cotizaba cerca de los 18.00, un nivel que muchos analistas consideraban demasiado fuerte para ser sostenible.

¿Cómo logró México navegar esta tormenta?

Varios factores confluyeron. El Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) protegió aproximadamente el 87% de las exportaciones mexicanas de los aranceles más severos. La estrategia de negociación del gobierno de Claudia Sheinbaum logró posponer los aranceles más agresivos. El diferencial de tasas de interés, con Banxico en 7% frente a la Fed en 3.5%, atrajo capital especulativo.

Y luego está el nearshoring.

La inversión extranjera directa alcanzó $40,906 millones de dólares en los primeros nueve meses, un 14.5% más que el mismo período de 2024. Empresas que buscan reducir su dependencia de China están trasladando operaciones a México. Walmart anunció $6,000 millones en expansión. Ternium invirtió $3,200 millones en una planta de acero.

Pero no todo fueron buenas noticias. El PIB creció apenas 0.4% en los primeros tres trimestres, con una contracción del 0.3% trimestral en el tercero, la primera caída desde finales de 2024. El sector industrial cayó 2.7%. La incertidumbre sobre la revisión del T-MEC programada para julio de 2026 pesa sobre las decisiones de inversión.

Para un profesional mexicano, 2025 presentó una paradoja: una moneda fuerte que hace más baratas las importaciones y los viajes al extranjero, pero una economía real que apenas crece. El peso fuerte es bueno para quien consume, no necesariamente para quien produce.

Para un argentino, 2025 representó algo que no había experimentado en décadas: un año donde los ahorros en pesos no fueron pulverizados y donde las inversiones locales generaron retornos reales positivos.


Argentina: el laboratorio económico que sorprendió al mundo


Ningún país latinoamericano generó tanta atención global en 2025 como Argentina.

Un año antes, la inflación superaba el 200% anual. El cepo cambiario restringía la compra de dólares. Las reservas del banco central eran negativas. El riesgo país superaba los 2,000 puntos básicos, cerrando el acceso a mercados internacionales de deuda.

Para diciembre de 2025, el panorama era irreconocible.

La inflación mensual cayó de picos del 25% a 2.5% en noviembre. La inflación anual se desplomó a aproximadamente 30%, todavía alta para estándares normales, pero una fracción de lo que era. El gobierno de Milei logró el primer superávit fiscal en más de 14 años.

El 14 de abril, Argentina levantó el cepo cambiario para personas físicas, permitiendo la compra ilimitada de dólares. Un acuerdo con el FMI por $20 mil millones respaldó la transición. El tipo de cambio, que muchos temían se dispararía, se estabilizó dentro de las bandas establecidas.

El rebote económico fue notable. El PIB creció 5.8% interanual en el primer trimestre y 6.3% en el segundo. La pobreza, que había tocado 52.9% en el primer semestre de 2024, cayó a 31.6% en el primer semestre de 2025, el nivel más bajo desde 2018.

El riesgo país se desplomó hasta alrededor de 550 puntos básicos a finales del año, permitiendo a Argentina regresar a los mercados internacionales de deuda después de casi siete años. En diciembre emitió $1,000 millones de dólares en bonos con un cupón de 6.5%.

¿Qué lecciones ofrece Argentina?

Primero, que los ajustes macroeconómicos drásticos, aunque dolorosos en el corto plazo, pueden estabilizar economías disfuncionales más rápido de lo que muchos creen posible. Segundo, que la credibilidad fiscal, el convencimiento de que un gobierno no gastará más de lo que tiene, es el activo más valioso que puede construir un país.

Para un argentino, 2025 representó algo que no había experimentado en décadas: un año donde los ahorros en pesos no fueron pulverizados y donde las inversiones locales generaron retornos reales positivos.

Los desafíos persisten. Los vencimientos de deuda en 2026 son significativos. Las reformas estructurales pendientes enfrentan resistencia política. Pero por primera vez en mucho tiempo hay evidencia de que el rumbo puede ser diferente.


Chile y Colombia: dos caminos divergentes


Las otras dos economías grandes de la región ofrecieron contrastes instructivos.

Chile cerró 2025 con indicadores sólidos. La inflación quedó en 3.4%, cerca de la meta del banco central. El peso chileno se apreció alrededor del 10% frente al dólar. El IPSA, el principal índice bursátil, alcanzó máximos históricos.

El precio récord del cobre, que alcanzó hasta $5.80 por libra en julio (un máximo histórico), benefició las cuentas fiscales. Codelco reportó aportes al fisco de $1,240 millones de dólares en los primeros nueve meses. La cartera de inversiones mineras proyectadas para la próxima década alcanzó $104,549 millones.

