Una crítica a algún notario:
Durante el boom inmobiliario, los notarios vieron crecer sus honorarios como la espuma, dado que sus emolumentos guardan una fuerte proporción con el precio del bien inmueble objeto del negocio jurídico. Subidas del 15-20% anuales en los precios inmobiliarios, equivalieron a parecidos (no digo idénticos) incrementos anuales de sus honorarios por operaciones inmobiliarias. Entonces, no hubo ninguna queja ni comentario por parte de este colectivo.
La crisis implicó descensos de precios inmobiliarios, normas estimuladoras de la competencia y menor volumen de operaciones, ocasionando que sus honorarios decrecieran.
En este país, patria de la picaresca, he visto como algún notario se resiste infantilmente a que sus ingresos bajen. Alargan innecesariamente el número de folios de las escrituras, protocolizando documentos muchas veces superfluos (certificaciones descriptivas y gráficas del catastro, planos adicionales, tasaciones, recibos de ibis, recibos de gastos de comunidad, notas simples, etc…), hacen más copias de las requeridas (por si acaso), o incluyen documentos o certificados no solicitados por el interesado, por los cuales cobran sus correspondientes comisiones. Lo venden diciendo que así se gana en seguridad jurídica, cuando resulta bastante discutible, especialmente cuando hay confianza entre las partes.
Estoy de acuerdo en que los notarios deben ganarse muy bien la vida, para no ser presa fácil de sobornos u otras irregularidades. Pero que haya algunos notarios (quiero creer que muy pocos), que se presten a este patético y mezquino juego, me parece absolutamente inmoral e indignante. Sobre todo en la figura de alguien que debe erigirse como el icono de de la fe pública y de la confianza de la sociedad.
Saludos.