De todos los esfuerzos realizados para remodelar la economía en las próximas décadas, uno destaca por encima del resto, excepto por el cambio climático: el envejecimiento de la población.

Gracias a una combinación de asistencia sanitaria mejorada, avances tecnológicos y condiciones laborales más seguras, los que nacen hoy pueden esperar vivir 14 años más que los que vinieron al mundo hace medio siglo. El fenómeno tampoco se limita a las economías avanzadas. 

Resulta que uno de los incrementos más notables en longevidad desde 1960 ha tenido lugar en China, donde la gente ahora vive casi 33 años más antes. Otras grandes naciones en desarrollo como Turquía, India y Brasil no se quedan atrás. Si las tendencias actuales persisten, la ONU estima que de aquí a 2050 aproximadamente el 22% de la humanidad (o en torno a los 2000 millones de personas) estará por encima de los 60 años.

Una población que vive más años plantea numerosos problemas para la sociedad. En particular aumentan los gastos en asistencia sanitaria. Los gobiernos europeos, por ejemplo, gastan entre un 70 y un 100% más en salud para la población con una edad superior a 80 años que en los años 60.

También debemos contar con el impacto de una mano de obra cada vez más reducida. Con una estimación de que la población en edad laboral (entre 16 y 64 años) empiece a descender en 2030, los riesgos de productividad económica entrarán en un profundo estancamiento, opinan organizaciones como el Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, el mundo no está destinado a ser un lugar menos próspero. Existen varias formas en las que puede adaptarse para evitar ese destino. No obstante, para que eso ocurra, es necesario prescindir de prejuicios sobre la vejez. Describir el incremento de la esperanza de vida como una «bomba de relojería demográfica» o un «tsunami de plata», por ejemplo, desde luego no ayuda. Priva a la sociedad de los beneficios y las oportunidades de negocio asociados a la longevidad.

Los  «mayores jóvenes» 

Nada aporta más contundencia a esta afirmación que un reciente estudio realizado por la consultora McKinsey. Para la satisfacción de muchos que tienen algo más de 60 años en todo el mundo, el informe descarta la idea que aquellos en edad de jubilación han dejado atrás sus mejores años y apunta a la emergencia de un enérgico nuevo sector demográfico, lo que podría describirse como los «mayores jóvenes».

Esta es la población base creciente de ciudadanos mayores que desean y son capaces de trabajar más allá de los 60 años y se caracterizan por una notable predisposición a gastar dinero en bienes y servicios que hacen su vida diaria más fácil y más gratificante.

Si los gobiernos y las empresas logran encontrar formas de satisfacer las demandas de este grupo, esto podría impulsar el rendimiento económico mundial en 12 000 billones de dólares estadounidenses, equivalente a un 8%, en 2040, comenta McKinsey.

Esto parece un poco optimista. Sobre todo porque requiere una reforma en materia de prestación de asistencia social y legislación laboral. Los gobiernos están avanzando lentamente hacia ese frente. Pero hay indicios de que las empresas están empezando a cambiar su planteamiento.

En el sector médico, por ejemplo, los proveedores de servicios sanitarios, las compañías farmacéuticas y las empresas de biotecnología están planteando el envejecimiento de forma muy diferente. Cada vez más lo tratan como un problema de salud, una enfermedad como cualquier otra cuyos síntomas pueden ser mitigados. Se trata de un abandono radical del pensamiento previo y ha dado lugar a multitud de nuevos tratamientos farmacológicos para problemas relacionados con la edad, así como a una tecnología que puede detectar, monitorizar y gestionar enfermedades que tienden a afectar a personas más mayores, como la diabetes o la demencia.

El sector de la «edad como un problema de salud» podría recibir un impulso adicional gracias a ciertos cambios en la regulación. Autoridades sanitarias como la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos actualmente no reconocen el envejecimiento como una enfermedad. Pero después de que la Organización Mundial de la Salud haya dado los primeros pasos hacia la clasificación del envejecimiento como una enfermedad, existe la creciente posibilidad de que las compañías médicas cuenten con un mayor margen para desarrollar terapias dirigidas específicamente hacia el envejecimiento y las enfermedades relacionadas con este, aseguran investigadores de Barclays.

En su libro Juvenescence, el inversor multimillonario Jim Mellon explica que técnicas como los trasplantes de animales a humanos, la completa regeneración tisular y la inteligencia artificial avanzarán hasta un punto en el que sean capaces de prolongar la esperanza de vida media en el mundo desarrollado en un 40%.


Yo, robot

La robótica y las industrias de automatización también se han convertido en pilares fundamentales de la «economía sénior». Una sociedad que envejece impulsa el mercado de la robótica de dos formas. Para comenzar, crea demanda de robots especializados que ayudan a las personas a realizar tareas que les resultan demasiado exigentes físicamente como para realizarlas por sí mismos. Los robots que ayudan, por ejemplo, con tareas domésticas y atención médica, son muy populares en Japón desde hace años, pero ahora también se están ganando la simpatía de otros países ricos.

Un segundo motivo por el que un mundo que envejece necesita más robots es para subsanar deficiencias en la mano de obra. Una caída del número de personas en edad laboral amenaza la capacidad de crecimiento de la economía. La robótica y la automatización pueden mitigar tales efectos, proporcionando máquinas que no solo sustituyen a las personas que han abandonado la población activa, sino que también asisten a los empleados más mayores que realizan trabajos exigentes a nivel físico. Un número cada vez mayor de evidencias indica que los robos son más predominantes en aquellos países en los que la población está envejeciendo y el crecimiento de la población está descendiendo.

Casas inteligentes 

El sector inmobiliario es otra de las industrias que se está adaptando rápidamente al cambio demográfico. Reconfigurar las viviendas existentes para satisfacer las necesidades de residentes más mayores es un fenómeno cada vez más popular en el mundo desarrollado y en grandes economías emergentes como China.

Al mismo tiempo, los alojamientos especializados para la tercera edad, equipados con tecnología que hace más sencilla la vida diaria para los mayores de 65, se están convirtiendo en un aspecto más importante de pueblos y ciudades, particularmente en las ciudades europeas. Según la consultora P&S Intelligence, el mercado de la asistencia sanitaria en hogares inteligentes está preparado para el explosivo crecimiento a nivel mundial en la próxima década, desde 9000 millones hasta 100 000 millones de dólares estadounidenses al final de la década.

«Las personas mayores están exigiendo una serie de tecnologías inteligentes que puedan ayudarles a vivir de forma independiente y con dignidad en sus hogares», afirma un informe de P&S en 2020. «La creciente demanda de equipos de monitorización de pacientes conectados al Internet de las Cosas y el equipamiento de detección y prevención de caídas está contribuyendo al avance del mercado de la asistencia sanitaria en hogares inteligentes de todo el mundo». Así, conforme el mundo se adapte al cambio demográfico, su economía se transformará. El reajuste será doloroso para ciertas industrias, pero es un hecho que ni los gobiernos ni las empresas pueden permitirse ignorar.


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