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¿No les parece que tienen miedo?

25 respuestas
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#17

Re: Un insulto lo de especulador?

Marrón a otro?
no hombre no, a plazo fijo no trasladas el marrón a nadie. Prestas el dinero a otros para que ellos hagan con él lo que quieran a cambio de una comisión fija. Y por cierto lo prestas por debajo de lo que los bancos te lo prestan a tí.
El término especulador y la especulación, repito, con determinadas cosas me parece repugnante. Especular con vivienda me lo parece, porque estás jugando con dinero de gente que quiere una bien básico para vivir. Lo mismo digo del petróleo actualmente, o de los tomates... El contexto es muy importante. Para mí un industrial que fabrica zapatillas en principio no es repugnante, pero si usa niños para fabricarlas, sí lo es, o si explota a otros.

#18

Re: Si graznan como patos...

Almunia de comisario y borrell de cabeza a las europeas, y qué, se quieren mucho entre ellos? Tú lo crees?
Por cierto, sí veo los muñecos del guiñol y son muy buenos, la verdad. Pero no olvides una cosa, polanco está detrás y los dardos van siempre a los que no le gustan.
saludos

#19

Re: Se me habia olvidado Borrel, gracias...

Que un personaje como Borrel tenga la desfachatez de volver a la escena publica habla poco y mal de este pais.....

Tanta memoria historica y tan poc recuerdo de antes de ayer....

#20

Re: Propio del esperpento

, del maravillos e hispanico genero literaio de Valle Inclan, es que este señor vuelva a la arena politica...

1999 Terror fiscal y corrupción, dimisión de Josep Borrell
Enviado el Martes, 25 mayo a las 21:18:08 por Calderero

Lourdes escribió "En vísperas de las elecciones municipales, autonómicas y europeas de junio de 1999, el candidato a la Presidencia del Gobierno por el Partido Socialista, Josep Borrell, dimitió como consecuencia de las informaciones publicadas sobre la corrupción al más alto nivel en la Agencia Tributaria. Los principales implicados, Huguet y Aguiar, no sólo eran las personas de su máxima confianza cuando fue Secretario de Estado de Hacienda y desgajó del Ministerio la Agencia citada, sino que conocía sus inversiones inmobiliarias y financieras. Acosado desde el diario El Pais y por el propio aparato del partido, que nunca aceptó su victoria en las elecciones internas contra el Secretario General Joaquín Almunia, Borrell no hizo al dimitir un favor obligado al PSOE, como podría pensarse, sino que, según los observadores, lo dejó simplemente en la estacada.

En cualquier país europeo habría sido una catástrofe para el partido socialdemócrata, que suele basar su discurso político en la necesidad de pagar altos impuestos como mecanismo igualitario de redistribución de la renta, encontrarse con un candidato a la Presidencia cuyos amigos se dedicaban a cobrar gruesas sumas por inspecciones fiscales que cancelaban o diluían, cuando no inspeccionaban severamente a empresas competidoras de las que pagaban la mordida fiscal. Para mayor ejemplaridad pública, los cientos de millones así obtenidos por los amigos de candidato Borrell eran ingresados en Suiza, por supuesto sin comunicar al Fisco por ellos representado noticia de su existencia. Los inculpados Huguet y Aguiar sólo admitieron el fraude fiscal cometido, que legalmente ya había prescrito. Pero se supo que otros altos cargos de la Agencia también se dedicaban al atraco empresarial y a otras irregularidades en las inspecciones. Y que ellos mismos habían organizado un club de inversiones en Bolsa que aprovecharía la información privilegiada que podían obtener para lavar el dinero negro que cosechaban. Sí, en cualquier país de Europa Occidental hubiera sido catastrófico para cualquier partido socialista encontrarse con un candidato en semejante lío.

En España, no. Después de descubrirse infinitos casos de corrupción institucional durante la larguísima etapa de Gobierno socialista, del Banco de España a la Guardia Civil, de la Cruz Roja al Boletín Oficial del Estado, del Ministerio del Interior a la propia financiación del partido, el PSOE conserva a su líder Felipe González y al mismo grupo dirigente al frente de la organización, mantiene todo el apoyo mediático que tenía cuando estaba en el Gobierno y pese a la dimisión de Borrell ha consolidado y ampliado en las elecciones municipales, autonómicas y europeas, su anchísima base electoral.

