"Gürtel", un caso absolutamente ejemplar

Enunciaré de entrada la conclusión de estas líneas: Gürtel es un caso absolutamente ejemplar por su falta de ejemplaridad. No hay ningún otro episodio que como éste ponga al descubierto las carencias morales de la sociedad española.

Gürtel es un micromundo donde la única ley que rige es la del pelotazo, la del enriquecimiento fácil que justifica el cohecho, la corrupción, el tráfico de influencias y la venalidad. Todo vale para conseguir un contrato.

Sería muy difícil de entender lo sucedido si no fuera por esa crisis moral, ese nihilismo (entendido como ausencia de valores) que impregna todos los estamentos de nuestra sociedad.

En uno de los libros más importantes que han aparecido en los últimos años en el panorama intelectual de nuestro país, el filósofo y jurista Javier Gomá sostiene que el progreso por las libertades y el bienestar material desde la Ilustración no ha traído como consecuencia todavía la emancipación moral del individuo.

Gomá subraya en Ejemplaridad pública que el yo moderno se ha despojado de la opresión de la conciencia y de las limitaciones que condicionaban su autonomía, pero no ha conseguido un código de valores (una especie de moral laica) que establezca fronteras entre lo bueno y lo malo.

Francisco Camps y sus trajesEn unas brillantes páginas sobre la muerte de Dios, Gomá sugiere que el vacío dejado por la religión ha sido sustituido por la vulgaridad que él contrapone a una ejemplaridad pública que todavía no existe.

Estoy de acuerdo con el análisis: la quiebra de valores que sufre la sociedad española, que ha pasado en menos de 40 años de un catolicismo nacional a una permisividad sin normas, permite entender las conductas que afloran en el Caso Gürtel y las reacciones de los dirigentes del PP.

Vivimos en un entorno de absoluta falta de ejemplaridad, en el que la vulgaridad se confunde con la ética y la política se ha transmutado en puro espectáculo. Ahí queda la jactancia de Francisco Camps de que, a pesar del monumental escándalo, él volvería a ganar las elecciones. Desgraciadamente es cierto.

Camps cree no ya que el poder le concede una absoluta impunidad sino lo que es peor: que el poder le legitima para cometer o amparar cualquier fechoría porque el fin justifica los medios. Por ello, el President de la Generalitat Valenciana, que dice que gobierna para las generaciones futuras, puede permitirse el lujo de ser desleal con las presentes.

Camps es la perfecta ejemplificación de esa falta de ejemplaridad de la que habla Javier Gomá, que consiste en cerrar los ojos ante la corrupción y negarse a asumir cualquier tipo de responsabilidad moral porque lo único que cuenta es el ejercicio del poder.

Pero el mal en el que se enraízan todos estos abusos es ese nihilismo que ha invadido las conciencias y que paraliza a una ciudadanía fascinada por el espectáculo, entendido como puro simulacro. La representación ha triunfado sobre la ejemplaridad.

Pedro G. Cuartango para El Mundo.

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