Decrecimiento, productividad, sostenibilidad, calidad de vida (Primera parte)

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Desde hace unos meses se viene hablando de la posibilidad de que la economía se desacelere; incluso se especula con que pueda haber un estancamiento y hasta una recesión. Todo ello motivado por la crisis de las hipotecas sub prime en Estados Unidos (y en Europa y España, debería reconocerse) y el "pinchazo" de la construcción. Como consecuencia de esos temores, la bolsa está bajando en picado y las corporaciones que cotizan pierden millones en valoración bursátil. En esta tesitura cabe preguntarse: ¿cuál es la situación de las economías familiares? ¿Qué relación hay entre el crecimiento económico que se refleja en los números macroeconómicos y en la bolsa, por un lado, y la economía real, la que rige nuestra estilo y calidad de vida, por otro? Yo voy a dar una visión alternativa a la cuestión del crecimiento económico, al sentido que se le quiere dar en la concepción ortodoxa de la Economía, para enfrentarla con unos valores alternativos: la sostenibilidad de la economía y la calidad de vida.

La visión ortodoxa de la economía.

Según esa concepción ortodoxa de la Economía, hay que buscar un crecimiento continuado, sostenido, permanente y cuanto más elevado, mejor (dentro, sin embargo, de un límite: no hay que sobrecalentar la economía para evitar crisis e inflación, como durante años se ha estado temiendo que ocurra en China). Esta visión es coincidente tanto para los partidarios del sistema capitalista al uso como para los marxistas. Parece que todo lo que sea un crecimiento del PIB inferior al 3% es insuficiente.

Otro postulado de los economistas ortodoxos es que la productividad también debe incrementarse de forma continuada. Así, se elaboran estadísticas sobre el incremento de productividad interanual de las distintas economías nacionales, clasificaciones de los países según la productividad de su economía... Por cierto, clasificaciones en las que España no resulta precisamente bien parada debido a su dependencia del uso masivo de energía, suelo y materias primas, y su escaso desarrollo de las nuevas tecnologías, como ya he criticado anteriormente. Incluso ahora se informa de que el aumento de cada unidad del PIB le cuesta a la economía española cada vez más energía, lo que quiere decir que desciende la productividad y que nos aproximamos más a un modelo tercermundista.

Ese modelo no es sostenible.

Sobre estas bases, algunos científicos llevan al menos desde la década de 1970 hablando de que el modelo industrial imperante no es sostenible y está acabando con el planeta; que está dando lugar a un cambio climático que puede dar a lugar a una catástrofe de dimensiones bíblicas. Pese al dinero gastado por empresas tan reputadas como Exxon en desmentirlo, la comunidad científica ha llegado a un consenso de que efectivamente la actividad humana ha desencadenado ya un proceso de cambio del clima que es preciso atajar antes de que sea demasiado tarde (aunque el candidato a la Presidencia del Gobierno por el PP no tenga muy claro de qué va esto y se permita frivolizar en público sobre cuestión tan grave). Tanto es así, que la práctica totalidad de las empresas han cambiado la orientación de su publicidad para presentarse como las más verdes y las más sostenibles: hasta el automóvil privado se presenta como verde o una empresa como Endesa afirma respetar los más altos niveles de sostenibilidad ¡ver para creer! Dicho sea de paso, con el modelo de sostenibilidad y responsabilidad de Endesa (que le pregunten a las comunidades mapuches de la zona del Bío-Bío en Chile, p.ej.) y las ideas sobre el cambio climático de Rajoy, no me extraña que éste haya fichado al hasta hace poco presidente de esa compañía como su opción para Ministro de Economía si gana las elecciones. Por cierto, que su candidato ya ha dicho que es un despropósito subvencionar energías caras, refiriéndose a las renovables; con lo que ya sabemos por dónde irán los tiros: a seguir con el carbón y con la energía nuclear, modelo "sostenible" de Endesa.

¿Hay felicidad en el crecimiento?

Dejándonos de frivolidades de algunos políticos y empresarios y de la manipulación publicitaria del discurso ecologista, ¿a qué nos conduce la persecución del crecimiento económico como fin supremo de la economía y del aumento de la productividad como el medio más valioso para lograrlo? ¿Realmente ese crecimiento y esa productividad nos hacen más felices, nos proporcionan más bienestar, más calidad de vida, más felicidad? ¿Somos más felices porque el Banco X haya incrementado sus ingresos un 23% respecto al año pasado -aunque para ello haya incrementado las comisiones que cobra a sus clientes y bajado la calidad de su atención al cliente? ¿Vivimos mejor por que el fabricante de automóviles Z haya mejorado un 13% sus resultados, a costa de vender más 4x4, con 230 CV de potencia y un consumo de 13 litros de gasoil por 100 kms., que sus compradores sólo van a usar por ciudad y autopista? ¿Qué satisfacción real -aparte de las subidas en Bolsa de sus acciones- nos produce que Telefónica vaya viento en popa cuando todos los usuarios estamos siempre protestando de las faenas que nos hace?

Hogar hamerSi ese crecimiento constante da lugar a que los recursos naturales sean cada vez más escasos y caros (se dice que el petróleo se acabará en 40 años, el gas natural en algunos años más, el uranio en 70 años; los alimentos se encarecen porque han comenzado a utilizarse como fuentes de energía; los bosques se talan y queman por todo el planeta...), a que cada vez haya más catástrofes naturales y de mayor magnitud como consecuencia del cambio climático, lo que es causa de desertización y de más pobreza en el Tercer Mundo (y en el Primero) y de más migraciones de la gente del Sur hacia el Norte; si las desigualdades son cada vez mayores; si pese a tanto crecimiento las familias no llegan a fin de mes y no pueden pagar sus hipotecas (aunque a políticos, periodistas y empresarios sólo les importa este dato en cuanto a cómo pueda afectar a los bancos, a sus índices de morosidad, como demuestra el mismo enfoque de la noticia antes enlazada -a pesar de que viene de un medio de "izquierdas") porque los sueldos no suben al ritmo que la economía, ¿de qué nos vale ese crecimiento?