¿Habrá que concluir que a los españoles les gusta pagar altísimos impuestos, se divierten cuando les roban y disfrutan votando a unos sujetos que después de predicar la necesidad absoluta de la voracidad fiscal se dedican a llevarse a Suiza en forma de comisión los millones que no cobran a las empresas en nombre de la Hacienda española? Un marciano diría que sí. En esta última citada campaña electoral, que ha coincidido con la campaña de la declaración de la renta, ni un solo partido político ha incluido la Agencia Tributaria en sus críticas. Como fueron los socialistas, en realidad el propio Borrell, quienes la crearon, su discreción es comprensible. Más difícil es entender el escrupuloso silencio del Partido Popular. Mientras en los periódicos se publicaba que dentro de la Agencia Tributaria "todo el mundo sabía" lo de Huguet y Aguiar y que sus sucesores y cómplices habían archivado varias denuncias de los propios subinspectores, el Gobierno decía que se trataba de "un caso de dos per

#21

Re: Propio del esperpento

El nacimiento de un monstruo

Adelantamos nuestra tesis: el terror fiscal en España es tan profundo y generalizado que nadie se atreve a criticar al Fisco: el ciudadano sólo aspira a eludirlo o, si llega el caso, a corromperlo. Pero a su vez, es tan grande la corrupción en el Fisco que sólo puede mantenerse mediante el terror. Como las empresas de comunicación, los partidos políticos, los propios políticos y los periodistas participan en ese pánico, lo han interiorizado hasta el punto de dimitir de su función de vigilar y denunciar a cualquier poder incontrolado y despótico que atropelle los derechos constitucionales. O que utilice el sistema fiscal, por lo demás injusto y confiscatorio, para eventual beneficio de sus inspectores, convertidos en nuevos inquisidores.

Si la tesis parece exagerada, vamos a los argumentos. O mejor: a los hechos. En la década de los 80, en pleno apogeo del poder socialista, Josep Borrell, Secretario de Estado de Hacienda, crea la Agencia Tributaria como un órgano recaudatorio autónomo, es decir ajeno al organigrama del Ministerio. Conviene recordar que la llegada de Borrell al cargo se produce por la dimisión de su antecesor, José Víctor Sevilla, que se negaba a autorizar la creación de unos Pagarés del Tesoro que permitían conservar cualquier suma de dinero negro bajo absoluta opacidad fiscal. El propio Estado amparaba el delito que debía perseguir.

La persecución del fraude fiscal como manifestación típica del execrable sistema capitalista era aspiración y designio de un grupo de jóvenes doctrinarios socialistas convencidos de que el Fisco es la herramienta precisa para la nivelación social, la justicia redistributiva y, en ausencia de Palacio de Invierno, la aproximación posible al socialismo en las sociedades occidentales. El choque de la constatación de grandes bolsas de dinero negro que eluden la presión fiscal y pueden descapitalizar de hecho la actividad económica de un país (peligro verosímil durante esos años ochenta bajo el Gobierno del PSOE) con la subida de impuestos para redistribuir la renta a través del Gobierno, contradicción en la que ha navegado la izquierda durante las últimas décadas, se saldó con una fórmula que permitía la evasión a muchos ahorradores y también a fortunas y a negocios turbios -mediante Pagarés, afros, etc., que pagaban retenciones finalistas, no incluidas en la base imponible-. En contrapartida, se aumentaba ferozmente la presión fiscal sobre las clases medias, las profesiones liberales, los funcionarios y los trabajadores sujetos a nómina y retención, otra forma de atraco fiscal.

Para que este cambio fuera advertido por todos pero no denunciado por nadie se creó la Agencia un poco al margen del Ministerio, con la excusa de que los funcionarios cualificados no emigraran a la empresa privada como asesores fiscales, haciendo que el Estado cobrara lo mínimo y no lo máximo. Los inspectores mantendrían así la seguridad funcionarial pero sus retribuciones serían mucho más altas al depender de un organismo autónomo. Pero esta situación privilegiada requería, en la práctica, de un poder indiscutido que blindase al grupo de inspectores, lo consolidase como guardia de corps del titular de Hacienda y extendiese su temible prestigio al Gobierno. El mecanismo fue una feroz campaña de terror fiscal, dirigida por Borrell, Huguet, Aguiar y otros radicales de la Agencia con el respaldo abrumador de los medios oficiales de comunicación y de los medios privados asociados al felipismo.

