Vamos a pagar caro el impuesto a la banca
Los impuestos a las empresas no lo pagan éstas, los pagan sus clientes naturales. Los impuestos son un coste, y todo coste es repercutido al cliente. Si al Gobierno se le ocurre la genial idea de subir un impuesto a un sector atomizado (multitud de oferentes) habrá empresas que tal vez no lo acaben traspasando al cliente de golpe, ya que si lo hacen, y otra empresa de la competencia no lo transfiere, perderá clientes. Pero cuando el sector es un monopolio, las cosas no van así. Transferir costes a los clientes es más sencillo. Y la banca, como sector, es un monopolio de iure fortalecido por los gobiernos.
Montoro ha visto aquí una solución fantástica para aumentar el latrocinio gubernamental. Un impuesto a la banca es popular entre los estúpidos y analfabetos económicos (como la Tasa Tobin). Muchos creen que gravar a las grandes empresas es como una especie de justicia social sin darse cuenta que éstas, en realidad, no pagan nada. Lo hace su cliente. La banca tiene casi 1,5 billones de euros en depósitos de sus clientes. Si Montoro ve cuajar su idea entre la masa, puede hacer subir su “reducido” impuesto al 1%, al 2%… al 7%, al 8%… O a lo que le dé la gana. Cada punto porcentual equivale a unos 11.500 millones de euros de ingreso para el Estado. Sí que es cierto que ese dinero saldrá de la banca, pero no de sus beneficios ni margenes, sino de sus clientes, del ahorrador o de cualquiera que tenga una cuenta.