Mitos y realidades sobre el incremento de la productividad.

Si el aumento de la productividad se debe más a la introducción de nuevas fórmulas para exprimir al trabajador hasta la última gota de sudor que por la mejora de la tecnología, ¿es realmente tan importante para todos nosotros que no pare de incrementarse? Si pasamos de las estadísticas y las cuentas "macro" a la vida cotidiana, como se propone en este interesante artículo en torno a la recesión en Estados Unidos, vemos que la recesión es algo real desde hace mucho tiempo, pero en la economía familiar: mientras Estados Unidos mantenía altos índices de crecimiento del PIB y la productividad (podríamos trasladar esa afirmación a España, al menos en cuanto al PIB), los sueldos de los que viven las familias se reducen en términos de capacidad de compra.

Y el incremento de productividad resulta que tampoco es tan real: cita un informe en que se dice que la productividad aumenta por las innovaciones tecnológicas, pero a continuación pone a ¡Wal-Mart! como modelo. ¿Cómo una empresa del sector de Wal-Mart puede ser modelo en el incremento de productividad por innovaciones tecnológicas? La respuesta está en el mismo artículo: porque, en contra de lo que cabe esperar (que el aumento de la productividad se deba a la mayor formación de los empleados y a los avances tecnológicos) muchas veces esas innovaciones en realidad son métodos para hacer trabajar más a los empleados por menos dinero; y porque se falsean los datos. Efectivamente, las empresas hoy se rifan a los ingenieros para que controlen tiempos de producción (yo tengo algún amigo que se dedica a eso, y me pregunto si el rigor con que se controlan no tendrá algo que ver con los conflictos que tuvo con los empleados); y creo que todos tenemos amigos que pueden contar su experiencia en centros de "alta tecnología" (como los centros telefónicos de atención al cliente, p.ej.) en que se controla hasta las veces y el tiempo que los empleados van al servicio. Práctica que se extiende incluso a la Administración Pública: el Consejero de Sanidad asturiano les ha dicho muy gráficamente al personal que hay que ir a trabajar desayunado, cagado y con el periódico leído. Y no será porque el personal de la Sanidad esté mano sobre mano en su tiempo de trabajo; al menos en Asturias, no hay tiempo para respirar (aparte de algunos casos excepcionales de caraduras a los que habría que expedientar); salvo que el Consejero estuviese pensando en los directivos de su Consejería, que tienen pendientes cosas tan básicas como un Plan de uso racional de medicamentos en condiciones y que alcance un mínimo de continuidad.

Y sobre el PIB.

El PIB mide las actividades con un contenido económico, pero deja fuera otras a las que no se reconoce tal contenido a pesar de su gran valor social: el trabajo de las mujeres que cuidan a los hijos, a los ancianos y a los minusválidos. En el futuro, con el desarrollo de la Ley de Dependiencia, habría que contabilizar esa actividad, aunque cuando la retribución que se le concederá es mínima en relación al valor que tiene.

Pero lo más grave es que el PIB no tiene en cuenta la sostenibilidad de las actividades económicas, computa por igual una actividad sostenible que una contaminante. Una actividad industrial que dará lugar al agotamiento a medio plazo de un recurso natural, ¿genera riqueza para el conjunto de la población? ¿Qué riqueza les quedará a quienes sigan vivos cuando se haya acabado ese recurso? Una actividad contaminante, que induce enfermedades a los trabajadores que emplea y a los vecinos y que impide la explotación de las fincas próximas, ¿crea riqueza? Por si fuera poco, los trabajos para paliar o eliminar la contaminación producida y la atención médica de las víctimas de la contaminación vuelven a computar en el cálculo del PIB.
Equo Va
  1. #2
    25/10/11 17:54

    Muy interesante el post. Tal vez os gustaría leer el Libro "The enigma of Capital" de David Harvey, en el cual explica muy bien el tema de la insostenibilidad del modelo económico actual en donde debe existir un crecimiento constante para que no existan recesiones, pero esto sólo conduce a la depredación del planeta y a la polarización de clases.

    De hecho ahora que recuerdo también el economista Schumacher en su libro "Lo pequeño es hermoso", ya advertía de esta situación, y eso fue en 1973.

    EL siguiente artículo también puede interesar:

    The economy we have today will let you chow down on a supersize McBurger, check derivative prices on your latest smartphone, and drive your giant SUV down the block to buy a McMansion on hypercredit. It's a vision of the good life that I call (a tiny gnat standing on the shoulders of the great Amartya Sen) hedonic opulence. And it's a conception built in and for the industrial age: about having more. Now consider a different vision: maybe crafting a fine meal, to be accompanied by local, award-winning microbrewed beer your friends have brought over, and then walking back to the studio where you're designing a building whose goal is nothing less than rivaling the Sagrada Familia. That's an alternate vision, one I call eudaimonic prosperity, and it's about living meaningfully well. Its purpose is not merely passive, slack-jawed "consuming" but living: doing, achieving, fulfilling, becoming, inspiring, transcending, creating, accomplishing — all the stuff that matters the most. See the difference? Opulence is Donald Trump. Eudaimonia is the Declaration of Independence.
    http://blogs.hbr.org/haque/2011/05/is_a_well_lived_live_worth_anything.html

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