El símbolo del terror fiscal fue Lola Flores. Como representante de la España eterna, es decir, de la España anterior al PSOE, no sólo fue condenada con una multa de sesenta millones debida a su contumaz incomparecencia tributaria, sino que se convirtió en la prueba fehaciente de que todos, del más alto al más bajo, del más rico al más pobre, del más humilde al más célebre, están bajo el ojo implacable del Fisco Progresista. El hecho de pagar impuestos pasó de molesta obligación ciudada

#22

Re: Propio del esperpento

Mientras tanto, las bolsas de fraude fiscal se mantenían, la opacidad fiscal para el dinero negro encontraba todo tipo de abrigos oficiales o particulares, la creciente distancia entre los impuestos por persona y por sociedades obligaba a la traslación societaria de muchas actividades particulares, la presión fiscal crecía imparablemente y con ella, como es de rigor, el paro, que a su vez sólo encontraba alivio en la economía sumergida cuya base era la evasión fiscal. Pero ese circular desastre económico tenía su contrapartida política. En la Agencia Tributaria, el PSOE había encontrado a su policía política, a la Brigada Político-Social del nuevo régimen. Al terror generalizado a la inspección de Hacienda se añadió un discurso político que convertía en enemigos del pueblo no ya a los que no hubiesen pagado impuestos sino a quienes mantuviesen discrepancias con Hacienda sobre sus obligaciones fiscales y, sobre todo, a quienes pusieran en duda la legalidad y la legitimidad de la Agencia Tributaria para inspeccionar durante el tiempo que quisiera, y con el resultado que le pluguiese, a quien le diera la gana.

Para ser eficaz, para alcanzar su meta antes de ponerse a prueba, el terror político debe ser tan aplastante como arbitrario. El terror fiscal en España dio a la discrecionalidad de los inspectores un margen amplio para cometer posibles arbitrariedades. Sólo al comprobar lo que variaba de un inspector a otro el resultado de una inspección se percató el contribuyente de su debilidad y renunció a la lucha por sus derechos. Pocos defendieron ya su inocencia puesto que el contribuyente era ante el inspector, mucho más que en tiempos de la Inquisición o como la policía política de cualquier dictadura, un culpable que debía demostrar su inocencia, tanto en la intención como en los resultados. Que la declaración de Hacienda fuera larguísima, interminable y rigurosamente ininteligible, que dos inspectores, no digamos ya un asesor y un inspector, pudiesen diferir radicalmente en la interpretación de muchos conceptos no acrecentó la indignación ciudadana ante el sistema fiscal sino que acrecentó el temor llevándolo al paroxismo. No solo los particulares, también las sociedades y empresas contrajeron un razonable pavor a Hacienda, que podía acabar con su actividad e incluso con el procesamiento de sus propietarios. La Justicia no suele llegar a tiempo pero, además, ¿qué juez no teme a Hacienda? En los últimos años del poder felipista, Hacienda era para muchos un simple brazo represor del Gobierno. Lo que entonces sólo podía suponerse y ahora empieza a comprobarse es hasta qué punto la arbitrariedad y la politización iban del brazo con una pavorosa corrupción.

Es la propia Agencia Tributaria la que ha suministrado los datos del escándalo al hilo del caso de Huguet y Aguiar, ampliado a otros altos cargos de la inspección en Barcelona y Madrid. Por ella nos hemos enterado de que en Hacienda "todo el mundo lo sabía". Pero ¿qué? Además de la complicidad que suponía el conocimiento de estos delitos desde hace años, ¿qué más sabían todos?

Por Federico Jiménez Losantos en "La ilustraciónliberal""

http://www.elzapatazo.com/modules.php?name=News&file=article&sid=353

#23

Panfleto propio de jimenez losantos

Lo dicho, muy propio de él, que sólo ve la paja en el ojo progresista. Por cierto, éste era parte de la conspiración de ansón.
salu2

#24

Re: Desde Kant no habia visto una cosa asi

Me ha sorprendido gratamente tu profundo analisis del articulo, perdon panfleto (del mismo genero que El Paisfleto¿?). Me han gustado mucho tus brillantes aportaciones y la facilidad con que has llegado a una conclusion brillante y certera: es un panfleto...

Lastima que para el c.v. penal de estos dos no lo haya sido. Lastima que Borrellpierre le costase el cargo. Pero claro es solo un panfleto.....

PD: entiendo que tu ranking colocas por arriba a anson frente a losantos...si es que siempre he dicho que el tardofranquismo y el socialismo de nuevo cuño son como pili y mili.