Para un profesional chileno, 2025 fue un año de relativa calma financiera: inflación controlada, moneda estable, oportunidades en renta variable local.

Colombia presentó un panorama más turbulento. Aunque el peso colombiano se apreció 17% y el PIB creció 2.8% en los primeros tres trimestres, la situación fiscal generó alarmas. El déficit fiscal se estimó entre 6.2% y 7.4% del PIB. Moody's y S&P rebajaron la calificación crediticia del país.

El Banco de la República mantuvo la tasa de intervención en 9.25% desde mayo, con decisiones divididas que reflejaban el dilema entre una inflación todavía elevada (5.3%) y la necesidad de estimular una economía con inversión en mínimos de 20 años.

El gobierno vio archivadas sus reformas tributaria y laboral en el Congreso. Ecopetrol, la petrolera estatal, reportó producción récord pero utilidades 32% menores por la caída del precio del crudo.

Para un colombiano, 2025 fue un año de señales mixtas: una moneda que se fortaleció pero una economía con fundamentos que se debilitaron.


Lo que 2025 nos enseñó sobre el dinero y el largo plazo


Final del recorrido. ¿Qué nos deja este año extraordinario?

Primera lección: los eventos que no puedes controlar definirán parte de tus resultados. 

Ningún latinoamericano votó en las elecciones estadounidenses. Ninguno participó en las decisiones de la Reserva Federal. Ninguno negoció los aranceles de Trump. Y sin embargo, cada una de esas decisiones impactó directamente el valor de sus ahorros, el precio de lo que compra y las oportunidades disponibles para invertir.

Esto no es motivo de parálisis. Es motivo de preparación. Entender cómo estos eventos te afectan es el primer paso para navegar mejor los que vendrán.

Segunda lección: la diversificación no es una teoría académica.

Quienes tenían todos sus ahorros en una sola moneda, ya sea dólares o su moneda local, experimentaron volatilidades extremas en 2025. Quienes tenían exposición a múltiples activos (acciones, bonos, oro, diferentes monedas) capturaron las subidas de algunos mientras las caídas de otros se amortiguaban.

Tercera lección: el largo plazo castiga la reacción emocional.

Quien vendió en pánico el 7 de abril cristalizó pérdidas. Quien mantuvo su estrategia terminó con ganancias de dos dígitos. Esto no significa que debas ignorar las caídas del mercado. Significa que tu estrategia debe diseñarse antes de que llegue el pánico, no durante.

Cuarta lección: las tasas de interés altas son oportunidad y riesgo al mismo tiempo.

Brasil ofreció rendimientos reales del 10% en renta fija. Eso es extraordinario. Pero también significó que el costo de endeudarse fue prohibitivo para muchos. La misma tasa que beneficia al ahorrador castiga al deudor.

Quinta lección: los ciclos existen, pero su timing es impredecible.

El oro tuvo su mejor año en más de cuatro décadas. Bitcoin decepcionó pese a las expectativas. El peso mexicano se fortaleció cuando todos esperaban que se debilitara. Argentina se estabilizó cuando muchos apostaban al colapso.

Predecir el timing de los mercados es una ilusión, mientras que construir una estrategia que funcione en múltiples escenarios es sensatez.

La diferencia entre quienes construyen patrimonio generacional y quienes ven sus ahorros evaporarse no está en tener información que otros no tienen.

El despertador sigue sonando


Empezamos este recorrido despertando el 3 de abril para descubrir que las inversiones habían perdido dos años de ahorros en 48 horas.

Terminamos con una verdad más matizada: ese mismo inversor, si mantuvo la calma y su estrategia, cerró el año con ganancias que habrían parecido fantasiosas antes del colapso.

El mundo financiero seguirá transformándose mientras duermes. Habrá más "Liberation Days", más crisis que nadie anticipa, más recuperaciones que sorprenden a los escépticos. Las decisiones que se tomen en Washington, Beijing y Frankfurt seguirán impactando el valor de lo que tienes en el banco.

La diferencia entre quienes construyen patrimonio generacional y quienes ven sus ahorros evaporarse no está en tener información que otros no tienen. Más bien está en entender cómo funciona el sistema, en tener una estrategia diseñada para sobrevivir la volatilidad, y en mantener la disciplina cuando todo a tu alrededor grita que debes actuar impulsivamente.

2025 fue el año que cambió las reglas del juego. 2026 seguirá cambiándolas. Y el año siguiente, otras más cambiarán.

La cuestión no es si habrá más tormentas. ¡Las habrá! El asunto es si estarás preparado para cuando lleguen.



Este artículo tiene fines exclusivamente informativos y educativos. No constituye asesoría financiera personalizada. Las decisiones de inversión deben tomarse considerando tu situación particular, horizonte temporal y tolerancia al riesgo.
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