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SpaceX: una gran empresa no siempre es una gran inversión al precio de salida

SpaceX: una gran empresa no siempre es una gran inversión al precio de salida

La posible salida a bolsa de SpaceX se está convirtiendo en uno de los grandes acontecimientos financieros del año. Y no es para menos. Hablamos de una compañía que ha cambiado la industria espacial, que domina buena parte del mercado de lanzamientos, que ha convertido Starlink en un negocio global y que ocupa una posición estratégica para gobiernos, defensa, telecomunicaciones e incluso inteligencia artificial.

Pero en inversión hay una pregunta incómoda que siempre conviene hacerse:

¿Estamos comprando una gran empresa o estamos pagando ya por diez años de éxito perfecto?

En el caso de SpaceX, el problema no es la historia. La historia es magnífica. El problema es el precio.

Según Reuters, SpaceX estaría preparando una salida a bolsa con una valoración cercana a 1,75 billones de dólares, con un precio orientativo de 135 dólares por acción y una captación de unos 75.000 millones de dólares. Con unos ingresos de 18.670 millones de dólares en 2025, eso implica salir al mercado a unas 93,7 veces ventas.

Para ponerlo en contexto: Facebook salió a bolsa en 2012 a una valoración aproximada de 104.000 millones de dólares; Alibaba, en 2014, rondó los 168.000 millones; Uber, en 2019, unos 82.000 millones; Snowflake, en 2020, unos 33.000 millones en el precio de salida; y Rivian, en 2021, unos 67.000 millones.

Es decir, SpaceX no estaría saliendo simplemente como una gran compañía tecnológica. Estaría saliendo directamente como una de las compañías más valiosas del mundo.

Y ahí empieza el debate.

La comparación que más llama la atención

Algunas de las grandes IPOs de los últimos años ya salieron caras. Snowflake fue uno de los ejemplos más claros: una empresa de software de enorme crecimiento, con una valoración muy exigente desde el primer día. Snowflake fijó su precio de salida en 120 dólares por acción en septiembre de 2020, con una oferta de 28 millones de acciones.

Pero incluso comparada con algunas de esas salidas a bolsa tan agresivas, SpaceX juega en otra liga. Porque no hablamos de pagar 10, 20 o 30 veces ventas. Hablamos de pagar cerca de 94 veces ventas por una compañía que, además, todavía combina negocios muy prometedores con proyectos extremadamente intensivos en capital.

Morningstar señala que SpaceX registró en 2025 unos ingresos de 18.670 millones de dólares, una pérdida neta de 4.930 millones y un EBITDA de 6.580 millones.

Esto es importante. No estamos ante una compañía que sale barata porque ya genera una montaña de beneficios. Estamos ante una compañía que sale con una valoración de empresa madura y dominante, pero que todavía depende de que varios proyectos de futuro salgan extraordinariamente bien.

¿Qué está pagando realmente el inversor?

Quien compre SpaceX en la IPO no está comprando solo cohetes. Tampoco está comprando únicamente Starlink.

Está comprando una suma de expectativas: que Starlink se convierta en un gigante mundial de conectividad; que Starship funcione comercialmente; que el coste de acceso al espacio siga cayendo; que los contratos públicos y de defensa aumenten; que el negocio de satélites mantenga su liderazgo; que la inteligencia artificial abra nuevas oportunidades; y que posibles proyectos como centros de datos espaciales o infraestructura orbital se conviertan algún día en negocios reales y rentables.

La propia Reuters apunta que una parte relevante de las perspectivas futuras de SpaceX está vinculada a negocios todavía por construir, incluyendo tecnologías relacionadas con IA y centros de datos solares en el espacio.

Dicho de otra forma: el precio no descuenta solo lo que SpaceX es hoy. Descuenta una buena parte de lo que el mercado espera que sea dentro de diez o quince años.

Y eso reduce mucho el margen de seguridad.

El peligro de pagar por el escenario perfecto

En bolsa, una empresa puede ser extraordinaria y aun así ser una mala inversión si se compra demasiado cara.

Esto no es una contradicción. Es una de las reglas más antiguas del mercado.

Cuando una compañía sale a 5, 8 o 10 veces ventas, el mercado está pagando crecimiento, pero todavía puede haber cierto margen para errores. Cuando sale a 90 veces ventas, el mercado está diciendo algo muy distinto: “todo tiene que salir muy bien”.

Y en SpaceX hay muchas cosas que pueden salir bien, pero también muchas que pueden complicarse: retrasos técnicos, accidentes, presión regulatoria, cambios políticos, dependencia de contratos gubernamentales, competencia en satélites, costes de capital, necesidad de inversión permanente o menor crecimiento del esperado en Starlink.

A estos precios, no basta con que SpaceX sea buena. Tiene que ser excepcional durante muchos años.

La posible trampa de la IPO

Además, la operación tiene otro elemento relevante: el porcentaje de acciones que saldría inicialmente al mercado sería reducido, inferior al 5% del capital, según Reuters. Eso puede crear una fuerte demanda inicial y favorecer subidas en los primeros días de cotización, especialmente si entran inversores institucionales, fondos indexados o compradores que quieren exposición a cualquier precio.

Pero una subida inicial no siempre valida una valoración. A veces simplemente refleja escasez de papel, entusiasmo y miedo a quedarse fuera.

La historia de las IPOs está llena de compañías que subieron con fuerza al principio y después necesitaron años para justificar su precio. Algunas lo consiguieron. Otras no.

Conclusión

SpaceX es probablemente una de las empresas más fascinantes del mundo. Tiene tecnología, visión, escala, contratos estratégicos y una posición competitiva muy difícil de replicar.

Pero eso no significa que cualquier precio sea razonable.

A una valoración cercana a 1,75 billones de dólares y a casi 94 veces ventas, la salida a bolsa parece exigir demasiada perfección. El inversor estaría pagando hoy por muchos éxitos futuros que todavía tienen que materializarse.

La conclusión sería sencilla:

SpaceX puede ser una gran empresa, pero su IPO parece una inversión con muy poco margen de seguridad.

Para un inversor agresivo, podría tener sentido como posición muy pequeña y especulativa. Para una cartera seria y diversificada, probablemente sea más prudente esperar, verla cotizar, analizar sus primeros resultados como compañía pública y entrar solo si el precio ofrece una mejor relación entre crecimiento, riesgo y valoración.

Porque en bolsa no basta con acertar la empresa.

También hay que acertar el precio.

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